En 2013, la Oficina del Programa Nacional de Vacunas del Departamento de Salud y Servicios Humanos (“Health and Human Services”, HHS por sus siglas en inglés) de Estados Unidos encargó una actualización de conclusiones anteriores sobre la falta de pruebas que respaldaran las afirmaciones de que el calendario de vacunación infantil de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (“Centers for Disease Control and Prevention”, CDC por sus siglas en inglés) era seguro.
El comité del Instituto de Medicina (“Institute of Medicine”, IOM por sus siglas en inglés), encargado de elaborar la actualización, concluyó que “pocos estudios han evaluado exhaustivamente la asociación entre el calendario de vacunación completo o las variaciones en el calendario general y las categorías de resultados sanitarios, y ningún estudio ha examinado directamente los resultados sanitarios y las preocupaciones de las partes interesadas precisamente de la forma que se encargó al comité en su declaración de tareas”.
Según el comité del IOM, “no se han realizado estudios diseñados para examinar los efectos a largo plazo del número acumulado de vacunas u otros aspectos del calendario de inmunización.”
La falta de información sobre la seguridad general del calendario de vacunación era tan apremiante que el comité recomendó entonces al HHS que incorporara el estudio de la seguridad del calendario general de vacunación infantil a sus procesos de establecimiento de prioridades de investigación, “reconociendo las preocupaciones de las partes interesadas y estableciendo las prioridades en función de las pruebas epidemiológicas, la plausibilidad biológica y la viabilidad”.
El IOM también recomendó a los CDC que utilizaran su base de datos privada, Vaccine Safety Datalink (VSD), para estudiar los efectos generales sobre la salud del calendario de vacunación mediante análisis retrospectivos.
Diez años después, los CDC aún no han realizado un estudio comparativo de este tipo, a pesar de que cuentan con un vasto repositorio de datos en la VSD, que incluye historiales médicos completos de más de 10 millones de personas y 2 millones de niños.
La VSD contiene registros de un número significativo de niños no vacunados también, pero los CDC se niegan a comparar los resultados sanitarios de los niños vacunados con los de los niños completamente no vacunados.
Los CDC también prohíben a los investigadores externos de VSD acceder a los datos de VSD para poder realizar los estudios.
Tuve la suerte de ser uno de los investigadores que tuvo acceso a la VSD cuando trabajaba con el Dr. Mark R. Geier y su hijo, David Geier, en una serie de estudios sobre las vacunas que contienen timerosal a principios de la década de 2010.
Sin embargo, los CDC revocaron posteriormente el acceso de los Geiers porque a una de las organizaciones de mantenimiento de la salud (HMO) que participaban en el proyecto VSD no le gustaron los resultados que estaban obteniendo los Geiers, que relacionaban la exposición al timerosal con diversos trastornos crónicos infantiles, entre ellos el trastorno del espectro autista, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), malformaciones congénitas, intoxicación aguda por etilmercurio, muerte fetal/infantil, pubertad prematura, trastornos emocionales, trastorno de tics y retrasos del desarrollo.
En el capítulo 2 de “Vacunados-No vacunados: Que hable la ciencia”,Robert F. Kennedy Jr. y yo presentamos los escasos estudios realizados sobre el calendario completo de vacunación infantil, incluido el innovador estudio “Estudio piloto comparativo sobre la salud de niños estadounidenses de 6 a 12 años vacunados y no vacunados” de Anthony Mawson,Doctor en Salud Pública.
Mawson y sus coautores estudiaron la incidencia de enfermedades infecciosas y crónicas en niños totalmente vacunados, parcialmente vacunados y no vacunados escolarizados en casa.
Las enfermedades crónicas no sólo eran más prominentes en los niños vacunados total y parcialmente -donde la incidencia de estas enfermedades oscilaba entre 30 veces más en el caso de la rinitis alérgica y 3,7 veces más en el de los trastornos del neurodesarrollo-, sino que también había una mayor prevalencia de enfermedades infecciosas como la neumonía y las infecciones de oído en los niños vacunados.
En otro estudio de 2017, Nacimiento prematuro, vacunación y trastornos del neurodesarrollo: un estudio transversal de niños de 6 a 12 años vacunados y no vacunados (“Preterm Birth, Vaccination and Neurodevelopmental Disorders: a Cross-Sectional Study of 6- to 12-Year-Old Vaccinated and Unvaccinated Children”), Mawson et al. también descubrieron que el riesgo de trastornos del neurodesarrollo entre los niños vacunados se veía agravado por el bajo peso al nacer.
Los niños vacunados con bajo peso al nacer tenían 14,5 veces más probabilidades de recibir un diagnóstico que los niños no vacunados con peso normal al nacer.
También realicé dos estudios con Neil Z. Miller sobre niños vacunados y no vacunados, utilizando historiales médicos de seis consultas pediátricas distintas.
Nuestro primer estudio, “Análisis de los resultados sanitarios en niños vacunados y no vacunados: Retrasos en el desarrollo, asma, infecciones de oído y trastornos gastrointestinales” (“Analysis of Health Outcomes in Vaccinated and Unvaccinated Children: Developmental Delays, Asthma, Ear Infections and Gastrointestinal Disorders), publicado en 2020, se centró en las vacunas administradas durante el primer año de vida y los diagnósticos específicos que ocurren después del primer cumpleaños.
