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29-11-2023 News

Big Tech

“Si nos salimos con la nuestra, es legal”: Documentos revelan nuevos detalles sobre el “complejo de la industria de la censura” del gobierno de EE.UU.

Los “Archivos de CTIL”, basados en documentos recibidos de un denunciante anónimo pero “altamente creíble”, según los periodistas de investigación Michael Shellenberger, Alex Gutentag y Matt Taibbi, describen las actividades de censura del gobierno estadounidense que se remontan a 2017.

ctil files government censor feature

Las agencias gubernamentales, las empresas del sector privado, el mundo académico y las organizaciones sin ánimo de lucro colaboraban para combatir la supuesta “información errónea” y la “desinformación” ya en 2017, según nuevos documentos publicados el martes.

Los “Archivos de CTIL” que se refieren a la Liga de Inteligencia sobre Ciberamenazas (“Cyber Threat Intelligence League”), o la Liga CTI, un actor clave en el llamado “Complejo de la industria de la censura”, se basan en documentos recibidos de un informante anónimo pero “altamente creíble”, según los periodistas de investigación Michael Shellenberger, Alex Gutentag y Matt Taibbi, que hicieron públicos los archivos.

Los nuevos documentos rivalizan o superan en “escala e importancia” a los “Archivos deTwitter” y los “Archivos de Facebook“, según los periodistas, dos de los cuales -Shellenberger y Taibbi- desempeñaron un papel decisivo en la publicación de muchos de los “Archivos de Twitter” que llamaron por primera vez la atención sobre el “Complejo de la industria de la censura“.

Una visión completa del nacimiento del sector “antidesinformación”

Los documentos, que los periodistas detallaron en Substack, se centran en las actividades de la Liga CTI, que “comenzó oficialmente como el proyecto voluntario de científicos de datos y veteranos de defensa e inteligencia, pero cuyas tácticas con el tiempo parecen haber sido absorbidas por múltiples proyectos oficiales, incluidos los del Departamento de Seguridad Nacional (“Department of Homeland Security”, DHS por sus siglas en inglés)”.

Según los periodistas, los documentos de la Liga CTI “ofrecen el eslabón perdido … a cuestiones clave no abordadas en los Archivos de Twitter y los Archivos de Facebook” y “ofrecen una imagen completa del nacimiento del sector de la ‘antidesinformación'”.

“Los documentos del denunciante describen desde la génesis de los modernos programas de censura digital hasta el papel de las agencias militares y de inteligencia, las asociaciones con organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación comerciales, y el uso de cuentas títere y otras técnicas ofensivas”, escribieron los periodistas.

Los documentos de los “Archivos de CTIL” muestran a miembros de la Liga CTI, funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional y figuras clave de empresas de medios sociales “colaborando estrechamente en el proceso de censura.”

Este “modelo público-privado” sentó las bases para las campañas “antiinformación errónea” y “antidesinformación” lanzadas por los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido en 2020 y 2021, escribieron los periodistas, incluidos los intentos de eludir las protecciones de la Primera Enmienda contra la censura gubernamental de la expresión en Estados Unidos.

Estas tácticas incluían “enmascarar la censura dentro de las instituciones de ciberseguridad y las agendas de lucha contra la desinformación; centrarse en detener las narrativas desfavorecidas, no sólo los hechos erróneos; y presionar a las plataformas de medios sociales para que retiren información o tomen otras medidas para evitar que el contenido se haga viral”, añadieron.

Sin embargo, la Liga CTI fue aún más lejos, según los periodistas, participando “en operaciones ofensivas para influir en la opinión pública, discutiendo formas de promover ‘contramensajes’, cooptar hashtags, diluir mensajes desfavorables, crear cuentas de usuarios títeres e infiltrarse en grupos privados de sólo invitación”.

Este tipo de censura se encuentra en el núcleo de Misuri y otros contra Biden y otros, un caso de censura de la Primera Enmienda en el que se dictaron medidas cautelares contra varias agencias federales y funcionarios del gobierno, prohibiéndoles comunicarse con las empresas de medios sociales en relación con el contenido de los usuarios. Las medidas cautelares están siendo revisadas por el Tribunal Supremo de Estados Unidos.

Ex analista de inteligencia británico acusado de crear un proyecto de contra-desinformación

Los periodistas escribieron que, aunque las anteriores publicaciones de los “Archivos de Twitter” y los “Archivos de Facebook” revelaban “pruebas abrumadoras de censura patrocinada por el gobierno”, no habían revelado “de dónde surgió la idea de tal censura masiva”.

La denunciante alegó que una figura clave de la Liga CTI, “una “ex” analista de inteligencia británica, estaba “en la habitación” de la Casa Blanca de Obama en 2017 cuando recibió las instrucciones para crear un proyecto de contra-desinformación para detener una “repetición de 2016″.”

