Hay todo un campo de investigación dedicado a desarrollar mensajes diseñados para persuadir a las personas “reticentes a las vacunas” para que se vacunen contra la COVID-19.
Ninguno de los mensajes examinados por los investigadores implica la transmisión de pruebas objetivas que respalden las afirmaciones -ampliamente difundidas por las grandes farmacéuticas, “Big Pharma”, los grandes medios de comunicación, “Big Media”, y las agencias de salud pública- de que las vacunas son “seguras” y “eficaces”.
Los investigadores publicaron el mes pasado los resultados de un ensayo clínico que incluía dos experimentos de encuesta sobre cómo generar consentimiento para las vacunas COVID.
El estudio patrocinado por Yale, “Persuasive messaging to increase COVID-19 vaccine uptake intentions” (“Mensajes persuasivos para aumentar la intención de vacunación contra COVID-19), examinó cómo afectaban los diferentes mensajes persuasivos a 1) las intenciones de ponerse la vacuna COVID-19, 2) la voluntad de persuadir a amigos y familiares para que se vacunen, 3) el miedo a los que no se han vacunado, y 4) el juicio social de las personas que deciden no vacunarse.
Según los autores del estudio:
“Dado el considerable escepticismo sobre la seguridad y la eficacia de una vacuna contra el COVID-19, es cada vez más importante entender cómo la comunicación en materia de salud pública puede desempeñar un papel en el aumento de la aceptación de la vacuna contra el COVID-19.”
El documento no aborda las razones subyacentes por las que alguien podría tener dudas sobre la seguridad o la eficacia de las vacunas COVID, sino que se centra exclusivamente en cómo convencerles de que se vacunen.
Extraído del documento:
“Llevamos a cabo dos experimentos preinscritos para estudiar cómo diferentes mensajes persuasivos afectan a la intención de recibir la vacuna COVID-19, a la voluntad de persuadir a amigos y familiares para que la reciban y a los juicios negativos hacia las personas que deciden no vacunarse.
“En el primer experimento, probamos la eficacia de un gran número de mensajes frente a una condición de control no tratada… En el Experimento 2, volvimos a probar los mensajes más eficaces del Experimento 1 en una muestra nacionalmente representativa de adultos estadounidenses”.
Los mensajes que los investigadores ensayaron se han incorporado a la narrativa de los medios de comunicación y a las campañas de salud pública en todo el mundo. Pero la fecha de finalización del estudio para la parte 1 fue el 8 de julio de 2020, lo que significa que todos estos mensajes fueron creados antes de la publicación de cualquier investigación ciencia que los apoye.
El mensaje de control de la información de base indica:
“Para acabar con el brote de COVID-19, es importante que la gente se vacune contra el COVID-19 siempre que haya una vacuna disponible. Vacunarse contra el COVID-19 significa que es mucho menos probable que se contraiga el COVID-19 o que se contagie a otras personas. Las vacunas son seguras y se utilizan ampliamente para prevenir enfermedades y se estima que las vacunas salvan millones de vidas cada año.”
Para establecer qué estrategias de mensajería provocaban una inclinación a vacunarse, se añadieron 10 mensajes adicionales para contextualizar el mensaje de referencia.
Estos mensajes incorporaban temas de interés propio, interés comunitario, culpa, vergüenza, ira, valentía, confianza en la ciencia, libertad personal, libertad económica y beneficio económico comunitario.
“Descubrimos que los mensajes persuasivos que invocan la vacunación prosocial y la preocupación por la imagen social son eficaces para aumentar la aceptación prevista y también la voluntad de persuadir a otros y los juicios de los que no se vacunan”, escribieron los investigadores.
Para estudiar el impacto de la culpa, la vergüenza y la ira, los investigadores pidieron a las personas que pensaran en cómo se sentirían si no se vacunaran y luego contagiaran el virus a otras personas.
“Se cree que las emociones desempeñan un papel en la cooperación, ya sea motivando a un individuo a realizar una acción debido a un sentimiento que experimenta o frenando que realice una acción debido a la respuesta emocional que provocaría en los demás”.
Los mensajes “no es de valientes” y “confía en la ciencia” fueron diseñados para evocar preocupación por la reputación y la imagen social. El mensaje “no es de valientes” “replantea la idea de que no tener miedo al virus no es una acción valiente, sino egoísta, y que la forma de demostrar valentía es vacunarse porque demuestra fortaleza y preocupación por los demás”.
