Abril es el Mes Mundial del Autismo, lo que lleva a figuras clave de la salud pública y a destacados medios de comunicación a festejar a los niños autistas y a centrarse en la importancia de la inclusión y el compromiso con ella.
Sin embargo, en la mayoría de las declaraciones oficiales y de la cobertura de los medios de comunicación se echa en falta un debate sobre cómo prevenir el autismo y cuáles pueden ser sus causas profundas.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció una nueva serie de iniciativas relacionadas con el autismo, aunque sus responsables parecen basarse en cifras subestimadas sobre la prevalencia del autismo en el mundo.
Los expertos que hablaron con “The Defender” criticaron las estimaciones de la OMS y sus materiales de formación, recientemente publicados, destinados a los cuidadores de niños autistas. Algunos argumentaron que El Autismo Habla (“Autism Speaks”) -la organización sin ánimo de lucro que desarrolló los materiales- tiene un historial cuestionable cuando se trata de abordar todo el alcance de los problemas relacionados con el trastorno del espectro autista (TEA).
Centrarse en la “inclusividad” en lugar de en la prevalencia y la prevención
Una proclama emitida el 31 de marzo por el Presidente Joe Biden “reconoce los logros de las personas neurodiversas” y reitera el “compromiso de la administración de apoyar la igualdad de derechos y la dignidad de todas las personas con espectro autista”.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, hizo pública una declaración en la que afirmaba: “Debemos hacerlo mejor, promoviendo una educación inclusiva, la igualdad de oportunidades laborales, la autodeterminación y un entorno en el que se respete a todas las personas”.
El tema de la ONU para el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo de este año era “Transformación: Hacia un mundo neuroinclusivo para todos“.
Un artículo del USA Today del 4 de abril afirmaba: “Abril ya está aquí, ¡y también el Mes de la Aceptación del Autismo!“, y lo calificaba de “un momento para elevar las voces autistas y compartir la alegría de la comunidad. … La aceptación, al fin y al cabo, va a promover una mayor inclusividad”.
El 29 de marzo la ONU publicó una hoja informativa sobre el TEA que contenía una retórica similar, centrándose en la necesidad de “acciones a nivel comunitario y social para una mayor accesibilidad, inclusión y apoyo”.
La hoja informativa de la ONU también afirmaba que “aproximadamente 1 de cada 100 niños tiene autismo”, citando un estudio de marzo de 2022.
Sin embargo, el estudio matiza esta afirmación diciendo: “Esta estimación representa una cifra media, y la prevalencia notificada varía sustancialmente según los estudios. No obstante, algunos estudios bien controlados han notificado cifras sustancialmente superiores.”
El estudio de 2022 también afirmaba:
“Los datos epidemiológicos disponibles concluyen que no hay pruebas de una asociación causal entre la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, y el autismo. Los estudios anteriores que sugerían una relación causal adolecían de defectos metodológicos.
“Tampoco hay pruebas que sugieran que ninguna otra vacuna infantil pueda aumentar el riesgo de autismo”.
En comparación, un estudio publicado el 24 de marzo en Resúmenes de vigilancia (“Surveillance Summaries”), compartidos por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y difundidos por los principales medios de comunicación, entre ellos “The New York Times“- descubrió que en 2020, “se estimó que uno de cada 36 niños de 8 años (aproximadamente el 4% de los niños y el 1% de las niñas) padecía TEA”.
“The Times” describió estos aumentos como una “tendencia de larga duración”, aunque con el matiz de que tales aumentos “podrían derivarse de otros factores, como una mayor concienciación y detección.”
Los “materiales de formación” de la OMS para cuidadores de niños autistas ignoran cuestiones médicas básicas
Dos días después de publicar su hoja informativa sobre el autismo, la OMS dio a conocer un conjunto de materiales de formación “para cuidadores de niños con retrasos o discapacidades del desarrollo, incluido el autismo”.
El material incluye “sesiones informativas pregrabadas” sobre diversos temas relacionados con el aprendizaje, el compromiso y el bienestar de la infancia, y “vídeos de consejos rápidos, cuestionarios y recordatorios… para apoyar el aprendizaje sostenido”.