En 2019, esta analista, Sara-Jayne “SJ” Terp, había “desarrollado el marco de censura de barrido”, dirigiendo un equipo de “contratistas militares y de inteligencia” de Estados Unidos y el Reino Unido que “codirigieron CTIL”. Anteriormente, en 2018, Terp asistió a un ejercicio militar de 10 días organizado por el Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos, según los periodistas.

Fue allí donde Terp conoció a Pablo Breuer, ex comandante de la Marina estadounidense, que se convirtió en una figura clave de la Liga CTI. Según Wired, ambos se dieron cuenta de que la información errónea “podía tratarse… como un problema de ciberseguridad”. Esto llevó al desarrollo de CogSec, que pronto albergó el “Grupo de Trabajo MisinfoSec“.

“El plan de Terp, que compartió en presentaciones a grupos de seguridad de la información y ciberseguridad en 2019, era crear ‘comunidades Misinfosec’ que incluirían al gobierno”, escribieron los periodistas.

En la primavera de 2020, parece que Terp logró este plan, ya que la Liga CTI se asoció con la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructuras (“Cybersecurity and Infrastructure Security Agency”, CISA por sus siglas en inglés), que ha sido implicada en anteriores publicaciones de los “Archivos de Twitter” por su papel en el “Complejo de la industria de censura”.

El Grupo de Trabajo MisinfoSec incluía a Renee DiResta, una antigua agente de la CIA que trabajaba para la Asociación para la Integridad de las Elecciones (“Election Integrity Partnership”, EIP por sus siglas en inglés), más tarde rebautizada Proyecto Viralidad (“Virality Project”, VP por sus siglas en inglés). Este grupo “creó una estrategia de censura, influencia y lucha contra la desinformación denominada Tácticas y Técnicas Adversarias de Influencia e Información Errónea (“Adversarial Misinformation and Influence Tactics and Techniques”, AMITT)”.

Según los periodistas, AMITT adaptó “un marco de ciberseguridad desarrollado por MITRE, un importante contratista de defensa e inteligencia que cuenta con un presupuesto anual de entre 1.000 y 2.000 millones de dólares de financiación gubernamental”. MITRE es uno de los patrocinadores de la Iniciativa de credenciales de vacunación y la Tarjeta sanitaria SMART: un “pasaporte de vacunas“.

Terp utilizó el AMITT para desarrollar el marco DISARM, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aplicó para “contrarrestar las campañas antivacunación en toda Europa”.

El mismo marco “ha sido adoptado formalmente por la Unión Europea y Estados Unidos como parte de una ‘norma común para el intercambio de información estructurada sobre amenazas de manipulación e interferencia de información extranjera’,” según los periodistas.

‘¿Podemos poner un troll en sus culos?’

Según los periodistas, la motivación de MisinfoSec para la contrainformación errónea fueron los “terremotos políticos gemelos de 2016: Brexit y la elección de Trump”.

“Hay algo que no cuadra en nuestro panorama informativo”, escribieron Terp y otros miembros de la Liga CTI, según los documentos.

“Los idiotas útiles de siempre y los quintacolumnistas -ahora aumentados por bots automatizados, cyborgs y trolls humanos- se afanan en manipular la opinión pública, avivando la indignación, sembrando la duda y minando la confianza en nuestras instituciones. Y ahora son nuestros cerebros los que están siendo pirateados”, añadieron.

En la primavera de 2020, la Liga CTI puso su punto de mira en las narrativas relacionadas con COVID-19, dirigiéndose a los usuarios que participaban en mensajes contrarios a la política oficial.

“CTIL comenzó a rastrear e informar sobre contenido desfavorable en las redes sociales, como narrativas contra el confinamiento como ‘todos los trabajos son esenciales’, ‘no nos quedaremos en casa’ y ‘abran América ahora’,” escribieron los periodistas.

“Como parte de estos esfuerzos, CTIL creó un canal de información sobre contenidos para las fuerzas del orden. La organización también investigó a las personas que publicaban hashtags contra el confinamiento … y mantuvo una hoja de cálculo con los detalles de sus biografías en Twitter. El grupo también debatió la posibilidad de solicitar ‘retiros’ y denunciar dominios de sitios web a los registradores”, añadieron.

En cuanto a la narrativa de “no nos quedaremos en casa”, los documentos internos revelados por el denunciante mostraron que los miembros de la Liga CTI escribieron: “¿Tenemos suficiente para pedir que los grupos y/o cuentas sean retirados o, como mínimo, denunciados y revisados?” y “¿Podemos ponernos todos los trolls en sus culos si no?”.

También calificaron de “artefactos de desinformación” los carteles que circulan por Internet promocionando los carteles contra el confinamiento, afirmando que “deberíamos haberlo visto venir” y preguntándose “si podemos detener la propagación, si tenemos pruebas suficientes para detener a los superdifusores y si hay otras cosas que podamos hacer (si hay contramensajes a los que podamos hacer ping, etc.)”.

