La Coalición de la Nutrición (The Nutrition Coalition, TNC, por sus siglas en inglés) ha trabajado para alentar a que las Directrices dietéticas para los estadounidenses (Dietary Guidelines for Americans. DGA, por sus siglas en inglés) estén basadas en evidencia e incluyan a todos los estadounidenses. Con la novena iteración de las DGA publicada hoy, TNC sigue preocupado de que este documento regulatorio altamente influyente se dirija sólo a una minoría de estadounidenses, excluyendo al 60% de la población que, según los CDC, están diagnosticados con una o más enfermedades crónicas relacionadas con la dieta.

“Este estrecho alcance no cumple con el estatuto del Congreso de que las DGA se dirigen al ‘público en general’. El público en general está enfermo, afligido por enfermedades crónicas, y tenemos una política nacional de nutrición que las ignora”, declaró Nina Teicholz, directora ejecutiva de TNC.

Añadió:

“Las recomendaciones nutricionales que se enseñan a todos los estadounidenses deben reflejar necesariamente a todos los estadounidenses, y estas Directrices Dietéticas claramente no lo hacen. Las pautas se enfocan únicamente en la prevención de enfermedades, ignorando así al 60% de la población que ahora tiene diagnosticada una o más enfermedades relacionadas con la dieta, incluidas las cardiopatías, la obesidad, la diabetes, etc. El comité de expertos no examinó ninguna de las referencias científicas sobre cómo tratar con éxito estas enfermedades con nutrición, ni siquiera tuvieron en cuenta ningún estudio sobre la pérdida de peso. Que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (U.S. Department of Agriculture, USDA, por sus siglas en inglés) desarrolle una medida política tan centrada en una minoría de estadounidenses tiene poco sentido, especialmente porque estas Directrices se aplican a enfermos y a sanos por igual. Estas Directrices pueden ser de poca o ninguna utilidad para los millones de estadounidenses diagnosticados con enfermedades crónicas relacionadas con la dieta”.

Desde hace 40 años, las Directrices Dietéticas han funcionado como algo más que recomendaciones. Se podría decir que son la palanca más poderosa que influye en lo que comen los estadounidenses, una medida política ampliamente influyente que se considera el “estándar de oro”, seguido por la mayoría de los profesionales de la salud, los educadores de infantil a 18 años, los medios de comunicación y el ejército. Las DGA también impulsan las opciones de alimentos para los 100.000 millones de dólares gastados por el USDA en Programas de Asistencia Nutricional, para almuerzos escolares, asistencia de alimentación para ancianos y mujeres con niños pequeños, alimentos para comunidades desfavorecidas y más.

“Las poblaciones de estos programas del USDA tienen tasas significativamente más altas de condiciones relacionadas con la dieta, y sin embargo, los alimentos que se les entregan son posiblemente inapropiados para sus enfermedades. Por ejemplo, hay evidencia que demuestra que el consejo dado en las Directrices de comer 6 porciones de grano al día (3 de ellas refinadas) y hasta el 10% de las calorías de azúcar hará daño a alguien con diabetes. El USDA al menos no debería hacer daño”, añadió Teicholz.

La Coalición de Nutrición ha sido una voz líder en el debate en torno a las directrices. TNC ha pedido una mayor transparencia, un proceso científico más riguroso para revisar la investigación científica y la necesidad de que las DGA sean aplicables a todos los estadounidenses, incluidas las minorías y las personas con obesidad, diabetes y otras enfermedades metabólicas.

A pesar de los llamamientos a la reforma realizados por más de 56 miembros del Congreso, cientos de médicos y decenas de miles de personas, la nueva iteración de las directrices sigue basándose en información cietífica obsoleta y débil y excluye grandes cuerpos de literatura científica.

