A más de cuatro meses del lanzamiento de las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna en EE.UU., las autoridades sanitarias pusieron en marcha un ensayo clínico para estudiar las reacciones alérgicas a las vacunas.

El Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (‘National Institute of Allergy and Infectious Diseases’, NIAID por sus siglas en inglés) anunció el ensayo el 7 de abril, un día después de que investigadores del Reino Unido publicaran un estudio que confirmaba que el polietilenglicol (PEG), un compuesto presente en las dos vacunas, causó la reacción anafiláctica experimentada por una mujer que recibió la vacuna de Pfizer.

Sin embargo, un examen minucioso de las directrices del ensayo del NIAID revela que el estudio excluye a los individuos con más probabilidades de experimentar reacciones alérgicas a las vacunas: los que tienen alergias a la PEG y trastornos autoinmunes.

El estudio del Reino Unido se centró en una mujer de 52 años

El 6 de abril, investigadores del Departamento de Alergia y Oncología de los Hospitales Universitarios de Cambridge y del ‘National Health Service Foundation Trust de Cambridge’ (Reino Unido) publicaron una carta de investigación en ‘Clinical and Experimental Allergy’. La carta – “El polietilenglicol (PEG) es una causa de anafilaxia a la vacuna COVID-19 de ARNm de Pfizer/BioNTech”- confirmó que el PEG es el culpable del creciente número de informes de anafilaxia tras la administración de las vacunas de ARNm de Pfizer y Moderna.

Los investigadores del Reino Unido realizaron una serie de pruebas de alergia por punción cutánea a una mujer de 52 años que requirió atención médica inmediata tras recibir la vacuna COVID-19 de Pfizer. La mujer desarrolló un estrechamiento de la garganta y una tos seguida de pérdida de conciencia.

La mujer dijo a los investigadores que anteriormente había experimentado reacciones alérgicas y urticaria a múltiples productos, entre ellos champús, acondicionadores y geles de ducha que contenían PEG, y ardor inmediato en la boca con dentífricos y enjuagues bucales que contenían PEG. Antes de su vacunación no se sabía que fuera alérgica a la PEG.

Bajo supervisión médica, la mujer se sometió a pruebas de alergia por punción cutánea para comprobar su reacción a los excipientes de la vacuna de Pfizer (compuestos inertes, PEG y polisorbato 80) y la vacuna COVID-19 de AstraZeneca). Todas las pruebas de punción en la piel para la alergia dieron negativas, con la excepción del PEG.

Los investigadores informaron de que 12 minutos después de la prueba cutánea de PEG el paciente desarrolló una reacción sistémica con prurito generalizado (picor), urticaria y tos con constricción de la garganta. Su presión arterial bajó, lo que hizo necesario un tratamiento de emergencia con adrenalina intramuscular, clorfeniramina intravenosa e hidrocortisona. Su presión arterial mejoró entonces, pero la tos persistió, con una caída de la saturación de oxígeno al 85%. Esto provocó la necesidad de una segunda dosis de adrenalina intramuscular.

Los investigadores concluyeron por primera vez que la alergia al PEG era responsable de una anafilaxia grave por la vacuna COVID-19. Recomendaron que, en el caso de los pacientes con alergia sospechada o comprobada al PEG, se eviten las vacunas de ARNm que contengan PEG, así como las vacunas que contengan polisorbato 80, que es estructuralmente similar al PEG y está presente en otras formulaciones de vacunas COVID.

Las vacunas de ARNm COVID-19, rápidamente desarrolladas y actualmente distribuidas, se basan en un nuevo sistema portador basado en nanopartículas que utiliza PEG. El sistema portador de nanopartículas lipídicas (LNP) utilizado en las vacunas COVID-19 de Pfizer y Moderna para facilitar el suministro del ARNm en la célula está pegilado, es decir, recubierto de PEG. El recubrimiento de la nanopartícula lipídica con PEG impide que se descomponga en el organismo tras la inyección.

