El Subcomité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes de EE.UU. sobre Política Económica y del Consumidor emitió un informe a principios de febrero, en el que se detectan “niveles peligrosos de metales pesados tóxicos” en varios alimentos para bebés.

El informe, “Los alimentos para bebés están contaminados con niveles peligrosos de arsénico, plomo, cadmio y mercurio”, detalla niveles peligrosamente altos de metales pesados en productos de:

  • ‘Nurture’, que vende los productos ‘Happy Family Organics’ y la línea ‘Happy Baby’
  • Gerber
  • ‘Hain Celestial Group’, que vende ‘Earth’s Best Organic’
  • ‘Beech-Nut’
  • ‘Campbell Soup Company’, que vende ‘Plum Organics’
  • Walmart, que vende ‘Parent’s Choice’
  • ‘Sprout Organic Food’

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (‘U.S. Food and Drug Administration’, FDA por sus siglas en inglés) permite que el agua potable contenga 10 partes por billón (ppb) de arsénico inorgánico, 5 ppb de cadmio y 5 ppb de plomo. La Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (‘U.S. Environmental Protection Agency’, EPA por sus siglas en inglés) permite que el agua potable contenga 2 ppb de mercurio.

El informe del subcomité de la Cámara de Representantes encontró arsénico hasta 91 veces más que el nivel aceptable, cadmio hasta 69 veces más que el nivel aceptable, plomo hasta 177 veces más que el nivel aceptable y mercurio hasta 5 veces más que el nivel aceptable.

Los bebés y los niños pequeños son especialmente sensibles a los metales tóxicos debido a su pequeño tamaño y a que su cerebro está en desarrollo. Incluso niveles bajos de arsénico, plomocadmio y mercurio pueden causar daños irreversibles en el desarrollo neurológico.

Los estudios han descubierto que la exposición a metales tóxicos en niveles elevados se asocia con el autismo y trastorno por déficit de atención/hiperactividad en los niños.

Se echa en falta la presencia reguladora de la FDA en este grave asunto. Con poca supervisión, los fabricantes de alimentos para bebés pueden realizar libremente pruebas de metales pesados en los ingredientes de forma aislada, lo que no proporciona un perfil de seguridad preciso para los productos que se venden en las tiendas. Peor aún, la mayoría de las empresas de alimentos para bebés no están obligadas a realizar ningún tipo de prueba.

No hay indicios de que las empresas planeen cambiar sus procesos de fabricación o añadir etiquetas de advertencia a sus productos, la acción legal será necesaria para proteger a los niños de los peligros de los metales pesados en los alimentos infantiles.

“Si los ejecutivos de estas empresas disfrutan comiendo veneno, deberían añadirlo a su propia comida en casa. No deberían vender metales pesados tóxicos al público fingiendo que se trata de alimentos saludables”, dijo Robert F. Kennedy, Jr. reconocido abogado ambientalista y presidente de ‘Children’s Health Defense’.

“Desde luego, no deberían alimentar a los bebés con un veneno que mata el cerebro. La mayoría de los estadounidenses creían, con razón, que los días en los que los Titanes de la Alimentación podían vender contaminantes disfrazados de alimentos habían terminado hace 115 años, cuando Upton Sinclair puso al descubierto la corrupción de la industria alimentaria en su libro‘La Jungla’que inspiró al Congreso a aprobar la Ley de Alimentos y Medicamentos Puros de 1906.

“El problema general al que se enfrentan nuestra salud y nuestra democracia es la captura de la agencia”, dijo Kennedy. “En los últimos 40 años estas compañías, la gran industria alimentaria,‘Big Food’, y la gran industria farmacéutica, ‘Big Pharma’ se han movido agresivamente para obtener el control de la FDA y desactivar su función reguladora. Hoy en día, la FDA es un títere de las industrias que regula.

“La FDA ya no funciona para garantizar alimentos sanos y proteger la salud pública. Su único propósito es salvaguardar los beneficios de las grandes empresas alimentarias y farmacéuticas. La descentralización de la agencia reguladora nos ha devuelto a “La Jungla”, donde las empresas alimentarias y farmacéuticas son depredadores despiadados y sanguinarios. La única herramienta que tenemos para disciplinar a estas empresas deshonestas es el litigio. Queremos mostrarles los extremos afilados de nuestras lanzas”.