El 8 de diciembre de 2020, el Comité Asesor de Vacunas y Productos Biológicos Relacionados (‘Vaccines and Related Biological Products Advisory Committee’, VRBPAC por sus siglas en inglés) de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (‘U.S. Food and Drug Administration’, FDA, por sus siglas en inglés) recibió una presentación pública de J. Patrick Whelan, M.D., Ph.D. La presentación fue escrita en respuesta a la solicitud del organismo de comentarios sobre las vacunas contra el SARS-CoV-2 antes de la reunión del 10 de diciembre, cuando el comité revisaría la vacuna Pfizer/BioNTech (BNT162b2) SARS-CoV-2 para la autorización de uso de emergencia (’emergency use authorization’, EUA por sus siglas en inglés).

La formación de Whelan (en Harvard, el Hospital de niños de Texas y el Baylor College of Medicine) incluye títulos en bioquímica, medicina y reumatología. Durante 20 años, trabajó como reumatólogo pediátrico. Actualmente se especializa en el tratamiento de niños con síndrome inflamatorio multisistema (‘multisystem inflammatory syndrome’, MIS-C por sus siglas en inglés), que se ha asociado con infecciones por coronavirus.

En su presentación pública, Whelan trató de alertar a la FDA sobre el potencial para causar lesiones de las vacunas diseñadas para crear inmunidad a la proteína de pico SARS-CoV-2.

Específicamente, Whelan estaba preocupado de que la nueva tecnología de vacuna de ARNm utilizada por Pfizer y Moderna tiene “el potencial de causar lesiones microvasculares (inflamación y pequeños coágulos sanguíneos llamados microtrombos) en el cerebro, el corazón, el hígado y los riñones de formas que no fueron evaluadas en los ensayos de seguridad.”

Si bien Whelan no cuestificó el potencial de las vacunas para detener rápidamente la propagación del virus (suponiendo que las vacunas demuestren prevenir realmente la transmisión, algo que tampoco fue evaluado en los ensayos clínicos), advirtió que “sería infinitamente peor si cientos de millones de personas sufrieran daños duraderos o incluso permanentes en su cerebro o a la microvasculatura cardíaca como resultado de no haber apreciado en el corto plazo un efecto no intencional de la proteína de pico de longitud completa sobre otros órganos.

Desafortunadamente, las preocupaciones de Whelan no fueron reconocidas, y la agencia en cambio se basó en los datos limitados de los ensayos clínicos. El VRBPAC respaldó el uso de la vacuna Pfizer el 10 de diciembre. Al día siguiente, la FDA emitió la primera autorización de uso de emergencia de vacunas COVID-19 permitiendo que la vacuna COVID-19 de Pfizer-BioNTech se distribuyese ampliamente en individuos de 16 años o más sin pedir los estudios adicionales que Whelan consideró que eran críticos para garantizar la seguridad de la vacuna, especialmente en niños.

¿Por qué Whelan estaba preocupado por la posibilidaad de que las vacunas de ARNm provoquen coágulos sanguíneos e inflamación?

Uno de los hallazgos peculiares y a menudo mortales con respecto a la infección por SARS-CoV-2 es el daño generalizado que ocurre en numerosos órganos más allá de los pulmones. Médicos de todo el mundo han visto evidencia que sugiere que el virus puede causar inflamación cardíaca, enfermedad renal aguda, mal funcionamiento neurológico, coágulos de sangre, daño intestinal y problemas hepáticos. Inesperadamente, sin embargo, los médicos observan una presencia muy limitada o inexistente del virus en órganos distintos de los pulmones.

Esto es lo que actualmente sabemos sobre el impacto del virus fuera de los pulmones.

Complicaciones cardiovasculares de COVID-19

Aunque originalmente se pensó que COVID-19 era una infección respiratoria, desde entonces se ha aclarado que la infección también amenaza el corazón.

La Dra. Aeshita Dwivedi, cardióloga del Hospital Lenox Hill de Nueva York, ha declarado:“A medida que la pandemia COVID-19 ha evolucionado, la investigación ha demostrado progresivamente el impacto de este virus en múltiples órganos del cuerpo, incluido el corazón”.

