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Durante el año pasado, sería casi imposible que los estadounidenses no se dieran cuenta de la decisión de los medios de comunicación de hacer de las vacunas la narrativa dominante del COVID, apresurándose a hacerlo incluso antes de que se produjera ninguna muerte atribuida al coronavirus.

La cobertura sesgada de los medios de comunicación, con sus tácticas de relaciones públicas, ha proporcionado un impulso especialmente fructífero a las vacunas de ARN mensajero (ARNm)–las cuales son vacunas que llevan décadas en preparación pero nunca han sido aprobadas para uso humano–y ha ayudado a acercar esta tecnología experimental a la línea de meta reglamentaria.

En circunstancias ordinarias, el organismo fabrica (“transcribe”) ARNm a partir del ADN del núcleo celular. A continuación, el ARNm sale del núcleo y se dirige al citoplasma, donde proporciona instrucciones acerca de qué proteínas deben fabricarse.

En comparación, las vacunas de ARNm envían su carga útil de ARNm sintetizado químicamente (con instrucciones para la fabricación de proteínas) directamente al citoplasma.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (‘Centers for Disease Control and Prevention’, CDC por sus siglas en inglés) y la mayoría de los científicosespecializados en vacunas de ARNm, la cosa se detiene ahí: las vacunas de ARNm “no afectan ni interactúan con nuestro ADN de ninguna manera”, dicen los CDC. El CDC afirma, en primer lugar, que el ARNm no puede entrar en el núcleo de la célula (donde reside el ADN) y, en segundo lugar, que la célula -al estilo de Misión Imposible- “se deshace del ARNm poco después de terminar de utilizar las instrucciones”.

Un ‘preprint’ (artículo todavía no revisado por pares) de diciembre sobre el SARS-CoV-2, realizada por científicos de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), arrojó resultados sobre el coronavirus salvaje que plantean interrogantes sobre el funcionamiento del ARN viral.

Los científicos llevaron a cabo el análisis porque estaban “desconcertados por el hecho de que hay un número respetable de personas que dan positivo a COVID-19 por PCR mucho tiempo después de que la infección haya desaparecido”.

Sus principales conclusiones fueron las siguientes: Los ARN del SARS-CoV-2 “pueden transcribirse de forma inversa en las células humanas”, “estas secuencias de ADN pueden integrarse en el genoma de la célula y posteriormente transcribirse” (un fenómeno denominado “retrointegración”), y existen vías celulares viables para explicar cómo ocurre esto.

Según el Dr. Doug Corrigan, bioquímico y biólogo molecular, estos importantes descubrimientos (que van en contra del “dogma biológico actual”) pertenecen a la categoría de “Cosas que estábamos absoluta e inequívocamente seguros de que no podían ocurrir y que en realidad ocurrieron”.

Los hallazgos de los investigadores de Harvard y el MIT también hacen que las suposiciones de los CDC sobre las vacunas de ARNm se tambaleen, según Corrigan. De hecho, un mes antes de que apareciera el preprint de Harvard-MIT, Corrigan ya había escrito un blog en el que esbozaba posibles mecanismos y vías por las que las vacunas de ARNm podrían producir el mismo fenómeno.

En una segunda entrada del blog, escrita después de la publicación del ‘preprint’, Corrigan subrayó que los hallazgos de Harvard-MIT sobre el ARN del coronavirus tienen importantes implicaciones para las vacunas de ARNm, un hecho que describe como “el gran elefante en la habitación”. Aunque no afirma que el ARN de las vacunas se comporte necesariamente de la misma manera que el ARN de los coronavirus -es decir, alterando permanentemente el ADN genómico-, Corrigan cree que la posibilidad existe y merece un examen minucioso.

En opinión de Corrigan, la contribución del ‘preprint’ es que “valida que esto es al menos plausible, y seguramente probable“.

Transcripción inversa

Como la frase “transcripción inversa” implica, la vía del ADN al ARNm no es siempre una vía de sentido único. Las enzimas llamadas transcriptasas inversas también pueden convertir el ARN en ADN, permitiendo que este último se integre en el ADN del núcleo celular.

Tampoco es infrecuente la transcripción inversa. Los genetistas informan de que “más del 40% de los genomas de los mamíferos comprenden los productos de la transcripción inversa”.

Las pruebas preliminares citadas por los investigadores del Harvard-MIT indican que las enzimas endógenas de la transcriptasa inversa pueden facilitar la transcripción inversa de los ARN de los coronavirus y provocar su integración en el genoma humano.

Los autores sugieren que, aunque lasconsecuencias clínicas requieren más estudio, los efectos perjudiciales son una posibilidad clara y – dependiendo de los “sitios de inserción en el genoma humano” de los fragmentos virales integrados y del estado de salud subyacente de un individuo – podrían incluir “una respuesta inmune más severa … como una ‘tormenta de citoquinas’ o reacciones autoinmunes”.

En 2012, un estudio sugirió que la integración del genoma viral podría “conducir a consecuencias drásticas para la célula huésped, incluyendo la interrupción de genes, la mutagénesis por inserción y la muerte celular.”

Corrigan hace hincapié en que las vías hipotetizadas para facilitar la retrointegración del ARN viral -o de la vacuna- en el ADN “no son desconocidas para las personas que entienden la biología molecular a un nivel más profundo.”

Aun así, el debate sobre la transcripción inversa y la integración del genoma en el ‘preprint’ suscitó una vorágine de de comentarios negativos de lectores poco dispuestos a replantearse el dogma biológico, algunos de los cuales incluso abogaron por la retractación (aunque los ‘preprints’ son, por definición, inéditos) alegando que “los teóricos de la conspiración… tomarán este artículo como “prueba” de que las vacunas de ARNm pueden, de hecho, alterar tu código genético.”