Un estudio estadounidense diseñado para excluir a las personas con más probabilidades de sufrir una reacción anafiláctica

Al día siguiente del informe de Cambridge, el NIAID anunció su estudio para investigar las reacciones alérgicas a las vacunas Moderna y Pfizer COVID. El director del NIAID, el Dr. Anthony Fauci, declaró:

“El público, comprensiblemente, se ha preocupado por los informes de reacciones alérgicas graves y poco frecuentes a las vacunas COVID-19 de Moderna y Pfizer-BioNTech… La información recopilada durante este ensayo ayudará a los médicos a asesorar a las personas muy alérgicas o con un trastorno de mastocitos sobre los riesgos y beneficios de ponerse estas dos vacunas. Sin embargo, para la mayoría de las personas, los beneficios de la vacunación con COVID-19 superan con creces los riesgos.”

La investigación no es pequeña tarea. El estudio del NIAID inscribirá a 3.400 adultos de entre 18 y 69 años en hasta 35 centros académicos de investigación de alergias de todo el país.

La investigación está diseñada únicamente para “estimar las proporciones de reacciones alérgicas sistémicas a la Vacuna COVID-19 de Pfizer-BioNTech y a la Vacuna COVID-19 de Moderna en una población con alta alergia/trastorno de células madre (HA/MCD), y si el riesgo en la HA/MCD es demostrable, determinar si las proporciones son mayores en la HA/MCD en comparación con una población no atópica”.

No se menciona que se intente determinar qué ingrediente específico de las vacunas de ARNm es el causante de las reacciones alérgicas, que no son raras. En Estados Unidos, se notificaron 24.841 casos de anafilaxia tras las vacunas COVID entre el 14 de diciembre de 2020 y el 16 de abril al Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. De ellos, el 43% de los informes se atribuyeron a la vacuna de Pfizer, el 47% a Moderna y el 10% a la vacuna de Johnson & Johnson (que contiene polisorbato 80, pero no PEG).

Lo que es aún más preocupante de este estudio es que, según ClinicalTrials.gov, el estudio excluye exactamente a las personas que pueden tener reacciones alérgicas y anafilácticas a las vacunas.

En otras palabras, el estudio excluye a cualquier persona con: antecedentes de una reacción grave a cualquier componente de las vacunas COVID de Pfizer o Moderna; dermatitis de contacto con reacción confirmada a la prueba del parche al PEG o al Doxil® (un fármaco que contiene PEG); trastornos autoinmunes o de otro tipo que requieran inmunomoduladores sistémicos; y/o urticaria aguda (ronchas) en los 28 días anteriores a que se inscribieran en el estudio.

Es importante señalar que en los ensayos clínicos de estas vacunas, los fabricantes de medicamentos también excluyeron a los individuos con antecedentes de reacciones alérgicas graves, lo que es una explicación de por qué estos eventos adversos no se reconocieron antes de la autorización de uso de emergencia.

Estudios anteriores destacan el riesgo potencial de alergias a la PEG

Un histórico estudio de 2016 publicado en ‘Analytical Chemistry’ informó de niveles detectables, y a veces elevados, de anticuerpos anti-PEG en aproximadamente el 72% de las muestras humanas contemporáneas y alrededor del 56% de las muestras históricas de los años 70 a los 90.

Del 72% con anticuerpos IgG contra el PEG, el 8% tenía anticuerpos IgG contra el PEG superiores a 500ng/ml, lo que se considera extremadamente elevado y un riesgo potencial de reacciones alérgicas graves. Los autores de ese estudio concluyeron que “…la detección sensible y la cuantificación precisa de los niveles de Ab antiPEG en un entorno clínico serán esenciales para garantizar el uso seguro de los medicamentos PEGilados en todas las poblaciones de pacientes objetivo en el futuro.”