Durante las sesiones de intercambio de ideas de la Liga CTI para desarrollar estrategias de “contramensaje para cosas como animar a la gente a llevar mascarillas”, el personal de la CTI League pronunció frases como “La repetición es la verdad”, señalaron los periodistas.

La Liga CTI también pretendía ir “más allá de simplemente instar a Twitter a que coloque una etiqueta de advertencia en los tuits o a que incluya a personas en listas negras”.

Según los periodistas, “el marco de la AMITT exige desacreditar a las personas como requisito previo necesario para exigir la censura contra ellas” e “intentar que los bancos corten los servicios financieros a las personas que organicen concentraciones o actos”.

Como parte de estos esfuerzos, incluso la información veraz se convirtió en objetivo. En un podcast de 2019 sobre “Desinformación, seguridad cognitiva e influencia“, Terp admitió: “La mayoría de la información es realmente cierta… pero puesta en el contexto equivocado.”

“La mayoría de las veces no intentas que la gente se crea mentiras”, dijo. “La mayoría de las veces se trata de cambiar sus creencias. Y de hecho, más profundamente que eso, estás intentando cambiar, desplazar sus narrativas internas… el conjunto de historias que son la base de tu cultura”.

Las anteriores publicaciones de los “Archivos de Twitter” han revelado que la información veraz era objeto de censura por parte del gobierno estadounidense y de plataformas de medios sociales como Twitter si la información contradecía la política oficial relativa a las vacunas COVID-19 y sus restricciones.

La “seguridad cognitiva”, un eufemismo para la censura

En el mismo podcast, según los periodistas, Terp dijo: “La seguridad cognitiva es la situación que se quiere lograr. Se quiere proteger esa capa cognitiva. Básicamente, se trata de contaminación. La información errónea, la desinformación es una forma de contaminación en Internet”.

Los periodistas escribieron: “Un componente clave del trabajo de Terp a través de CTIL, MisinfoSec y AMITT fue insertar el concepto de ‘seguridad cognitiva’ en los campos de la ciberseguridad y la seguridad de la información”.

Esta “seguridad cognitiva” se veía amenazada por la erosión del control de los medios de comunicación sobre la información y su influencia en la opinión pública.

Los documentos revelados por el denunciante incluían un informe de MisinfoSec en el que se afirmaba que “durante mucho tiempo, la capacidad de llegar a audiencias enormes pertenecía al Estado-nación (por ejemplo, en EE.UU. a través de la concesión de licencias de emisión a través de ABC, CBS y NBC)”.

“Ahora, sin embargo, se ha permitido que el control de los instrumentos informativos recaiga en las grandes empresas tecnológicas, que se han mostrado felizmente complacientes y cómplices al facilitar a los operadores de la información el acceso al público por una fracción de lo que les habría costado por otros medios”, señala el informe.

El mismo informe también abogaba por una forma de “pre-bunking”, para “inocular preventivamente a una población vulnerable contra los mensajes”, sugiriendo que los Centros de Análisis e Intercambio de Información financiados por el DHS podrían utilizarse para promover dicho “pre-bunking”.

“Si nos salimos con la nuestra, es legal”

Los documentos revelan que se buscaron específicamente asociaciones público-privadas en un intento de eludir las protecciones a la libertad de expresión de la Primera Enmienda en Estados Unidos, incluso mientras Bloomberg, “The Washington Post” y Wired escribían artículos elogiosos que presentaban a la Liga CTI como un mero grupo de expertos “voluntarios” en ciberseguridad.

Sin embargo, según los periodistas, “en sólo un mes, de mediados de marzo a mediados de abril [2020]la CTIL, supuestamente formada por voluntarios, había crecido hasta contar con “1.400 miembros examinados en 76 países” y había “ayudado a desmantelar 2.833 activos de ciberdelincuentes en Internet”, incluidos algunos que se hacían pasar por organizaciones gubernamentales, las Naciones Unidas y la OMS.

En el mismo podcast de 2019, según los periodistas, Breuer explicó cómo la Liga CTI estaba sorteando la Primera Enmienda, trabajando para conseguir “socios no tradicionales en una habitación”, incluyendo “tal vez a alguien de una de las empresas de medios sociales, tal vez algunos operadores de las fuerzas especiales, y algunas personas del Departamento de Seguridad Nacional.”

Juntos, “hablarán en un entorno abierto, sin atribuciones y sin clasificar, para que podamos colaborar mejor, con más libertad y empezar a cambiar realmente la forma en que abordamos algunas de estas cuestiones”, dijo Breuer.