La investigación científica sobre grasas saturadas es ignorada

Entre los estudios científicos que se excluyeron del proceso de las DGA 2020 se encontraron los estudios sobre grasas saturadas de la última década. Estos han llegado, en general, a la conclusión de que estas grasas no tienen ningún efecto sobre la mortalidad por enfermedades cardíacas. Un grupo de destacados científicos estadounidenses, incluidos ex miembros del propio Comité Asesor de Directrices Dietéticas (y el presidente del comité de 2005) escribieron cartas a los secretarios del USDA y del HHS, así como a los miembros del Congreso, analizando cómo ha evolucionado esta ciencia. Vea un informe de noticias sobre estos eventos en The BMJ.

El Dr. Andrew Mente, profesor asociado de epidemiología y nutrición en la Universidad McMaster de Canadá, investigador principal de PURE, el estudio epidemiológico más grande del mundo, miembro del Consejo Científico del CNC, y uno de los miembros del grupo mencionado anteriormente, declaró:

“Las políticas nutricionales para las poblaciones deben estar respaldadas por pruebas científicas sólidas y consistentes. Hasta la fecha, los datos colectivos sobre grasas saturadas no respaldan las recomendaciones existentes de limitar la ingesta al 10% de las calorías. De hecho, los datos más recientes indican que no es necesario restringir la ingesta de grasas saturadas a niveles bajos e incluso que puede ser perjudicial. La falta de apoyo a las restricciones a las grasas saturadas no es sorprendente, dado que la grasa saturada no se consume como un solo compuesto aislado (es decir, a diferencia de los medicamentos), sino más bien de alimentos como carnes y lácteos que también contienen una multitud de otros nutrientes que el cuerpo necesita incluyendo grasa monoinsaturada, proteína de calidad, vitamina B, zinc, selenio, magnesio y vitamina D. En cambio, relajar las restricciones actuales a la ingesta de grasas saturadas pero limitar la ingesta de carbohidratos refinados, azúcar añadido y alimentos ultraprocesados es una mejor apuesta para mejorar la salud de las poblaciones”.

Falta de transparencia sobre los conflictos de intereses financieros

A pesar de las recomendaciones de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, en un informe de 2017, de que los miembros del Comité Asesor de Directrices Dietéticas revelaran todos los conflictos de intereses, el USDA-HHS no siguió esta recomendación. Por lo tanto, los ciudadanos permanecen gran medida ignorantes de los vastos conflictos de intereses que existen en la comisión. Entre sus miembros se incluyen:

  • Director médico en la actualidad del Programa de pérdida de peso OPTIFAST de Nestlé (Jamy Ard)
  • Empleo anterior: Director global de asuntos científicos de Merck & Co. (Steve Heymsfield)
  • Ex Miembro del Consejo Asesor Científico, ConAgra (Richard Mattes)
  • Presidente del Instituto Danone (financiado por Dannon, la compañía de yogures más grande del mundo) (Barbara Schneeman, Presidenta del Comité Asesor de Directrices Dietéticas 2020-2025)
  • Empleo anterior: Monsanto (Barbara Schneeman)

El informe sobre estos conflictos ha sido publicado por TNC aquí, por el grupo Responsabilidad Corporativa aquí, y por ProPublica aquí.

Además, cuatro de los seis miembros del Subcomité “Birth-to-24” tenían vínculos con las empresas de fórmulas lácteas para lactantes y/o de alimentos para bebés, según nuestros informes.

“Obviamente es preocupante que las grandes empresas alimenticias (Big Food) y las grandes farmacéuticas (Big Pharma) hayan influido potencialmente en el pensamiento de los expertos encargados de mejorar la dieta de la nación a través de alimentos integrales, en vez de alimentos procesados, de medicamentos o dispositivos”, dijo Teicholz.