Los materiales de formación irán acompañados del “lanzamiento de manuales de apoyo a las sesiones presenciales del programa de formación” a finales de este mes.
Según la OMS:
“El programa, que ya se ha puesto a prueba en formato presencial en más de 30 países, como Brasil, India, Italia y Kenia, enseña a los padres y otros cuidadores habilidades cotidianas que ayudan a potenciar el bienestar y el desarrollo de los niños con autismo y otras discapacidades del desarrollo.”
El programa de formación “se ha desarrollado con la colaboración de la organización no gubernamental “Autism Speaks”, [y] se ha diseñado específicamente para que pueda ser aplicado por proveedores no especializados, lo que resulta especialmente útil en comunidades con pocos recursos.” [and]
Los expertos en autismo que hablaron con “The Defender” discreparon con los materiales y con la implicación de “Austism Speaks” en ellos.
Polly Tommey, coproductora de “Vaxxed: Del encubrimiento a la catástrofe” (“Vaxxed: From Cover-Up to Catastrophe”) y directora de programación de CHD.TV, declaró a “The Defender”:
“‘Autism Speaks’ nunca aborda los problemas fundamentales de la mayoría de los niños diagnosticados de autismo. Nuestros niños están médicamente enfermos, la mayoría de las veces con graves problemas intestinales, encefalitis, entre otros muchos problemas de salud críticos.
“En lugar de ayudar a los padres a abordar esto, pidiendo respuestas reales para tratar el claro dolor del niño – por lo cual se golpean la cabeza contra cualquier cosa que puedan encontrar, dan agudos gritos de dolor, etc., ‘Autism Speaks’ constantemente pone supuestas soluciones para enseñar a su hijo a sentarse, hablar, caminar, etc.”.
“¿Podrías aprender algo viviendo con un dolor intenso?”
Brian Hooker, doctor y ingeniero técnico, director científico de “Children’s Health Defense”, comparte la opinión de Tommey. Le dijo a “The Defender”:
“Los funcionarios de AS [Autism Speaks] saben que las vacunas causan autismo y trabajan activamente para encubrir esa relación.
“En cierto modo, son peores que los CDC, ya que pretenden ayudar a las familias con autismo, pero descartan todo lo que sea útil (intervenciones biomédicas) y ocultan activamente las causas profundas de la discapacidad.”
En un artículo de diciembre de 2021 para “The Defender”, Toby Rogers, Ph.D., cuya tesis doctoral, “La economía política del autismo“, exploró la historia regulatoria de cinco clases de tóxicos que aumentan el riesgo de autismo, señaló que “‘Autism Speaks’ generó 94,7 millones de dólares en 2020 y no logró absolutamente nada.”
En una nota similar, Hooker dijo a “The Defender”:
“La inmensa mayoría de las donaciones recaudadas por AS se destinan a salarios e infraestructuras, y muy poco a ayudar realmente a las familias.
“Este es el legado de AS y desde entonces han encubierto activamente una relación causal mientras robaban a donantes desprevenidos fondos preciosos que podrían destinarse a ayudar a las familias y a encontrar respuestas.”
Tommey tampoco se contuvo en sus críticas a ‘Autism Speaks’ y a la OMS. Ella dijo:
“Los padres hemos tenido que convertirnos en médicos y resolverlo nosotros mismos. Una vez que nos ocupamos las tripas, etc., los niños mejoran.
“[Autism Speaks] gasta una fortuna en “soluciones” que no tienen sentido, por lo que deja a los padres desesperados y rechazados en lugar de hacer lo que aporta CHD: soluciones reales para las personas con autismo.
“La OMS y AS son una completa vergüenza para la comunidad autista. ¿Qué hace falta? ¿Cuánto tiene que aumentar el número de personas diagnosticadas? El autismo destruye vidas y familias. Tiene que acabar”.
La OMS y los CDC no realizan estudios sólidos sobre el impacto de las vacunas en la salud infantil
Otros datos presentados por los CDC, citando un estudio de 2019 en Pediatrics, afirmaron que “Alrededor de 1 de cada 6 (17%) niños de 3 a 17 años fueron diagnosticados con una discapacidad del desarrollo, según lo informado por los padres, durante un período de estudio de 2009 a 2017. Estos incluyeron autismo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, ceguera y parálisis cerebral, entre otros.”
