En mayo, LinkedIn suspendió la cuenta del candidato presidencial republicano Vivek Ramaswamy tras publicar varios mensajes de campaña relacionados con el clima.
En un mensaje, Ramaswamy afirmaba que “los combustibles fósiles son un requisito para la prosperidad humana”, y en otro, escribía que si a los seguidores de la “religión del clima” les preocupara realmente el clima “se preocuparían, por ejemplo, de trasladar la producción de petróleo a lugares como Estados Unidos y China”.
“La interferencia electoral de las grandes empresas tecnológicas, “Big Tech”, ha comenzado”, dijo Ramaswamy.
LinkedIn (propiedad de Microsoft) dio marcha atrás bajo presión y restableció su cuenta. Pero el episodio puso de relieve la forma en que las empresas de medios sociales están ampliando su “moderación de contenidos” de la “desinformación climática”, con consecuencias potencialmente de gran alcance en todo el espectro político.
En otra incursión en la carrera presidencial, YouTube adjuntó una nota de “Contexto” a una entrevista del 5 de junio al candidato presidencial demócrata Robert F. Kennedy Jr. en la que discutía sus opiniones sobre el cambio climático con el psicólogo canadiense Jordan Peterson.
La nota “Contexto” de YouTube incluía una definición de cambio climático de las Naciones Unidas (ONU) y enlazaba a una página del sitio web de la ONU. El vídeo ya no está disponible y ahora lleva a una advertencia de “Normas comunitarias”.
En abril, TikTok anunció:
“Empezaremos a intensificar la aplicación de una nueva política de desinformación sobre el cambio climático que elimine la desinformación sobre el cambio climático que socave el consenso científico bien establecido, como los contenidos que niegan la existencia del cambio climático o los factores que contribuyen a él.”
La política de TikTok es similar a la de Facebook, que en los últimos años ha censurado a destacados opositores al cambio climático (a menudo denominados peyorativamente “negacionistas”) como Michael Shellenberger y Bjorn Lomborg.
Al igual que Ramaswamy, Shellenberger y Lomborg cuestionaron algunos aspectos del “consenso científico” sobre el cambio climático y defendieron continuar con el uso de combustibles fósiles y la expansión de la energía nuclear.
Lomborg ha argumentado que “la ‘verificación de datos’ partidista fomenta narrativas climáticas alarmistas”. Sin embargo, también hay contraejemplos de personas que son censuradas en las redes sociales porque dan la voz de alarma sobre el cambio climático y la degradación del medio ambiente en voz más alta que los representantes del “consenso científico”.
Las empresas de medios sociales, bajo la presión de las autoridades gubernamentales, han estado aplicando sus políticas de desinformación climática no sólo contra las personas que expresan dudas sobre el cambio climático en sí, sino también contra una amplia gama de personas que cuestionan las “soluciones” climáticas promovidas por el gobierno y sus poderosos patrocinadores corporativos.
Esto incluye a muchas personas que no pertenecen en absoluto al campo de los “negacionistas”.
Las grandes empresas, entidades gubernamentales e intereses políticos que se han arrogado el poder de censurar las redes sociales lo están utilizando para manipular el debate sobre el clima hacia sus “soluciones” preferidas y denigrar las perspectivas y enfoques alternativos.
De censurar el “negacionismo” a censurar el debate sobre “soluciones”
“Ahora no se trata tanto de negar el problema”, dijo la primera Asesora Nacional sobre el Clima del Presidente Biden, Gina McCarthy, en una entrevista el año pasado con Axios para su evento virtual “La era infodémica”. “En lo que ellos [propagadores de supuesta información errónea] se enfocan realmente es a nuestra incapacidad para acelerar las respuestas al clima. Las tecnologías que necesitamos para avanzar. Eso es igual de peligroso para la negación porque tenemos que movernos rápidamente”.
“Tenemos respuestas, tenemos soluciones”, dijo McCarthy, refiriéndose sobre todo a la energía solar y la energía eólica. “La cuestión es con qué rapidez podemos acelerarlas. La energía limpia es la solución”.
“Tenemos que ser más estrictos” con la aplicación de la política de información climática errónea para frenar a las personas que ponen en duda estas tecnologías y “soluciones”, dijo. “Necesitamos que las empresas tecnológicas se lancen de verdad”.