Se ha notificado que casi una cuarta parte de las personas hospitalizadas con COVID-19 experimentan lesiones miocárdicas y muchas desarrollan arritmias o enfermedad tromboembólica.

En un estudio prospectivo que siguió a 100 pacientes que se recuperaron de COVID-19, los investigadores encontraron en las resonancias magnéticas que el corazón estaba afectado en el 78% de los pacientes, y que había inflamación del miocardio en curso en el 60%. Estos hallazgos eran independientes de la gravedad de la infección, el curso general de la enfermedad y el tiempo transcurrido desde el diagnóstico original.

En octubre de 2020, los investigadores examinaron más detalladamente el corazón después de la muerte por COVID-19 y encontraron que “el daño cardíaco era común, pero más por la coagulación que por la inflamación” y que “los microtrombos (pequeños coágulos de sangre) eran frecuentes”.

“No esperábamos esto”, dijo un coautor del estudio, Dr. Renu Virmani, del Instituto CVPath en Gaithersburg, Maryland. “Parece poco probable que la invasión viral directa del corazón esté desempeñando un papel importante en provocar necrosis miocárdica y microtrombos”.

El Dr. Hyung Chun, un cardiólogo de Yale, sugiereque las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos potencialmente liberan citoquinas inflamatorias que exacerban aún más la respuesta inflamatoria del cuerpo y conducen a la formación de coágulos sanguíneos. Chun ha declarado: “El endotelio ‘inflamado’ probablemente contribuye no sólo al empeoramiento del resultado en COVID-19, sino que también se considera un factor importante que contribuye al riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares”.

Un estudio posterior publicado el mes pasado confirmó los hallazgos de microtrombos que resultaron en necrosis de miocitos, indicativo de un infarto de miocardio reciente (ataque al corazón), en 40 individuos que murieron a causa de una infección por COVID-19 — los estudios también identificaron los microtrombos como una causa importante de lesión cardíaca.

Complicaciones neurológicas de COVID

Individuos con COVID-19 experimentan un gran número de síntomas neurológicos, como dolores de cabeza, ataxia, deterioro de la conciencia, alucinaciones, accidente cerebrovascular y hemorragia cerebral.

Pero los estudios de autopsias aún no han encontrado evidencia clara de invasión viral destructiva en el cerebro de los pacientes, empujando a los investigadores a considerar explicaciones alternativas de cómo SARS-CoV-2 causa síntomas neurológicos.

En un estudio de 18 pacientes con COVID-19 con síntomas neurológicos que murieron en hospitales el pasado mes de abril, Mukerji y sus colegas encontraron niveles muy bajos de ARN viral, la fuente de los cuales es un misterio, en sólo cinco de los cerebros de los pacientes. Debido a que la baja concentración de ARN “parece desproporcionada a los profundos déficits que la gente está experimentando”, dijo Mukerji, “Me sorprendería mucho [si en] la mayoría de los casos en los que las personas tienen síntomas neurológicos se debiera a una invasión viral directa”.[if]

En unanálisis más recientepublicado el 4 de febrero de 2021, en el New England Journal of Medicine, investigadores del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes cerebrovascular documentaron lesiones microvasculares pero no evidencia de virus en el cerebro de pacientes que murieron de COVID-19. Informaron: “En una muestra de conveniencia de pacientes que habían muerto a causa de COVID-19, se observó una lesión microvascular multifocal en el cerebro y bulbos olfativos por medio de microscopía de resonancia magnética, evaluación histopatológica y análisis inmunohistoquímico de las secciones correspondientes, sin evidencia de infección viral.”

Si no es una infección viral, ¿qué más podría estar causando lesiones en órganos distantes asociados con COVID-19?

El culpable más probable que se ha identificado es la proteína de pico COVID-19 liberada desde la capa externa del virus a la circulación. La investigación citada a continuación ha documentado que la proteína de pico viral es capaz de iniciar una cascada de eventos que provoca daño a órganos distantes en pacientes con COVID-19.

De forma preocupante, varios estudios han encontrado que las proteínas de pico por sí solas tienen la capacidad de causar lesiones generalizadas en todo el cuerpo, sin ninguna evidencia de virus.

