Nota del editor: “The Wall Street Journal” no es el único periódico de primer nivel que engañó al público sobre el estudio de “The New England Journal of Medicine” publicado el miércoles. “The New York Times” tampoco proporcionó un análisis crítico del estudio.

Este mes han salido a la luz nuevas revelaciones en torno a la descalificación de la ivermectina como tratamiento del COVID-19.

El 8 de marzo, la Comunidad Frontline Covid-19 Critical Care Alliance (FLCCC) elogió a Phil Harper, director y productor de documentales, por sus esfuerzos para identificar al individuo anónimo responsable de influir en la opinión de los principales expertos sobre la seguridad y eficacia de la ivermectina en el tratamiento de la COVID a principios de 2021.

Las acciones de esta mano oculta resultaron en la sistemática y trágica desestimación de un poderoso remedio que podría haber salvado millones de vidas en todo el mundo.

Antes de profundizar en el descubrimiento de Harper, echemos un vistazo al último intento de un medio de comunicación dominante de desacreditar la utilidad de la ivermectina en el tratamiento del COVID.

“The Wall Street Journal” engaña al público

El 18 de marzo “The Wall Street Journal” publicó un artículo con este titular: “La Ivermectina no redujo las hospitalizaciones por Covid-19 en el ensayo más amplio hasta la fecha.”

Las personas que solo leen titulares, llegaran fácilmente a la conclusión aparentemente obvia: los Drs. Anthony Fauci and Rochelle Walensky, junto con los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han tenido razón todo este tiempo.

Sin embargo, para aquellos que leyeron más allá del titular y los primeros pocos párrafos, la historia empieza a metamorfosearse.

El titular claramente afirma que el ensayo en cuestión era el más amplio hasta la fecha. Sin embargo, este no es el caso, tal como la autora del artículo, Sarah Toy, explica pronto en la noticia:

“El ensayo más amplio, de cerca de 1,400 pacientes Covid-19 con riesgo de enfermedad grave, es el más amplio en mostrar que a las personas que recibieron ivermectina como tratamiento no les fue mejor que a aquellos que tomaron un placebo.”

Este no era el ensayo más amplio hasta la fecha, era solamente el más amplio hasta la fecha entre el subgrupo de ensayos que han demostrado que la ivermectina no tiene beneficios.

¿Fue esto un descuido? ¿O fue un intento deliberado de confundir a los 42 millones de lectores del contenido digital de “The Wall Street Journal”?

Dejando a un lado la posible intención de engañar, es imposible que un estudio demuestre definitivamente que no existe ningún efecto. Esto es lo que en ciencia se denomina hipótesis nula, es decir, que una intervención no tiene ningún efecto.

Es perfectamente posible que un estudio pueda demostrar que no hay un efecto medible. Otra cosa muy distinta es demostrar que esa misma intervención no tendrá ningún efecto bajo ninguna circunstancia.

Por decirlo claramente, no se puede demostrar que algo no existe.

La autora optó por no mencionar los 81 estudios distintos — que involucran en total a 128,000 participantes — que demostraron una eficacia media del 65% para varios resultados distintos.

Ella tampoco mencionó los 22 estudios — con cerca de 40,000 participantes — en torno al resultado en cuestión, la hospitalización. Esos estudios demostraron una eficacia media del 39%.

“The Wall Street Journal” no cita el estudio en el que se centraba su artículo, porque el estudio ni siquiera se ha publicado todavía. Aún así, la autora, Toy, aseguró a los lectores que el estudio ha sido “aceptado para su publicación en una importante revista médica revisada por expertos”

Al no tener un estudio que citar, el periódico cita en su lugar a Edward Mills, uno de los principales investigadores del estudio y profesor de ciencias de la salud en la universidad canadiense McMaster en Hamilton (Ontario):

“No hay indicios de que la ivermectina sea clínicamente útil.”

