El doctor Michel Goldman, catedrático de inmunología y farmacoterapia de la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica), sospecha que su tercera dosis de la vacuna COVID-19 de Pfizer puede haber disparado su cáncer.

Goldman, de 67 años, es uno de los defensores más conocidos de la investigación médica en Europa y ha promocionado las vacunas toda su vida.

Pero él dijo a “The Atlantic” que quiere que el debate sobre la vacuna COVID-19 sea transparente, por lo que hizo pública su sospecha de que la vacuna de refuerzo de Pfizer que se le inyectó el 22 de septiembre de 2021 puede haber inducido una rápida progresión de su linfoma angioinmunoblástico de células T (“angioimmunoblastic T-cell lymphoma”, AITL por sus siglas en inglés), un tipo de linfoma que se le había diagnosticado antes de se le inyectara la vacuna de refuerzo.

Después de su diagnóstico, Goldman dijo que se apresuró a ponerse la vacuna de refuerzo, creyendo que la necesitaría más que la mayoría de la gente porque una vez que empezara la quimioterapia, su sistema inmunitario se vería comprometido.

Pero tras recibir la inyección, el TAC de seguimiento de Goldman mostró algo inesperado: En sólo unos días, su cáncer había crecido tan rápido que se iluminaban puntos cancerosos por todo el escáner.

“Parecía que alguien había encendido fuegos artificiales dentro del cuerpo de Michel”, informó “The Atlantic”.

Goldman y su hermano, Serge Goldman, también científico y jefe de medicina nuclear del hospital universitario de la Universidad Libre de Bruselas, sospecharon que la inyección de refuerzo de COVID-19 de Goldman podía haber desencadenado la rápida proliferación del crecimiento canceroso en su cuerpo.

El TAC inicial había sido “un poco inquietante”, dijo Serge Goldman a “The Atlantic”, porque mostraba un grupo asimétrico de ganglios cancerosos alrededor de la axila izquierda de Goldman, donde se habían administrado las dos primeras dosis de la vacuna de Michel.

El TAC realizado después de la tercera dosis de Michel mostró que la asimetría del cáncer se había invertido y se agrupaba junto a la axila derecha, donde se le inyectó la tercera inyección.

Los hermanos sabían que podía tratarse de una mera coincidencia, pero pensaron que era importante investigar la posibilidad de que la vacuna pudiera estar detrás de la agrupación, porque podría significar que otras personas con ciertas formas de cáncer podrían correr el riesgo de que la vacuna COVID-19 hiciera que su cáncer progresara más rápidamente.

Así, el 25 de noviembre de 2021, los hermanos -que ya habían escrito juntos otros artículos- y otros colegas publicaron un informe de un caso en el que describían la experiencia de Michel Goldman e instaban a la comunidad científica a estudiar el fenómeno para ver si se producía en los pacientes diagnosticados con AITL.

“Dado que las vacunas de ARNm modificadas con nucleósidos activan fuertemente las células T auxiliares foliculares, es importante explorar el posible impacto de las vacunas de ARNm aprobadas contra el SARS-CoV-2 en las neoplasias que afectan a este tipo de células”, escribieron los autores.

Los hermanos dijeron que el estudio de caso “sugiere que la vacunación con la vacuna de ARNm [Pfizer-BioNTech] BNT162b2 podría inducir una rápida progresión del AITL”.

Sin embargo, señalaron que sería “prematuro” extrapolar los resultados del caso de Michel Goldman a otros pacientes con el mismo tipo de cáncer y que “se necesitan estudios específicos”.

Hacerlo público era “lo correcto”.

El estudio del caso de Michel Goldman se suma a la literatura científica que pretende comprender las relaciones entre las vacunas de ARNm y el funcionamiento de las células T auxiliares.

Por ejemplo, investigadores anteriores han observado que las vacunas de ARNm aceleran las células T auxiliares, lo que podría explicar por qué el AILT de Michel Goldman se disparó tras su tercera vacuna de refuerzo.

“Quizás las inyecciones dieron tal sacudida a sus células T auxiliares que se volvieron locas”, informó “The Atlantic”. “Si eran propensas a formar tumores, o si ya eran cancerosas, la sobreestimulación podría haber agravado el problema”.

Las investigaciones realizadas con escáneres corporales de algunas personas a las que se les inyectan vacunas de ARNm -incluidos pacientes con cáncer- muestran una mayor actividad en los ganglios linfáticos cercanos a la axila del lado en el que se recibió la inyección.

En febrero de 2018, un equipo de investigadores del Instituto de Genética del Cáncer de la Universidad de Columbia publicó un estudio en el que se utilizaron ratones con un par de mutaciones genéticas -las mismas dos mutaciones encontradas en el tumor de Michel Goldman-, demostrando que las mutaciones predisponen a las células T a volverse rebeldes.

El estudio también demostró que cuando se inyectaba a los ratones glóbulos rojos de oveja -como sustituto experimental de los microbios invasores- los ratones desarrollaban el mismo subtipo de linfoma que tenía Michel Goldman.

Michel Goldman dirigió anteriormente un esfuerzo europeo de 2.000 millones de dólares para acelerar la investigación de nuevos medicamentos y, en diciembre de 2020, se pronunció públicamente a favor de la seguridad de las vacunas de ARNm, la tecnología utilizada en las vacunas de Pfizer y Moderna COVID-19.

En ese momento, dijo que el mayor riesgo -especialmente para las personas vulnerables- es no vacunarse y que su principal preocupación con respecto a la vacunación con ARNm era que la gente pudiera utilizar los posibles efectos secundarios como argumento para no vacunarse.

En la actualidad dirige el Instituto de Innovación Interdisciplinar en Sanidad, o I3h, un centro universitario destinado a ayudar en proyectos de diseño de fármacos.

Michel Goldman no se arrepiente de haber hecho público su caso, a pesar de que presentaba pruebas desafiantes sobre la seguridad de las vacunas de ARNm para personas como él.

“Sigo convencido de que fue lo correcto”, dijo a “The Atlantic”.

Sigue insistiendo en que las vacunas COVID-19 son útiles para la gran mayoría de las personas, pero no está seguro de que él mismo vaya a aceptar que le inyecten otra dosis de refuerzo.

“No sé lo que haré”, dijo.