A principios de 2020, se habló mucho de la procedencia del virus, que más tarde se denominó SARS-CoV-2.

En un excelente, y detallado artículo escrito a principios de este mes para el “Bulletin of the Atomic Scientists”, el antiguo escritor científico del “New York Times”, Nicholas Wade, describió cómo dos breves artículos publicados en marzo de 2020 -uno en “The Lancet” y otro en “Nature Medicine”– determinaron cómo se canalizaría toda esta cháchara hacia el público.

Estos dos artículos extraordinariamente influyentes, cada uno de ellos publicado bajo el título “correspondencia”, se mencionaron repetidamente en los principales medios de comunicación durante un año. Ambos tenían la clara intención de cerrar cualquier debate sobre la posibilidad de que el virus se hubiera originado en un laboratorio.

Escuche aquí como Robert F. Kennedy, Jr. y yo analizamos estos temas:

Cuando leí los artículos de “The Lancet” y “Nature” en marzo de 2020, me di cuenta inmediatamente de que cada uno de ellos estaba diseñado como una herramienta de propaganda. Ninguno de los dos se basaba en investigación científica.

Me intrigaron tanto estos artículos que busqué en la red para entenderlos mejor. Fue entonces cuando descubrí a Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud (“National Institutes of Health”, NIH por sus siglas en inglés), que había escrito en su blog el 26 de marzo de 2020 sobre el artículo de “Nature”, sugiriendo que el artículo debería poner fin a las teorías conspirativas sobre el origen del laboratorio.

Collins escribió:

“En cualquier caso, este estudio deja poco margen para refutar un origen natural de COVID-19. Y eso es bueno porque nos ayuda a mantenernos centrados en lo que realmente importa: mantener una buena higiene, practicar el distanciamiento social y apoyar los esfuerzos de todos los profesionales sanitarios e investigadores dedicados que se están esforzando tanto para abordar este importante reto de salud pública.”

Me pregunté por qué cinco científicos, por lo demás creíbles, firmarían el artículo de “Nature” -y por qué Collins respaldaría la conclusión del artículo- cuando los argumentos esgrimidos en el artículo carecen de sentido, en mi opinión.

Al final concluí que los autores habían sido puestos a escribir el artículo por una “mano oculta”.

¿Cómo había llegado a esa conclusión, incluso antes de que se descubrieran los correos electrónicos del Dr. Anthony Fauci el miércoles?

Hace meses, en otra entrega de correos electrónicos obtenida por “U.S. Right to Know”, supimos que Peter Daszak, director general de la organización sin ánimo de lucro “EcoHealth Alliance”, era el autor principal pero oculto del artículo de “The Lancet.”

Daszak también era el principal beneficiario de la conclusión del artículo -que el virus evolucionó en la naturaleza-, ya que su organización había sido utilizada como intermediaria para enviar dinero del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (“National Institute of Allergy & Infectious Diseases”, NIAID por sus siglas en inglés), dirigido por Fauci, al Instituto de Virología de Wuhan, en Wuhan, China. (Algunos podrían considerar este método de concesión de subvenciones como una forma elegante de blanqueo de dinero).

Daszak , al igual que Fauci, ganaba más de 400.000 dólares al año. También fue miembro del equipo de investigación sobre los orígenes del COVID creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y había sido seleccionado como jefe del equipo de investigación de los orígenes del COVID que organizó “The Lancet”, proyecto que ahora parece haber encallado.

La OMS y la revista “The Lancet” parecen, por tanto, co-conspiradores, al haber elegido al zorro (Daszak) para guardar el gallinero (la teoría de que el COVID evolucionó en la naturaleza).

La publicación el miércoles de los correos electrónicos de Fauci, obtenidos por “BuzzFeed News” a través de la Ley de Libertad de Información, ayudan a aclarar aún más parte del misterio que hay detrás de por qué cinco conocidos científicos fueron coautores de una sandez, que la venerable revista “Nature” publicó, y que luego se utilizó como base para apoyar la teoría del origen natural.

Uno de los correos electrónicos indica claramente que Andersen, autor principal del artículo de “Nature”, sabía que estaba participando en una estafa. En un correo electrónico del 1 de febrero de 2020 a Fauci, Andersen expresó su propia preocupación por algunas de las “características inusuales del virus”. Parece que a Andersen le preocupa que estos rasgos sugirieran una manipulación en el laboratorio.