Cabe destacar que todos los participantes en este estudio prospectivo procedían de una de las 12 clínicas de la región de Minas Gerais (Brasil). Todos estaban en riesgo de padecer una enfermedad grave debido a comorbilidades subyacentes.

La pauta de dosificación no se especificaba y el diagnóstico de COVID se realizó únicamente mediante un test rápido.

La verdadera historia detrás de la ivermectina y la COVID-19

El artículo de “The Wall Street Journal” es, una vez más, una noticia que se lee ampliamente que selecciona estudios a la carta basándose en que demuestren que supuestamente no hay beneficio a la vez que ignora de forma categórica la creciente evidencia de lo contrario.

La sistemática descalificación de la eficacia de la ivermectin contra la COVID ha sido bien documentada por “The Defender” aquí, y en el libro de Robert F. Kennedy, Jr., de gran éxito en “The New York Times”, “El verdadero Anthony Fauci”.

Sin embargo, como se menciona al principio de este artículo, este mes FLCCC arrojó más luz sobre el misterio que hay detrás de la sorprendente decisión del Dr. Andrew Hill a principios de 2021 de recomendar que se necesitaría más investigación para apoyar el uso de la ivermectina para tratar a los pacientes con COVID, a pesar de la enorme cantidad de datos que sugieren lo contrario.

Fue la llamada revisión sistemática de Hill la que echó por tierra la aceptación por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la ivermectina como potente remedio contra el COVID.

Otros organismos médicos gubernamentales, como los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos y la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido, se adhirieron inmediatamente a la postura de la OMS.

Hill había sido un firme defensor de la ivermectina en los últimos meses de 2020. En octubre der 2020, la OMS le dio la tarea de presentar los hallazgos sobre la ivermectina.

Hill, la Dra. Tess Lawrie, directora de “The Evidence-Based Medicine Consultancy, Ltd.” y otros investigadores estaban colaborando para publicar sus hallazgos a principios de 2021. Esos hallazgos concluirían de forma definitiva que la ivermectina podía y debería utilizarse para tratar el COVID en todas las fases de la enfermedad.

El 18 de enero de 2021, días antes de la publicación prevista de este trabajo conjunto, Hill optó por publicar de forma independiente sus hallazgos en servidores de preimpresión. Él llegó a una conclusión contraria a lo que él y los demás habían encontrado durante su trabajo de investigación:

“La ivermectina debería ser validada en ensayos aleatorios más amplios y adecuadamente controlados antes de que los resultados sean suficientes para ser revisados por las autoridades reguladoras”.

Su sorprendente cambio de opinión inmediatamente provocó consternación entre los miembros de FLCCC y Lawrie. Poco después de que Hill publicara su documento, habló con Lawrie en una reunión grabada con zoom que planteó más preguntas.

Oracle Films publicó un vídeo informativo y sucinto que contextualiza la conversación fundamental entre Hill y Lawrie.

Cuando Lawrie confrontó a un Hill lleno de subterfugios, Hill acabó admitiendo que las conclusiones de su análisis habían sufrido la influencia de “Unitaid”, una organización de defensa cuasi gubernamental financiada por la Fundación Bill & Melinda Gates y varios países — Francia, el Reino Unido, Noruega, Brasil, España, la República de Corea y Chile — para poner presión en los gobiernos con idea de que financien la compra de medicamentos de las multinacionales farmacéuticas para su distribución entre los Africanos de bajos recursos.

Tal como Kennedy, presidente y principal asesor legal de “Children’s Health Defense”, escribe en su libro:

“Unitaid dio $40 million al empleador de Andrew Hill, la Universidad de Liverpool, cuatro días antes de la publicación del estudio de Hill. Hill, un doctorado, confesó que los patrocinadores le estaban presionando para influir en su conclusión.

“Cuando la Dra. Lawrie preguntó quién estaba tratando de influir en él, Hill dijo: ‘Quiero decir, yo, creo que estoy en una posición muy sensible aquí…'”

¿Quién fue el miembro de “Unitaid” que instigó que Hill cambiase de parecer?