Según un estudio de 2017el cribado y el seguimiento de los abs antiPEG en sangre antes y durante el tratamiento con fármacos que contienen PEG son de especial importancia para garantizar la seguridad y mantener la eficacia terapéutica. La generación de abs antiPEG puede acelerar el aclaramiento de los fármacos PEGilados, reduciendo así la eficacia terapéutica. Además, la existencia de abs antiPEG amenaza la seguridad del paciente con anafilaxia y otras reacciones”.

En enero de 2019, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), el Centro para la Evaluación e Investigación de Medicamentos y el Centro para la Evaluación e Investigación de Productos Biológicos publicaron una guía con el documento “Immunogenicity Testing of Therapeutic Protein Products – Developing and Validating Assays for Anti-Drug Antibody (ADA) Detection: Guidance for Industry”, (“Pruebas de inmunogenicidad de productos proteicos terapéuticos: desarrollo y validación de ensayos para la detección de anticuerpos antidrogas (ADA): orientación para la industria”).

El documento cita investigaciones que aborda específicamente la necesidad de “comprender adecuadamente el riesgo de anticuerpos antifármaco… en productos con modificaciones como la pegilación” y afirma que “la información sobre las respuestas inmunitarias observadas durante los ensayos clínicos, en particular la incidencia de la inducción de anticuerpos antifármaco o cualquier implicación de las respuestas ADA que afecten a la farmacocinética, la farmacodinámica, la seguridad o la eficacia es crucial para cualquier programa de desarrollo de productos proteicos terapéuticos”.

Es desconcertante cómo se permitió a una tecnología de vacunas nunca antes utilizada que contenía un polímero sintético, no degradable y cada vez más controvertido (PEG), que se sabe que está asociado con respuestas inmunitarias adversas y con el desarrollo de anticuerpos antimedicamentos, que evitara el cimiento fundamental del desarrollo farmacéutico, que es la prueba inmunológica.

‘Children’s Health Defense’ advirtió a la FDA sobre las alergias al PEG el año pasado

El 25 de septiembre de 2020, Robert F. Kennedy Jr., presidente de ‘Children’s Health Defense’ y principal asesor jurídico, envió una carta a Steven Hahn, director de la FDA, y a Peter Marks, director del Centro de Evaluación e Investigación Biológica, con copia a Fauci, en la que Kennedy expresaba su preocupación por el uso de PEG en los ensayos de la vacuna Moderna COVID, debido al desarrollo de anticuerpos anti-PEG y también porque en los últimos años, el PEG ha sido objeto de un aumento de escrutinio.

En la carta dirigida a la FDA, ‘Children’s Health Defense’ recomendó que se tomaran medidas adicionales para reducir el riesgo de exponer a los participantes en el ensayo a una sustancia contra la que hasta el 72% de la población estadounidense puede tener anticuerpos preexistentes que podrían provocar respuestas alérgicas potencialmente mortales y disminuir la eficacia de la vacuna.

Los pasos recomendados incluyeron:

  • Examen previo de los participantes en el ensayo para detectar la presencia y los títulos de anticuerpos anti-PEG
  • Utilizar estos datos para caracterizar la posible asociación y el impacto de los anticuerpos antiPEG en las reacciones adversas del ensayo
  • Identificar el nivel de títulos de anticuerpos antiPEG que impiden la administración segura de la vacuna en ausencia de medidas secundarias para hacer frente a la respuesta inmunitaria antiPEG
  • Medición del impacto de la respuesta inmunitaria anti-PEG en la eficacia de la vacuna

Lamentablemente, la FDA y los Institutos Nacionales de Salud (‘National Institutes of Health’, NIH por sus siglas en inglés) se negaron a tener en cuenta nuestras recomendaciones basadas en la ciencia que podrían haber evitado la respuesta anafiláctica a la vacuna experimentada por la mujer de 52 años y por miles de personas más.

En lugar de diseñar un estudio que excluya al culpable más probable de estas reacciones, pedimos a la FDA y a los NIH que realicen los estudios recomendados por sus propios documentos de orientación, como recomendó ‘Children’s Health Defense’ en septiembre de 2020 y que debería haberse hecho como parte de los ensayos clínicos.