Pero Andersen asegura a continuación a Fauci que estos “rasgos inusuales del virus constituyen una parte realmente pequeña del genoma (<0,1%), por lo que hay que mirar muy de cerca todas las secuencias para ver que algunos de los rasgos (potencialmente) parecen diseñados”.

Correo electrónico de Fauci

En otro correo electrónico dirigido a Fauci, Andersen agradece a tres personas increíblemente importantes -Fauci, Collins y Sir Jeremy Farrar- su “asesoramiento y liderazgo” en relación con el documento. Los tres son doctores en medicina que reparten más dinero para la investigación médica que nadie en el mundo, con la excepción quizá de Bill Gates.

Correo electrónico de Fauci

Fauci dirige el NIAID, Collins es el director de los NIH (nominalmente el jefe de Fauci) y Farrar es director del “Wellcome Trust”. Farrar también firmó la carta de “The Lancet.” Y es presidente del Grupo de Asesoramiento Científico del Plan de I+D de la OMS, lo que le puso al frente del ensayo “Solidaridad” de la OMS, en el que 1.000 sujetos involuntarios recibieron una sobredosis de hidroxicloroquina para hundir el uso de ese fármaco para el COVID.

Farrar había trabajado en Vietnam, donde había mucha malaria, y también había participado en estudios sobre el SARS-1 allí. Además, fue fundamental en la puesta en marcha del ensayo “Recovery” del Reino Unido, en el que se administró una sobredosis de hidroxicloroquina a 1.600 sujetos.

Incluso si Farrar no hubiera tenido ni idea de cuál era la dosis adecuada de medicamentos de cloroquina por su experiencia en Vietnam, él, Fauci y Collins se habrían enterado de tales sobredosis después de que Brasil contara al mundo cómo sobredosificaron por error a los pacientes en un ensayo de cloroquina para el COVID. La revelación se hizo en un artículo publicado en la revista JAMA a mediados de abril de 2020. El 39% de los sujetos de Brasil a los que se les administraron altas dosis de cloroquina murieron, con una edad media de 50 años.

Sin embargo, los ensayos de hidroxicloroquina de “Solidaridad” y “Recovery” continuaron hasta junio, deteniéndose sólo después de que se expusieran sus dosis extremas.

Fauci se aseguró de controlar las directrices de tratamiento del COVID que salieron del NIAID, desaconsejando tanto los medicamentos con cloroquina como la ivermectina. El NIAID de Fauci también canceló el primer ensayo a gran escala del tratamiento con hidroxicloroquina en la fase inicial de la enfermedad, después de que sólo se inscribieran 20 de los 2.000 sujetos previstos.

¿Qué significa todo esto?

  1. Hubo una conspiración entre los cinco autores del artículo de Nature y los jefes de los NIH, el NIAID y el “Wellcome Trust” para encubrir el origen de laboratorio de COVID.
  2. Hubo una conspiración en la que participaron Daszak , Fauci y otros para impulsar la teoría del origen natural. (Ver otros correos electrónicos en las entregas recientes).
  3. Hubo una conspiración en la que participó Daszak para escribir la carta de “The Lancet” y ocultar su procedencia, para impulsar la teoría del origen natural y pintar cualquier otra idea como teoría de la conspiración. La entrada del blog de Collin es otra pieza de esta historia.
  4. Farrar estuvo íntimamente involucrado en los dos grandes ensayos de sobredosis de hidroxicloroquina, en los que murieron unos 500 sujetos en total.
  5. Farrar, Fauci y Collins retuvieron fondos de investigación que podrían haber apoyado ensayos de calidad sobre el uso de medicamentos con cloroquina e ivermectina y otros fármacos readaptados los cuales podrían haber dado un giro a la pandemia.
  6. ¿Están los cuatro individuos nombrados aquí -Fauci, Daszak, Collins y Farrar- íntimamente involucrados en la creación de la pandemia, así como en su prolongación y el uso de tratamientos inadecuados durante la misma?

Para más información, lea mis dos posts anteriores sobre este tema de marzo y abril de 2020. No quiero atribuirme indebidamente el mérito de estos descubrimientos: Dan Sirotkin se dio cuenta y escribió sobre el artículo de “Nature” antes que yo, y escribió lúcidamente sobre él. No vi sus escritos hasta mucho después.