Gracias a las pesquisas de Phil Harper, productor, director y autor de un boletín de Substack bajo el nombre de “The Digger”, puede que tengamos una respuesta.

La mano oculta que amordazó a la ivermectina

Harper explicó su notable descubrimiento escribiendo:

“A veces la información puede encontrarse justo debajo de tus narices. Muchos sospechaban que “personas desconocidas” habían alterado el estudio, pero no sabíamos quién. ¡¿Quiénes son estas personas que manipulan la investigación científica para que tome formas provechosas?!”

En otro artículo de Substack, Harper explicó cómo fue capaz de identificar cambios cruciales realizados en los días previos a la distribución del estudio comparándolo con una versión anterior que se envió por correo electrónico a Lawrie. Esta versión original no se hizo pública.

Los cambios eran sutiles pero estaban claramente diseñados para debilitar las conclusiones del análisis. Aún más sospechoso fue la eliminara la contribución financiera de “Unitaid” en forma de “subvención de investigación sin restricciones” de la parte de la declaración de financiación del documento.

Al examinar los metadatos adjuntos al documento en PDF que Hill había enviado a varios servidores de preimpresión, Harper descubrió que el autor (como se indicaba en los metadatos) del artículo era Andrew Owen, profesor de farmacología y terapéutica y codirector del Centro de Excelencia en Terapéutica de Acción Prolongada (“Centre of Excellence in Long-acting Therapeutics”, CELT por sus siglas en inglés) de la Universidad de Liverpool.

Harper continúa:

“Su autoría está vinculada programáticamente al documento, lo que significa que un dispositivo o programa informático registrado a nombre de Andrew Owen guardó el documento como PDF. Cuando se exporta un PDF, Microsoft Word automáticamente añade información sobre el título y el autor.

“A menos que alguien usara su ordenador, Andrew Owen tiene su huella dactilar digital en el trabajo de Andrew Hill. Un estudio que tenemos razones para creer que fue alterado por ‘personas’ en ‘Unitaid’.”

Owen también es asesor científico del Grupo de Desarrollo de Directrices COVID-19 de la OMS. Pocos días antes de que se fuera a publicar el estudio original de Hill, el CELT recibió una subvención de 40 millones de dólares de “Unitaid”, que había sido el patrocinador del trabajo. Owen es el jefe de proyecto de esa subvención.

Según Harper:

“El contrato de 40 millones de dólares era en realidad un acuerdo comercial entre “Unitaid”, la Universidad de Liverpool y “Tandem Nano Ltd.” (una empresa emergente que comercializa mecanismos de administración de “nanopartículas de lípidos sólidos”), de la que Andrew Owen es uno de los principales accionistas”.

Owen no figura como autor del análisis, pero su huella digital está en sus revisiones de última hora.

En cambio, Hill incluyó a todos los autores de los estudios que su revisión sistemática estaba analizando como coautores de la propia revisión. Esto es una llamativa desviación de las normas de una revisión sistemática, ya que socava el propósito y la objetividad de dicho análisis.

Conclusión:

Es difícil resumir esta situación sin diluir el impacto de lo que se ha presentado aquí.

Los principales medios de comunicación, como “The Wall Street Journal”, siguen publicando artículos desequilibrados y mal investigados en momentos en los que se están desvelando enormes historias tras el muro de la propaganda financiada por las empresas.

La propia opinión de Hill, cuando no se ve afectada por influencias ocultas, sugiere que el 75% de las muertes por COVID podrían haberse evitado utilizando la ivermectina como tratamiento.

Las “manos ocultas” de los agentes con ánimo de lucro están cobrando un enorme tributo a la humanidad mediante su manipulación de la opinión pública y científica.

Al final, los ciudadanos deben decidir cuándo ya es por fin suficiente.