Los niños que recibieron una o más vacunas durante su primer año de vida tenían 2,2 veces más probabilidades de que se les diagnosticara un retraso del desarrollo, 4,5 veces más probabilidades de que se les diagnosticara asma y 2,1 veces más probabilidades de sufrir infecciones de oído en comparación con los niños no vacunados.
En nuestro segundo estudio, “Efectos sobre la salud de los niños vacunados frente a los no vacunados, con covariables para el estado de lactancia y el tipo de nacimiento” (“Health Effects in Vaccinated versus Unvaccinated Children, with Covariates for Breastfeeding Status and Type of Birth”), publicado en 2021, comparamos a niños totalmente vacunados, parcialmente vacunados y no vacunados en cuanto a incidencia de autismo, TDAH, asma, infecciones crónicas de oído, alergias graves y trastornos gastrointestinales.
En particular, los niños completamente vacunados tenían 5 veces más probabilidades de ser diagnosticados de autismo, 17,6 veces más probabilidades de ser diagnosticados de asma, 20,8 veces más probabilidades de ser diagnosticados de TDAH y 27,8 veces más probabilidades de ser diagnosticados de infecciones crónicas de oído en comparación con los niños completamente no vacunados.
En un análisis separado dentro de este mismo estudio, cambiamos el modelo estadístico para reflejar el estado de lactancia y el tipo de parto (normal o cesárea). Los niños no vacunados y amamantados obtuvieron mejores resultados que los niños vacunados y no amamantados cuando se comparó la incidencia de autismo, asma, TDAH, trastornos gastrointestinales, alergias graves e infecciones crónicas de oído.
Obtuvimos resultados similares al investigar el tipo de nacimiento y el estado de vacunación.
James Lyons-Weiler, Ph.D., y el Dr. Paul Thomas también publicaron un estudio en 2021, “Incidencia relativa de las visitas al consultorio y tasas acumuladas de diagnósticos facturados a lo largo del eje de la vacunación” (“Relative Incidence of Office Visits and Cumulative Rates of Billed Diagnoses Along the Axis of Vaccination”), en el que investigaban a los niños de la consulta pediátrica de Thomas en Portland, Oregón.
Este estudio comparó la incidencia relativa de visitas al consultorio por diferentes trastornos entre niños vacunados y no vacunados. Lyons-Weiler y Thomas descubrieron entre los niños vacunados aumentos significativos en las visitas a la consulta por fiebre, infecciones de oído, conjuntivitis, asma, problemas respiratorios, anemia, eczema, problemas de comportamiento, gastroenteritis, trastornos de peso/alimentación e infecciones respiratorias.
Cabe destacar que no hubo diagnósticos de TDAH entre los niños no vacunados, mientras que la tasa de diagnóstico entre los niños vacunados fue del 5,3%.
Por desgracia, la revista “International Journal of Environmental Research and Public Health” se retractó del estudio basándose en una única denuncia anónima. A Lyons-Weiler y Thomas no se les permitió rebatir las preocupaciones del denunciante en relación con las actitudes respecto a la búsqueda de asistencia sanitaria de las familias de niños no vacunados.
Sin embargo, Lyons-Weiler contraatacó con el Dr. Russell Blaylock en su artículo de 2022, “Revisión del exceso de diagnósticos de enfermedades y afecciones en niños cuyos padres dieron su permiso informado para vacunarlos”(“Revisiting Excess Diagnoses of Illnesses and Conditions in Children Whose Parents Provided Informed Permission to Vaccinate Them”)publicado en la “International Journal of Vaccine Theory, Practice, and Research” – un artículo en el que los autores demostraban definitivamente que los niños no vacunados tendían a visitar al pediatra más y no menos que los niños vacunados, lo que afirmaba su análisis original.
Capítulo 2 de “Vacunados-No vacunados” también destaca el estudio de 2022, “Asociación entre la exposición al aluminio de las vacunas antes de los 24 meses y el asma persistente entre los 24 y los 59 meses de edad”(“Association Between Aluminum Exposure From Vaccines Before Age 24 Months and Persistent Asthma at Age 24 to 59 Months”), realizado por científicos de los CDC que utilizaron la VSD para calcular el nivel de exposición al aluminio en las vacunas infantiles administradas hasta los 2 años de edad.
Los autores compararon los resultados de salud de los niños expuestos a más de 3 miligramos de aluminio en sus vacunas frente a los expuestos a menos de 3 miligramos de aluminio.
Aunque no se trataba de un verdadero estudio “vacunados-no vacunados”, ya que no había un grupo de control no vacunado (por desgracia, los CDC nunca incluyen uno), Kennedy y yo decidimos incluirlo en el libro debido a los alarmantes resultados del estudio.
Los autores del estudio descubrieron que los niños expuestos a niveles más altos de aluminio tenían 1,36 veces más probabilidades de que se les diagnosticara asma persistente antes de cumplir los 5 años.
A los niños diagnosticados de eccema y expuestos al nivel más alto de aluminio les fue aún peor y tuvieron 1,61 veces más probabilidades de que se les diagnosticara asma persistente antes de cumplir los 5 años.
Cada uno de estos resultados fue estadísticamente significativo, lo que nos lleva a preguntarnos cuál habría sido el riesgo de asma si los CDC hubieran optado por comparar a los niños vacunados expuestos al aluminio con una cohorte de niños no vacunados.
“Vacunados-No vacunados: Que hable la ciencia” (“Vax-Unvax: Let the Science Speak”) saldrá a la venta el 29 de agosto y se puede encargar por adelantado en Amazon, Barnes & Noble y otras librerías en línea.
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