Para “ser más estrictos”, el gobierno ha estado trabajando con empresas tecnológicas y organizaciones del “Complejo Industrial de la Censura” que actúan como “verificadores de datos” de terceros para los medios sociales, o como TikTok los llama, “socios de seguridad“.
Juntos, han pasado de censurar la “negación” absoluta del cambio climático a censurar el debate y la discusión sobre tecnologías de energía limpia y otras “soluciones” climáticas, como describía McCarthy.
La página web de la ONU sobre el clima que YouTube adjuntó a la entrevista Peterson-Kennedy en su nota “Comunidad”, por ejemplo, dice: “Nos enfrentamos a un enorme desafío, pero ya conocemos muchas soluciones”.
El hecho es, sin embargo, que muchas personas de diversos puntos de vista tienen problemas con el “consenso” dominante sobre la energía limpia y otras de las “soluciones” climáticas pregonadas. Existe una gran polémica sobre si estas “soluciones” funcionan realmente, quién se beneficia de ellas y quién asume los costes.
Aunque no cabe duda de que las grandes petroleras han utilizado sus beneficios para influir en el debate sobre el clima, no son sólo las empresas de combustibles fósiles y los receptores de su “dinero negro” quienes critican las “soluciones” climáticas dominantes, como sostienen McCarthy y otros defensores de la censura.
Censura de una amplia gama de críticos, incluidos los ecologistas
Un amplio abanico de personas está quedando atrapado en la red digital de la censura de la “información climática errónea”, incluidos algunos ecologistas.
Los siguientes grupos se encuentran entre los que sufren censura en las redes sociales por sus críticas a las “soluciones” climáticas aprobadas oficialmente y por su defensa de enfoques alternativos a los problemas climáticos y medioambientales.
- Ciudadanos locales, conservacionistas y activistas medioambientales opuestos a los proyectos de energía “limpia”.
El enorme impulso de 3 billones de dólares que se ha dado a la energía solar y eólica en Estados Unidos está provocando una reacción violenta en algunas comunidades donde los ciudadanos están descontentos con las repercusiones medioambientales inmediatas.
La reacción contra las energías limpias también está creciendo entre quienes afirman que estos gigantescos proyectos de desarrollo industrial se están construyendo en detrimento de la biodiversidad, el hábitat de la fauna y los ecosistemas sanos.
En diciembre de 2022, YouTube eliminó “permanentemente”, sin previo aviso ni notificación de cancelación, el canal del grupo “Protect Thacker Pass”, que se opone al desarrollo de una gran mina de litio en Nevada. Tres días después, YouTube restauró el canal, sin dar explicaciones.
Pequeños grupos conservacionistas como “Basin & Range Watch”, una organización sin ánimo de lucro que trata de proteger los desiertos de Nevada y California del desarrollo industrial, incluidas la eólica y la solar, denunciaron que los defensores de estos proyectos energéticos les acusaban de ser difusores de “información errónea”.
Ciudadanos y activistas medioambientales locales que se oponen al desarrollo de la energía eólica marina en la zona de Nueva York-Nueva Jersey debido a sus posibles repercusiones sobre las ballenas y el medio ambiente oceánico han sido objeto de censura en Internet por parte de Facebook e Instagram.
Esta censura fue coordinada por el “verificador de datos” PolitiFact, gestionado por el “Poynter Institute”, uno de los “50 principales” miembros del complejo industrial de la censura.
Los medios de comunicación han utilizado una brocha gorda para difamar a los grupos de defensa preocupados por los efectos del desarrollo de la energía eólica marina sobre las ballenas y el medio ambiente marino, acusándoles de ser representantes del “dinero oscuro” de los combustibles fósiles.
Aunque algunas organizaciones locales parecen haber aceptado financiación de la industria de los combustibles fósiles, el amplio movimiento de base para proteger el medio ambiente costero del desarrollo industrial no puede describirse con exactitud como un producto del “dinero oscuro” del petróleo y el gas.