Lo que hace que este hallazgo sea tan perturbador es que las vacunas COVID-19 mRNA fabricadas por Moderna y Pfizer y que actualmente se administran en todo Estados Unidos programan a nuestras células para fabricar esta misma proteína de pico coronavirus como una forma de activar nuestros cuerpos para producir anticuerpos contra el virus.

Según la carta de Whelan a la FDA, la “vacuna Pfizer/BioNTech se compone de un ARNm que produce una proteína de pico de longitud completa anclada a la membrana.”

Un estudio histórico en Nature Neuroscience, publicado pocos días después de la carta de Whelan, encontró que la proteína COVID-19 de pico obtenida comercialmente (S1) inyectada en ratones cruzó fácilmente la barrera hematoencefálica, se encontró en las 11 regiones cerebrales examinadas y entró en el espacio cerebral parénquima (el tejido funcional en el cerebro).

Los investigadores reconocieron que una entrada tan generalizada en el cerebro podría explicar los diversos efectos neurológicos de S1 como la encefalitis, las dificultades respiratorias y la anosmia (la pérdida del olfato). La proteína de pico inyectada también se encontró en el pulmón, bazo, riñón e hígado de los ratones.

Un segundo estudio publicado en diciembre de 2020 en Neurobiología de la Enfermedad informó que las proteínas de pico SARS-CoV-2 mostraron un impacto negativo directo en las células endoteliales y proporcionaron “explicaciones plausibles” sobre las consecuencias neurológicas observadas en pacientes con COVID-19.

Los investigadores demostraron que la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), un objetivo de unión conocido para la proteína de pico SARS-CoV-2, se expresa “de forma omnipresente en varios calibres de los vasos en la corteza frontal”.

En otro estudio, los investigadores que analizaban los tejidos cerebrales de 13 casos fatales de COVID-19 encontraron pseudoviriones (proteínas de pico, envoltura y membrana sin ARN viral) presentes en la endotelia de microvasos de los 13 cerebros. Concluyeron que el daño endotelial de ACE2+ es una parte central de la patología SARS-CoV-2 y puede ser inducido por la proteína de espiga por sí solo. La inyección de la subunidad de pico S1 de longitud completa en la vena de la cola de los ratones, como parte del mismo estudio, condujo a signos neurológicos (aumento de la sed, comportamiento estresado).

Una complicación observada de la infección por SARS-CoV-2 en niños es similar al síndrome de shock atípico de la enfermedad de Kawasaki caracterizado por la hiperinflamación multisistémica, edema y vasculitis (MIS-C) que Whelan trata.

La investigación ha encontrado que la proteína de pico SARS-CoV-2 por sí sola es un potente inductor de disfunción endotelial, lo que sugiere que “las manifestaciones del síndrome de shock COVID-19 en niños pueden atribuirse al menos parcialmente a su acción”.

Volvamos ahora a las preocupaciones expresadas por Whelan en su carta a la FDA:

“Me preocupa la posibilidad de que las nuevas vacunas destinadas a crear inmunidad contra la proteína de pico SARS-CoV-2 puedan causar lesiones microvasculares en el cerebro, el corazón, el hígado y los riñones de una manera que actualmente no parece ser evaluada en los ensayos de seguridad de estos fármacos potenciales”.

Whelan se refería al hecho de que las vacunas de ARNm funcionan incorporando el plano genético de la proteína de pico clave en la superficie del virus en una fórmula que, cuando se inyecta en humanos, instruye a nuestras propias células para que produzcan la proteína de pico.

En teoría, el cuerpo entonces producirá anticuerpos contra la proteína de pico para proteger contra la infección por SARS-CoV-2.

El problema de este escenario, como vimos anteriormente, es que, por sí sola, la proteína de pico que las vacunas de ARNm le dicen al cuerpo que produzca, ha sido implicada como una causa clave de lesiones y muerte en las infecciones por COVID-19.

Sobre la base de la investigación realizada hasta la fecha, es muy probable que algunos receptores de las vacunas de ARNm con la proteína de pico experimenten los mismos síntomas y lesiones asociadas con el virus.

Una vez más según Whelan, “el potencial de causar lesiones microvasculares (inflamación y pequeños coágulos sanguíneos llamados microtrombos) al cerebro, corazón, hígado y riñón … no fueron evaluados en los ensayos de seguridad.”