Los lectores más reflexivos coincidieron con Corrigan en que el documento plantea cuestiones importantes. Por ejemplo, un lector afirmó que faltan pruebas confirmatorias “para demostrar que la proteína de pico sólo se expresa durante un corto período de tiempo (digamos de 1 a 3 días) después de la vacunación”, y añadió: “Creemos que es así, pero no hay pruebas de ello”.

De hecho, el tiempo que el ARNm sintético de las vacunas -y por tanto las instrucciones para que las células sigan fabricando la proteína de pico- persiste dentro de las células es una cuestión abierta.

Normalmente, el ARN es una molécula “notoriamente frágil”e inestable. Según los científicos, “esta fragilidad se da en el ARNm de cualquier ser vivo, ya sea una planta, una bacteria, un virus o un ser humano”.

Pero el ARNm sintético de las vacunas COVID es una historia diferente. De hecho, el paso que finalmente permitió a los científicos y fabricantes de vacunas resolver el estancamiento de las vacunas de ARNm que había durado décadas fue cuando descubrieron cómo modificar químicamente el ARNm para aumentar su estabilidad y longevidad, es decir, producir ARN “que permanezca en la célula mucho más tiempo que el ARN viral, o incluso el ARN que nuestra célula produce normalmente para la producción normal de proteínas”.

Nadie sabe qué hace el ARNm sintético mientras está “dando vueltas”, pero Corrigan especula que su mayor longevidad aumenta la probabilidad de que “se convierta en ADN”.

Además, como el ARNm de la vacuna también está diseñado para ser más eficiente a la hora de traducirse en proteínas, “los efectos negativos podrían ser más frecuentes y más pronunciados con la vacuna en comparación con el virus natural.”

El símbolo del dólar

Corrigan reconoce que algunas personas pueden desestimar sus advertencias, diciendo: “Si el virus es capaz de lograr esto, entonces ¿por qué debería preocuparme que la vacuna haga lo mismo?”

Él tiene una respuesta preparada y convincente:

“Hay una gran diferencia entre el escenario en el que se manipula la genética de las personas al azar, y sin saberlo, porque se expusieron al coronavirus, y el escenario en el que voluntariamente vacunamos a miles de millones de personas mientras les decimos que esto no está sucediendo”.

Desgraciadamente, la actitud predominante parece ser que la “carrera por vacunar al público” justifica que se asuman estos riesgos adicionales.

A mediados de noviembre, después de que el Jerusalem Post dijo a los lectores que “cuando el mundo comience a inocularse con estas vacunas completamente nuevas y revolucionarias, no sabrá prácticamente nada sobre sus efectos a largo plazo”, un director de un hospital israelí argumentó que no vale la pena esperar dos años más para averiguar los “riesgos únicos y desconocidos” de las vacunas de ARNm o sus posibles efectos a largo plazo.

En Estados Unidos, el entusiasmo por la tecnología del ARNm es igualmente ilimitado. Apenas unos días después de que el CDC publicara datos actualizados que muestran que la muerte de más de 2.200 personas que habían recibido la vacuna de Pfizer o las vacunas de ARNm de Moderna se habían notificado desde el 26 de marzo, The Atlantic elogió la tecnología, sugiriendo que la “ingeniosa” tecnología de ARNm sintético detrás de las vacunas COVID de Pfizer y Moderna representaba un “avance” que podría “cambiar el mundo”.

En lugar de descartar la perspectiva de la retrointegración del ADN extraño como una “teoría de la conspiración”, los científicos deberían realizar estudios con los vacunados con ARNm para evaluar los riesgos reales.

Por ejemplo, Corrigan cree que aunque los datos in vitro en líneas celulares humanas (una de las fuentes de datos examinadas por los investigadores de Harvard-MIT) ofrecen resultados “herméticos”, sigue siendo necesario demostrar de forma concluyente la alteración genómica en la vida real mediante “PCR, secuenciación de ADN o Southern Blot… en el ADN genómico purificado de pacientes con COVID-19″ – y de individuos vacunados.

Sin embargo, en lugar de abordar estas lagunas en la investigación, las empresas están relamiéndose ante el potencial de utilizar ARNm editado por humanos para “tomar posesión nuestra maquinaria celular” y “hacer casi cualquier proteína bajo el sol”.

Un comunicado de prensa del 10 de marzo en el que se declaraba que las vacunas de ARNm eran las claras ganadoras de la carrera por la vacuna COVID-19 señalaba que todas las grandes empresas farmacéuticas están ahora “probando la tecnología [de ARNm] mediante la firma de acuerdos de licencia y/o colaboración con empresas de ARN bien establecidas”.[ARNm] [turn] En los antiguos dibujos animados de Disney, los espectadores veían a menudo los “ojos saltones” del tío rico del Pato Donald, Rico McPato o tío Gilito, “convertidos en enormes símbolos de dólar como los de las máquinas tragaperras de Las Vegas”, cuando contemplaban las oportunidades de aumentar su ya inmensa riqueza.

A juzgar por la disposición de los ejecutivos de las compañías farmacéuticas a pasar por alto los riesgos a largo plazo -y posiblemente multigeneracionales- de las vacunas de ARNm, deben estar igualmente embelesados por las visiones de los símbolos del dólar de una línea interminable de productos de ARNm “de instalación automática (‘plug and play’)”.