El consejero delegado de una empresa de energía eólica marina, “Atlantic Shores”, escribió un artículo de opinión en el que acusaba a los grupos que se oponen a sus proyectos de difundir “información errónea” sobre “la solución más viable que tenemos” para el cambio climático. Se abstuvo de acusar a sus oponentes de estar financiados por el “dinero oscuro” de los combustibles fósiles. “Atlantic Shores” es propiedad al 50% del gigante petrolero Shell.
- ‘Doomers’ y ecologistas que abogan por un cambio sistémico.
Un subgrupo de activistas climáticos cree que ninguna “solución” aprobada oficialmente es capaz de detener el cambio climático o poner fin a la degradación del medio ambiente. A estas personas se las denomina peyorativamente “Doomers” (“catastrofistas”, por su fatalismo, “doom”, aunque algunos prefieren la etiqueta irónica de “Doomsters”).
En los últimos años, la prensa, los científicos del clima y los principales activistas climáticos han empezado a atacar a los “catastrofistas” con el mismo ímpetu que a los “negacionistas”. Un titular típico de “The Washington Post” dice: “Por qué los ‘catastrofistas’ del clima están sustituyendo a los ‘negacionistas'”.
En 2020, el grupo de Facebook “Positive Deep Adaptation” recibió una advertencia sobre un artículo que compartía, escrito por el galardonado novelista Jonathan Franzen en “The New Yorker”: “¿Y si dejamos de fingir? El apocalipsis climático se acerca. Para prepararnos, debemos admitir que no podemos evitarlo” (“What if We Stopped Pretending? The climate apocalypse is coming. To prepare for it, we need to admit that we can’t prevent it”).
La advertencia de Facebook se basaba en una “verificación de datos” del sitio web “Climate Feedback”.
Y en abril de este año, Facebook censuró un post de Jem Bendell, profesor de sostenibilidad de la Universidad de Cumbria en Carlisle (Inglaterra), que había intentado compartir una entrevista que le hizo British GQ.
En la entrevista, Bendell expuso su opinión de que las políticas climáticas dominantes sencillamente no funcionan, y su convicción de que se producirán trastornos catastróficos en las sociedades industriales de consumo debido al cambio climático combinado con otros factores medioambientales, económicos y sociales.
Facebook ocultó la publicación con un mensaje que decía: “Nadie puede ver tu publicación. Tenemos estas normas porque queremos que todo el mundo se sienta seguro”.
Del mismo modo, en mayo, TikTok retiró un vídeo de la periodista especializada en “corrupción climática” Rachel Donald, tachándolo de “información errónea”. En el vídeo, Donald, que escribe el boletín climático “Planet Critical”, afirma: “Es la economía. Es la economía la que impulsa la crisis climática. Es cómo nos hemos organizado. Es la explotación y el extractivismo y todo este tipo de cosas”.
TikTok no ofreció una razón específica para calificar el vídeo de “información errónea”. Pero el mensaje del vídeo de que “Es la economía la que impulsa la crisis climática” entra en conflicto con la narrativa del gobierno estadounidense sobre el crecimiento “verde”.
Las “soluciones climáticas” de Biden, dijo McCarthy en su entrevista con Axios, “no son sólo para salvar el planeta, sino para fortalecer nuestra economía. … Hacer crecer nuestra economía hoy… en eso se centra toda nuestra acción climática doméstica”.
- Agricultores.
En lo que respecta a la alimentación y la agricultura, el movimiento climático está dominado por los “ecomodernistas”, que creen que las plantas modificadas genéticamente, los alimentos fabricados en fábricas, las carnes sintéticas y otras tecnologías alimentarias industriales son “soluciones” al cambio climático.
Un contingente menor de ecologistas cree que necesitamos explotaciones a pequeña escala que utilicen métodos regenerativos y agroecológicos, en lugar de más tecnologías alimentarias industriales. Este contingente, y el movimiento populista de pequeños agricultores con el que están alineados, se han visto sometidos al escrutinio de los censores de la “información climática errónea”.
Las protestas de los agricultores holandeses galvanizaron la oposición mundial a unas onerosas políticas medioambientales que pueden acabar con la expropiación de las tierras de miles de agricultores. Los agricultores holandeses recibieron el apoyo de algunos destacados activistas ecológicos, como la Dra. Vandana Shiva, que creen en el enfoque de las pequeñas explotaciones.