Breuer incluso comparó estas tácticas con las empleadas por el gobierno chino: “Si hablas con el ciudadano chino medio, cree absolutamente que el Gran Cortafuegos de China no está ahí para censurar. Creen que está ahí porque el Partido Comunista Chino quiere proteger a la ciudadanía y creen absolutamente que eso es bueno”.

“Si el gobierno de EE.UU. intentara vender esa narrativa, perderíamos la cabeza y diríamos: ‘No, no, esto es una violación de nuestros derechos de la Primera Enmienda’. Así pues, los mensajes del grupo interno y del grupo externo tienen que ser a menudo diferentes”, afirmó.

El denunciante dijo a los periodistas que los dirigentes de la Liga CTI no discutieron su posible violación de la Primera Enmienda.

La idea era que si nos salíamos con la nuestra, era legal, y que no había problemas con la Primera Enmienda porque teníamos una “asociación público-privada”, que es la palabra que utilizaban para disimular esos problemas. Los particulares pueden hacer cosas que los funcionarios públicos no pueden hacer, y los funcionarios públicos pueden proporcionar el liderazgo y la coordinación”, dijo el denunciante.

Según los periodistas, los autores del informe MisinfoSec también “abogaron por la participación de la policía, el ejército y los servicios de inteligencia en la censura, a través de las naciones de los Cinco Ojos, e incluso sugirieron que Interpol debería participar”.

Los documentos de la Liga CTI también sugieren que la organización estaba implicada en una forma de espionaje nacional, con un documento en el que se señala que, mientras que las actividades de censura en el extranjero “normalmente” las llevan a cabo “la CIA y la NSA y el Departamento de Defensa”, tales esfuerzos “contra los estadounidenses” requieren el uso de socios privados porque el gobierno carece de la “autoridad legal” para hacerlo.

Según el denunciante, los miembros de la Liga CTI también hacían todo lo posible por ocultar sus actividades, y un manual de la Liga CTI recomendaba el uso de teléfonos desechables, seudónimos en línea y la creación de rostros falsos de inteligencia artificial. Un documento aconsejaba: “Cierra con llave… tu disfraz de espía”.

Una lista de preguntas sugeridas a los posibles miembros de la Liga CTI proponía preguntar si esas personas habían “trabajado anteriormente con operaciones de influencia (por ejemplo, desinformación, incitación al odio, otros daños digitales, etc.)” y si esos esfuerzos incluían “medidas activas” y “psyops” (operaciones psicológicas).

De hecho, según los documentos, varios miembros de la CTI League habían trabajado para el ejército o para agencias de inteligencia, mientras que, según el denunciante, “aproximadamente entre 12 y 20 personas activas implicadas en la CTIL trabajaban en el FBI o en el CISA”, incluso, durante un tiempo, mostrando los sellos de sus agencias junto a sus nombres en el canal Slack interno de la CTI League.

Terp, por ejemplo, diseñó anteriormente algoritmos de aprendizaje automático y sistemas de vehículos no tripulados para el Ministerio de Defensa del Reino Unido.

Según el denunciante, la Liga CTI pretendía “formar parte del gobierno federal”.

Shellenberger y Taibbi declararán ante el Congreso esta semana

Según los periodistas, el FBI declinó hacer comentarios, mientras que CISA, Terp y otras figuras de la Liga CTI no respondieron a las solicitudes de comentarios.

Sin embargo, un miembro de la Liga CTI, Bonnie Smalley, sí respondió a la petición de los periodistas. Escribió textualmente: “todo lo que puedo comentar es que me uní a la liga cti, que no está afiliada a ninguna organización gubernamental, porque quería combatir la tontería de inyectar lejía en línea durante la covid. … pero le aseguro que no tenemos nada que ver con el gobierno”.

“La CTIL parece haber generado publicidad sobre sí misma en la primavera y el otoño de 2020 por la misma razón que lo hizo la EIP: para afirmar más tarde que su trabajo estaba todo al descubierto y que cualquiera que sugiriera que era secreto estaba participando en una teoría de la conspiración”, escribieron los periodistas.

“Pero como los mensajes internos han revelado, mucho de lo que EIP hizo fue secreto, así como partidista, y exigiendo la censura de las plataformas de medios sociales, contrariamente a sus afirmaciones”, dijeron, añadiendo que “EIP y VP, ostensiblemente, terminó, pero CTIL es aparentemente todavía activo, basado en las páginas de LinkedIn de sus miembros.”

Según los periodistas, los documentos se presentarán a los investigadores del Congreso y se harán públicos, protegiendo al mismo tiempo la identidad del denunciante.

Shellenberger y Taibbi testificarán en la audiencia del jueves del Subcomité Selecto sobre la Utilización como un Arma del Gobierno Federal. Ya habían testificado previemente ante la misma comisión en marzo.

El martes, Taibbi apareció en un webcast en directo en YouTube presentando algunas de las revelaciones clave de la primera entrega de los “Archivos CTIL”.

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