El mensaje de “confía en la ciencia” sugería que “los que no se vacunan no entienden la ciencia y muestran esta ignorancia a los demás”.
Los mensajes sobre la libertad personal, la libertad económica y el beneficio económico de la comunidad se basaron en las preocupaciones relacionadas con las restricciones del COVID.
En general, era un mensaje que apelaba al interés de la comunidad, a la reciprocidad y al sentido de la vergüenza lo que resultó más persuasivo, dando como resultado un aumento del 30% en la intención de vacunarse, un aumento del 24% en la disposición a aconsejar a un amigo que se vacune y un aumento del 38% en las opiniones negativas de las personas que rechazan las vacunas en relación con el mensaje placebo.
Se determinó que los mensajes de interés para la comunidad que incorporan la vergüenza son los más eficaces para conseguir que la gente anime a otros a vacunarse, mientras que los mensajes de “no es de valientes” fueron los más prometedores para crear juicios negativos de los no vacunados.
Los resultados del estudio de Yale coinciden con otro trabajo reciente, “Vaccination as a Social Contract” (Vacunación como contrato social), que demostró que la gente ve la vacunación como un contrato social y está menos dispuesta a cooperar con quienes se niegan a vacunarse.
El estudio decía:
“Los experimentos mostraron sistemáticamente que los individuos especialmente obedientes (es decir, vacunados) mostraban menos generosidad hacia los individuos no vacunados… Se concluye que la vacunación es un contrato social en el que la cooperación es la opción moralmente correcta.
“Los individuos actúan según el contrato social, y más cuanto más fuerte lo perciben como una obligación moral. Hacer hincapié en el contrato social podría ser una intervención prometedora para aumentar la aceptación de las vacunas, evitar el oportunismo y, finalmente, apoyar la eliminación de las enfermedades infecciosas.”
Olviden los hechos, apelen a los “valores”
Saad Omer, uno de los autores del estudio de Yale, está muy interesado en los mensajes de salud pública.
Sus esfuerzos por combatir las dudas sobre las vacunas le valieron un puesto en el Grupo de Trabajo de Expertos en Asesoramiento Estratégico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre Vacunas COVID-19, en el Consejo de Administración del Instituto de Vacunas Sabine y en el Comité Consultivo Mundial de la OMS sobre Seguridad de las Vacunas.
En 2020, Omer inició un proyecto de “Fomento de la confianza en las vacunas a través de campañas de mensajería personalizadas” que incluía ensayos aleatorios en cinco países en los que se utilizaba la mensajería de los medios sociales para aumentar la cobertura de la vacuna COVID y de la infancia.
En su discurso de apertura de la primera Conferencia Mundial de Infodemiología de la OMS, celebrada en junio de 2020, Omer se refirió a la “teoría de los fundamentos morales” y sugirió que apelar a los valores podría cambiar los comportamientos en la toma de decisiones.
Omer proporcionó detalles sobre un estudio de mensajería para la vacuna contra el VPH y analizó cómo se podrían aplicar estrategias similares para crear la obediencia de las medidas COVID:
“Queríamos probar, si podíamos tener un mensaje basado en la pureza. Así que les mostramos fotos de verrugas genitales y les describimos una viñeta, una narración, una historia, hablando de cómo alguien se contagió de verrugas genitales y de lo repugnantes que eran y de lo puras que son las vacunas que en cierto modo restauran la santidad del cuerpo.
“Así que acabamos de analizar estos datos. Se trata de un ensayo controlado aleatorio con resultados apriori. Encontramos un efecto de aproximadamente 20 puntos porcentuales en la probabilidad de que las personas se vacunen contra el VPH en los próximos 6 meses …
“Estamos probando mensajes basados en la libertad o mensajes mediados por la libertad en torno a este comportamiento relacionado con el brote de COVID-19. Que llevar una mascarilla o tomar precauciones acaba por hacerte libre, recuperar tu autonomía. Porque si los índices de enfermedad son bajos, las actividades pueden reanudarse”.
La “ciencia” de la infodemiología, la infovigilancia y la infodemia
Omer es una de las muchas voces destacadas en lo que se conoce como el campo de la “infodemiología“, término acuñado en 2002 por el Dr. Gunter Eysenbach.