Sin embargo, los medios de comunicación populares, famosos ecologistas como George Monbiot y organizaciones de “verificación de datos” presentan las protestas de los agricultores holandeses como un movimiento de “extrema derecha” que difunde teorías conspirativas e información errónea.
Los pequeños ganaderos de todo el mundo que rebaten la idea de que su ganado alimentado con pasto es una causa importante del cambio climático han sido censurados por Facebook.
En un ejemplo, los agricultores publicaron memes afirmando que “las vacas no son el problema” en comparación con el estilo de vida en jet privado de élites multimillonarias como Bill Gates. Facebook adjuntó una “verificación de datos” a estos memes: “Desacreditado: Sí, las vacas son un ‘problema’ a la hora de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”.
Este ejemplo ilustra cómo el proceso de “verificación de datos” de un debate político subjetivo (¿son las vacas o los jets privados “el problema”?) beneficia a las élites que financian las organizaciones de “verificación de datos”.
Los “verificadores de datos” dan credibilidad a las “soluciones” ecomodernistas impulsadas por multimillonarios como Gates, que financia varias de las mayores organizaciones del Complejo Industrial de la Censura. La sustitución del ganado por carne sintética y los alimentos “vegetales” producidos industrialmente, líneas de negocio en las que invierte Gates, se tratan como “soluciones” prometedoras.
Las contrapropuestas populistas, eliminar los jets privados o dar a los pequeños agricultores recursos para la transición a métodos más ecológicos, no son tomadas en serio por los “verificación de datos”.
Esto es así, a pesar de que se puede argumentar de forma convincente que los pequeños agricultores son más capaces que los grandes productores industriales de alimentar al mundo utilizando métodos regenerativos y agroecológicos.
Los “verificación de datos” no distinguen entre el ganado criado industrialmente y el criado por pequeños ganaderos con métodos de pastoreo más holísticos. Todos se agrupan, aunque esto tenga poco sentido desde el punto de vista ecológico.
Como observó Shiva:
“Con el fin de borrar a los últimos pequeños agricultores que quedan, las narrativas patrocinadas por las corporaciones están presionando ahora por … narrativas dualistas en torno a la planta contra el animal, en lugar de abordar la crisis más amplia que trata de cómo las prácticas industriales actuales están destruyendo los ecosistemas de la Tierra”.
La censura del debate impide que surjan planteamientos alternativos
El poder de censura, que en un principio se justificó como necesario para acallar a quienes “negaban” la existencia del cambio climático, se utiliza cada vez más para silenciar a quienes discrepan de las “soluciones” climáticas oficiales.
Mientras el desacuerdo se tache de “información errónea”, el debate democrático será imposible.
Los debates políticos son intrínsecamente subjetivos hasta cierto punto. ¿Deberíamos intentar sustituir el petróleo y el gas por energías limpias en toda la economía? ¿Es posible el “crecimiento verde”? ¿Cómo garantizar que las políticas climáticas respeten las libertades civiles? ¿El futuro de la alimentación está en las grandes explotaciones industriales o en las pequeñas explotaciones familiares? ¿Qué es más prioritario, las vacas alimentadas con pasto o los aviones privados?
Estas cuestiones implican sopesar pros y contras, priorizar valores y decidir quién soportará los costes y las cargas. No son simples cuestiones de ciencia o matemáticas.
Sin embargo, los “verificadores de datos” de las redes sociales intervienen en estos debates subjetivos con la pretensión de objetividad, para dirigir la conversación hacia las “soluciones” preferidas por las grandes empresas y los multimillonarios que las financian.
Para cada “solución” climática candente, el Complejo Industrial de la Censura produce “verificaciones de datos” sesgadas a favor de sus financiadores. En el otro lado de estos debates también se encuentran a menudo afirmaciones tendenciosas.
La única forma de dar sentido a estas reivindicaciones contrapuestas es a través de un proceso democrático abierto.
La batalla de la censura no es entre “negacionistas” y “científicos”, como muchos parecen creer. El conflicto se centra sobre todo en quién decide las “soluciones”: los ciudadanos que participan en un debate libre y abierto, o las fuerzas políticas y económicas que se han arrogado el poder de censurar.
En las sociedades democráticas, se supone que las “soluciones” son objeto de debate, cada vez más, no lo son.