Preocupación a lo largo de todo el proceso de las DGA de 2020

Ha habido un creciente número de preocupaciones acerca de las Directrices Dietéticas expresadas por una diversidad de grupos de defensa, así como por legisladores e incluso los miembros del propio Comité Asesor de Directrices Dietéticas (Dietary Guidelines Advisory Committee, DGAC, por sus siglas en inglés) que dieron la voz de alarma durante el proceso. Las expresiones de preocupación incluyen:

  • Una carta al USDA-HHS en la que se describen una serie de cuestiones sobre las Directrices por parte del Representante de los Estados Unidos Dusty Johnson, Miembro de Ranking del Subcomité de Agricultura de la Cámara de Representantes sobre Nutrición, Supervisión y Operaciones del Departamento.
  • Se envió una carta abierta firmada por más de 300 doctorados, médicos y otros profesionales de la salud a los secretarios del USDA-HHS pidiendo un retraso en el informe pericial de las DGAC, citando preocupaciones con el proceso de revisión.
  • Dos comentarios públicos, por parte de la Academia de Nutrición y Dietética, instando a retrasar las directrices sobre los problemas con el proceso de las DGA.
  • Una carta sobre la exclusión del DGAC de prácticamente todos los estudios sobre dietas bajas en carbohidratos, por la Red de Acción Baja en Carbohidratos, un grupo que aboga por incluir una dieta baja en carbohidratos incluida como un patrón dietético viable en las DGA.

Una carta a los secretarios del USDA-HHS detallaba una extensa serie de denuncias de uno o más miembros del DGAC que dieron la voz de alarma durante el proceso de las DGA.

Un resumen de las preocupaciones del TNC con respecto al proceso de las Directrices de 2020:

  • La exclusión de prácticamente todos los ensayos clínicos sobre la pérdida de peso.
  • La exclusión de la última década de investigación científica sobre las grasas saturadas, que muestra enconjnoto que estas grasas no tienen ningún efecto sobre la mortalidad cardiovascular o total.
  • La exclusión de toda la investigación científica sobree dietas bajas en carbohidratos (>65 ensayos clínicos). >
  • El uso continuo de una metodología no verificada y no reconocida que sólo tiene una orientación breve e imprecisa sobre cómo se evalúan o califican varios tipos de ciencias, y que por lo tanto no es reproducible, lo que es el sello distintivo de la buena investigación científica.
  • El rechazo por parte del USDA-HHS de la mayoría de las recomendaciones hechas por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, para mejorar la transparencia y mejorar el rigor científico del proceso de las DGA. Estos informes de 2017 fueron el resultado de un mandato del Congreso y cuestan a los contribuyentes $1M. También constituyeron la primera revisión externa realizada por pares del proceso de las DGA desde la creación de esta medida política en 1980.
  • La falta de un requisito por parte del USDA-HHS para la divulgación, por parte de cualquier miembro del DGAC, de sus conflictos de intereses, a pesar de la recomendación de las Academias Nacionales de Ciencias de que estos conflictos sean divulgados y a pesar del hecho de que dicha divulgación es ahora un estándar en el campo.

En las observaciones públicas presentadas al USDA, TNC declaró lo siguiente:

“El Congreso ha ordenado que las DGA sean para el ‘público en general’, sin embargo, las DGA siguen centradas exclusivamente en la prevención de enfermedades, y se dirigen a aquellos estadounidenses que aún no han sido diagnosticados con una enfermedad crónica relacionada con la dieta. Esto no es el público en general. Las personas con obesidad, diabetes y otras afecciones relacionadas con la dieta necesitan desesperadamente orientación. Dos de cada tres adultos estadounidenses y uno de cada tres niños tienen sobrepeso u obesidad, y más de la mitad de los adultos tienen diabetes o prediabetes. Aproximadamente la mitad de los adultos también tienen presión arterial alta, un factor de riesgo importante para enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. La estimación de la proporción de estadounidenses que están sanos oscila entre un alto del 40%, que son aquellos sin una enfermedad metabólica diagnosticada, hasta el 12%, que son aquellos sin los síntomas del síndrome metabólico, un indicador de la mala salud relacionada con la dieta y la enfermedad crónica. Sin embargo, las DGA ignoran a estas poblaciones”.

Publicado originalmente por The Nutrition Coalition.