Como primer infodemiólogo y fundador del “Journal of Medical Internet Research, Eysenbach define la infodemiología como “la ciencia de la distribución y los determinantes de la información en un medio electrónico, concretamente Internet, o en una población, con el objetivo último de informar a la salud pública y a las medidas políticas públicas”.
Eysenbach también acuñó los términos “infovigilancia“, definida como “un tipo de vigilancia sindrómica que utiliza específicamente información encontrada en línea”, y “infodemia“, que se refiere a “una sobreabundancia de información” que generalmente incluye intentos deliberados de difundir información errónea para socavar la respuesta de salud pública y promover agendas alternativas de grupos o individuos”.
Con sólo tres palabras, Eysenbach creó un nicho científico, identificó un problema y propuso al menos parte de una supuesta solución.
La OMS adoptó rápidamente este lenguaje durante la pandemia. Un editorial del número de agosto de 2020 de la revista médica “The Lancet” comenzaba con una cita del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus: “No sólo estamos luchando contra una pandemia; estamos luchando contra una infodemia”.
La OMS organizó varias conferencias de infodemiología a lo largo de la pandemia. Afirmando que “la desinformación cuesta vidas”, la OMS, las Naciones Unidas y otros grupos crearon la justificación perfecta para la vigilancia de las redes sociales y la represión de la disidencia.
En 2020, la OMS creó una resolución en la que pedía a los Estados miembros que tomaran medidas para aprovechar las tecnologías digitales para contrarrestar la “desinformación” y la “información errónea”, y trabajó con más de 50 empresas digitales y plataformas de medios sociales, como TikTok e incluso Tinder, para apoyar estos esfuerzos.
Los esfuerzos por eliminar la “desinformación” se tradujeron en una censura sin precedentes de prácticamente cualquier cosa que se saliera del consenso sancionado por el Estado y en la creación de una audiencia cautiva preparada para aceptar una narrativa singular.
Una enmienda a la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de 2012 que legalizó el uso de la propaganda sobre el público estadounidense facilita a los gobiernos la creación de narrativas autocomplacientes.
Y gracias a un presupuesto multimillonario del Departamento de Salud y Servicios Humanos (“Department of Health and Human Services”, HHS por sus siglas en inglés) de Estados Unidos y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (“Centers for Disease Control and Prevention”, CDC), estamos bajo la influencia de los mejores mensajes que el dinero puede comprar, sean o no ciertos.
Esta es probablemente la razón por la que los CDC, los departamentos de salud pública y los principales medios de comunicación pueden hacer afirmaciones generales como ésta: “Las vacunas contra el COVID-19 se desarrollaron rápidamente manteniendo el más alto estándar de seguridad posible”, y esta:: “La hidroxicloroquina no debería utilizarse para tratar el COVID-19”, y afirmar que son “hechos”.
Los artículos y mensajes que cuestionan estas afirmaciones se eliminan con regularidad, si es que se permite su publicación en primer lugar.
Obediencia de las normas de salud pública: Una industria artesanal
Yale no es la única universidad que investiga la ciencia de la obediencia. Las instituciones académicas y los organismos gubernamentales de todo el mundo están inmersos en esta emergente ciencia del comportamiento.
En febrero de 2021, el boletín de la Universidad de Pensilvania, Penn Today, publicó “When the Message Matters, Use Science to Craft It” (“Cuando el mensaje es importante, utilice la ciencia para elaborarlo”), en el que se hablaba de la iniciativa del Laboratorio de Efectos del Mensaje (“Message Effects Lab”, MEL por sus siglas en inglés) de la científica del comportamiento Jessica Fishman y de la investigación relacionada con “lo que influye en la toma de decisiones”, especialmente en lo que respecta a la vacunación y las pruebas de COVID.
En la actualidad, MEL tiene asociaciones y proyectos en curso con el Banco Mundial, los Institutos Nacionales de Salud, los CDC, Penn Medicine, el Hospital Infantil de Filadelfia, Independence Blue Cross/Blue Shield y el Gobierno de Canadá para abordar los comportamientos relacionados con la salud.