Whelan también declaró en su carta que “se requerirá especial precaución con respecto a la posible vacunación generalizada de los niños antes de que haya datos reales sobre la seguridad o eficacia de estas vacunas…”

Lamentablemente, destacando las preocupaciones de Whelan, un niño de 17 años fue hospitalizado recientemente en la UCI en Israel quejándose de fuertes dolores en el pecho unos días después de recibir la segunda dosis de la vacuna contra el coronavirus.

Desde la introducción generalizada de estas vacunas el 14 de diciembre de 2020, ‘Children’s Health Defense’ ha estado siguiendo los informes presentados en el Sistema de Informes de Eventos Adversos de Vacunas (‘Vaccine Adverse Event Reporting System’, VAERS por sus siglas en inglés), los medios de comunicación y correos electrónicos de personas y familiares que han experimentado reacciones adversas a la vacuna.

Hasta el 29 de enero, se habían notificado 11.249 acontecimientos adversos a OpenVAERS relacionados con las dos vacunas COVID-19 de ARNm. Los informes incluyeron 501 muertes, 1066 hospitalizaciones, 2443 visitas de atención urgente, 1447 visitas al consultorio y 147 casos de anafilaxia.

Lo que preocupa es que estos informes son sólo la punta del iceberg. Un estudio ejecutado por Harvard en 2010 encargado por el propio Departamento de Salud y Servicios Humanos (‘Department of Health and Human Services’, HHS, por sus siglas en inglés) reveló que las lesiones por vacunas notificadasa VAERS representan aproximadamente el 1% de las lesiones reales.

Incluso los fabricantes de vacunas han calculado al menos una “notificación de los eventos adversos de unas cincuenta veces menor”.

El 18 de diciembre de 2020, Robert F. Kennedy, Jr., presidente de ‘Children’s Health Defense’ y asesor jurídico principal, escribió al Dr. David Kessler, entonces copresidente del grupo de trabajo sobre coronavirus durante la transición de Biden y ahora el director científico de la respuesta COVID-19 del Presidente Biden, solicitando que Kessler considere la necesidad de un sistema amplio y de alta integridad para monitorear los resultados adversos después de la vacunación.

Esta solicitud tiene una importancia urgente a la luz de la decisión de la FDA de autorizar el uso de emergencia de las dos vacunas de ARNm después de los ensayos clínicos abreviados previos a la aprobación. Dado que las empresas de vacunas COVID-19 son inmunes a la responsabilidad por las lesiones causadas por sus productos, nuestros reguladores de salud pública tienen una responsabilidad amplificada de monitorear los eventos adversos. Hasta la fecha, no hemos recibido una respuesta de Kessler.

‘Children’s Health Defense’ comparte las mismas preocupaciones que Whelan y muchos otros médicos y científicos que han hablado sobre la falta de pruebas de seguridad y eficacia adecuadas antes de la distribución generalizada de las vacunas, especialmente en los niños.

Ignorar estas advertencias válidas y apoyadas científicamente puede dar lugar a cientos de millones de personas que sufran lesiones potencialmente mortales o daños permanentes después de la vacunación. También erosionará aún más la menguante confianza que nuestro país tiene en nuestras agencias reguladoras federales para proteger la salud de todos los estadounidenses.

Animamos a todos a ser consumidores informados a la hora de tomar decisiones sobre su salud, especialmente cuando se trata de vacunas. Le pedimos que si usted, un familiar o amigo ha sufrido algún tipo de efecto secundario adverso, de cualquier vacuna, haga las tres acciones siguientes:

  • Para los residentes de los Estados Unidos, primero presente su informe en el Sistema de Informes de Eventos Adversos de Vacunas (‘Vaccine Adverse Event Reporting System’, VAERS, por sus siglas en inglés) el sitio oficial del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (‘U.S. Department of Health and Human Services’, HHS por sus siglas en inglés).
  • Vaya a VaxxTracker.com para presentar un informe. Esta es una fuente independiente externa frente a una agencia gubernamental que rastrea las lesiones de las vacunas en todo el mundo.
  • Utilizando esta página en el sitio web de CHD, comparta su historia de lesiones de vacuna, imágenes o videos. CHD irá publicando estos eventos de forma anónima en el sitio web de The Defender.