Barbara Loe Fisher, cofundadora y presidenta del Centro Nacional de Información sobre Vacunas (“National Vaccine Information Center”, NVIC por sus siglas en inglés) y coautora del libro de 1985 “DPT: A Shot in the Dark“, discrepó de las declaraciones de la OMS y de organismos como los CDC.
Fisher declaró a “The Defender”:
“Los funcionarios de la OMS, al igual que los funcionarios de los CDC, se niegan a llevar a cabo estudios epidemiológicos metodológicamente sólidos que comparen los resultados de salud de los niños que reciben seis docenas de dosis de vacunas recomendadas por el gobierno federal con los resultados de salud de los niños que permanecen parcialmente vacunados o no vacunados, para determinar la prevalencia del autismo en ambos grupos”.
“Se niegan a financiar estudios de mecanismos biológicos para determinar a nivel molecular y celular qué ocurre en el organismo de niños que están sanos que retroceden en su evolución y desarrollan autismo tras ser vacunados.”
Fisher se refirió a un informe de 2013 publicado por el Instituto de Medicina, parte de la Academia Nacional de Ciencias, que concluyó que “no hay suficientes pruebas científicas para determinar si el calendario de vacunas infantiles recomendado está o no asociado con el desarrollo del autismo”, señaló Fisher.
Un comunicado de prensa del NVIC del 16 de enero de 2013 respaldaba algunas -aunque no todas- las conclusiones del informe del Instituto de Medicina.
Esto incluía recomendaciones que instaban a los funcionarios federales de sanidad a:
- Evaluar las pruebas sobre la confianza pública en el calendario de vacunas infantiles recomendado a nivel federal.
- Definir los posibles resultados adversos para la salud de las vacunas y las poblaciones biológicamente más susceptibles de sufrir reacciones y lesiones vacunales.
- Hacer de la evaluación de la seguridad del calendario de vacunas infantiles una prioridad de la investigación científica.
El NVIC no apoyó dos de las recomendaciones del Instituto de Medicina, entre ellas que “los ensayos clínicos prospectivos, incluidos los ensayos de cohortes, no son útiles para examinar la seguridad del calendario de vacunas infantiles” y la “recomendación de que la futura investigación sobre la seguridad de las vacunas sea realizada por el DHHS [Department of Health and Human Services] y sus socios corporativos utilizando los sistemas cerrados de bases de datos existentes”.
Fisher declaró a “The Defender” que la relación entre autismo y vacunación se conoce desde 1985, cuando se publicó “DPT: A Shot in the Dark”.
El libro “sugería que los niños que desarrollan una inflamación del cerebro (encefalitis/encefalopatía) tras recibir la vacuna de la tos ferina de células enteras en inyecciones DPT pueden desarrollar una disfunción neurológica crónica que incluye síntomas de autismo.”
Según Fisher, “se siguen acumulando pruebas anecdóticas de que las reacciones a ciertas vacunas, como la DPT/DTaP, la triple vírica y la de la hepatitis B, pueden causar disfunciones cerebrales que adoptan la forma de autismo.”
Sin embargo, el número de vacunas que figuran en el calendario de vacunación infantil de los CDC ha aumentado considerablemente en comparación con los requisitos de vacunación de mediados de la década de 1980“, afirmó Fisher.
Ella dijo:
“Sin embargo, la OMS y la comunidad médica mundial siguen negando la asociación y escondiendo esas pruebas bajo la alfombra, al tiempo que no dan ninguna explicación creíble de por qué la prevalencia del autismo ha aumentado drásticamente en Estados Unidos en las últimas cuatro décadas, pasando de uno de cada 2.500 niños a uno de cada 36, lo que coincide con la triplicación del número de dosis de vacunas que se administran a bebés y niños de acuerdo con el calendario de vacunas infantiles recomendado por el gobierno.”
Un estudio publicado en Cureus el 2 de febrero halló una correlación estadística positiva entre las tasas de mortalidad infantil y el número de dosis de vacunas recibidas por los bebés, lo que confirma los hallazgos realizados por los mismos investigadores hace una década.
El estudio señalaba que Estados Unidos, junto con Grecia, era el país que exigía más vacunas (26) para los lactantes.