La Agencia para la investigación y la calidad de la sanidad (“Agency for Healthcare Research and Quality”), una rama del HHS, también patrocinó una investigación para explorar las influencias en la toma de decisiones sobre la vacuna COVID. El estudio, “Actitudes hacia una posible vacuna contra el SARS-CoV-2: Una encuesta a los adultos de EE.UU.” (Attitudes Toward a Potential SARS-CoV-2 Vaccine: A Survey of U.S. Adults”), concluyó:
“Descubrimos que una proporción considerable (42,2%) de los participantes en una encuesta nacional realizada durante la pandemia de coronavirus dudaría en aceptar la vacunación contra el COVID-19. La raza negra fue uno de los predictores independientes más fuertes de la no aceptación de la vacunación; esto es especialmente alarmante, dado el gran impacto de COVID-19 entre los afroamericanos.
“Nuestros hallazgos sugieren que muchos de los individuos que respondieron ‘no estoy seguro’ podrían aceptar la vacunación si se les da información creíble de que la vacuna es segura y efectiva. A medida que el desarrollo de la vacuna avanza a un ritmo sin precedentes, se necesitan esfuerzos paralelos para desarrollar proactivamente mensajes que fomenten la aceptación de la vacuna para lograr el control de la pandemia de COVID-19.”
La Dra. Rupali Limaye, científica del comportamiento, llevó el mensaje un paso más allá. Imparte un curso gratuito de formación en línea, ofrecido por la Universidad Johns Hopkins, que “prepara a los padres de niños en edad escolar, a las asociaciones de padres y madres, a los miembros de la comunidad y al personal escolar para que sean embajadores de las vacunas y promuevan su aceptación en sus comunidades”.
Limaye participará en el seminario web interactivo “Hacer que las vacunas COVID-19 sean atractivas: Prueba piloto de mensajes en la India” (“Making COVID-19 vaccines APPEALing: Pilot message testing in India”), a finales de este mes.
Cambian los mensajes, se mantienen los objetivos
Mientras las agencias gubernamentales y la comunidad científica se aferran a creencias sin fundamento sobre la seguridad y la eficacia de las vacunas, parecen reconocer la importancia de revisar constantemente su comprensión de los impactos de los mensajes.
La investigación actualizada de la UPenn descubrió que las intenciones en torno a la vacunación han cambiado. La Escuela de Comunicación Annenberg de la universidad informó:
“Los investigadores descubrieron que la confianza en las instituciones científicas y en las autoridades sanitarias era fundamental para la intención de los individuos de vacunarse, especialmente en la primera parte de la pandemia. Sin embargo, a medida que la pandemia continuaba, surgieron otros factores relacionados con la confianza…
“Las pruebas, escribieron los investigadores, ‘documentan la necesidad de que la comunidad de la salud pública redoble sus esfuerzos para comunicar de forma preventiva y persistente no sólo sobre cómo funcionan las vacunas en general, sino también sobre sus beneficios, seguridad y eficacia'”.
La investigación de “Civics Analytics”, una empresa tecnológica que crea campañas de audiencia basadas en datos, secunda la idea de que los mensajes eficaces deben evolucionar.
Con la financiación de la Fundación Bill y Melinda Gates, la empresa estudió las preocupaciones sobre la COVID entre diferentes grupos demográficos y determinó que un mensaje de “talla única” no funcionaría. Según la empresa:
“En la primavera de 2021, antes de que surgiera la variante Delta en Estados Unidos y cuando aún no se había implantado la obligatoriedad de las vacunas, descubrimos que los mensajes que destacaban las experiencias vedadas a las personas no vacunadas (como los conciertos o los viajes internacionales) o que hacían hincapié en la elección personal eran los más persuasivos…
“Como se verá en esta investigación, los mensajes más persuasivos han cambiado”.
Según “Civics Analytics”, los mensajes de FOMO (siglas en inglés de “fear of missing out”, miedo a perderse algo) y de “decisión personal” fueron los más impactantes. Pero los datos más actuales indican que el mensaje de “proteger a los niños” se ha vuelto más eficaz para persuadir a la gente de que se vacune.
Extraído del estudio:
“Para los mensajes generales dirigidos a todas las personas no vacunadas, hay que centrarse en la protección de los niños contra el COVID-19 y en las consecuencias económicas de contraer el virus”.
La empresa descubrió que los mensajes sobre la “seguridad de la vacuna”, las “aterradoras estadísticas de COVID” y la “historia personal” tendían a ser contraproducentes y podían disminuir la probabilidad de vacunarse.
Tal vez algunos buenos científicos adelanten la curva de aprendizaje y estudien lo que ocurre cuando los ciudadanos descubren que los “mensajes comprobados” carecen de datos científicos que los respalden.