“La verdad es una mentira, aún por descubrir”. – Alan Sharp, guionista y filósofo
La respuesta de las poderosas fuerzas económicas a la pandemia ha revelado relaciones insidiosas que están llevando a nuestro planeta hacia la autodestrucción.
Estas relaciones no se basan en una conspiración secreta, ni hay que teorizar sobre quiénes son los principales actores: otros han analizado los detalles sobre estos despreciables aprovechados de la pandemia.
De hecho, las pruebas de la colaboración abierta entre quienes se benefician de las prácticas sanitarias mortales, las modalidades agrícolas venenosas y los efectos perjudiciales de la proliferación de los combustibles fósiles están a la vista.
Las tácticas de los protagonistas no tienen ningún fundamento ético, pero quienes desafían su lógica retorcida, su lingüística manipuladora o sus acciones mortales son considerados enemigos y atacados y desechados sumariamente.
Cada vez es más evidente que los promotores de las fuerzas corporativas y gubernamentales son catalizadores críticos para continuar con los desastrosos patrones de distracción, engaño y subterfugio, y que a experimentados agentes de los poderosos se les ha asignado esta oscura y tortuosa tarea.
“La magia de la publicidad es magia negra, pero ha llegado para quedarse, y cada año aumenta su potencia”. – Learned Hand, jurista y filósofo judicial
El engaño y la hipocresía son más evidentes cuando se evalúan los esfuerzos mercenarios de los grandes conglomerados de relaciones públicas, medios de comunicación y publicidad.
Su actividad principal es apoyar y camuflar los perjudiciales programas y medidas políticas de su influyente clientela.
La habilidad esencial de estos expertos en publicidad es su capacidad para fabricar una interpretación favorable para una información o actividad perjudicial o disminuir el impacto de la verdad.
A través de tácticas psicológicas probadas, la repetición de información falsa o la puesta en duda de realidades objetivas, las agencias de publicidad y las empresas de relaciones públicas se dirigen, en nombre de sus clientes, a aquellos que necesitan ser influidos.
Cuanto más poderoso es el cliente, más dinero está en juego, y más intensa es la campaña.
Un examen de una de las mayores entidades metidas hasta el cuello en la gestión de estas operaciones psicológicas masivas revela la profundidad de la disfunción que aflige al planeta.
Las vastas actividades de Publicis Groupe demuestran cómo los tentáculos de la codicia, los beneficios y los privilegios conectan los programas catastróficos de las empresas más poderosas de la Tierra.
Con sede en Francia, divisiones en muchos países del mundo y décadas de experiencia global en el manejo de personas, la minimización de crisis y la comercialización de productos, el Grupo Publicis actualiza continuamente sus metodologías.
Utilizando una sofisticada psicología social e incorporando la vanguardia de la inteligencia artificial, los expertos en relaciones públicas de Publicis son maestros del control de daños, de la manipulación de las palabras y de las personas, y de la venta de lo invendible.
Publicis está organizando actividades influyentes en todo el mundo, revelando abiertamente su misión y sus prioridades.
“Nuestro objetivo es ser el socio indispensable de nuestros clientes”. – Arthur Sadoun, presidente y director general de Publicis Groupe
El nombre de Publicis da a entender que la empresa tiene cierta preocupación por el público, sin embargo, esto es una fachada: el público en general no es un beneficiario. Por el contrario, los consumidores son el objetivo de los esfuerzos de la empresa.
Las multimillonarias campañas de ventas y los programas de relaciones públicas de Publicis se presentan a sí mismos como responsables, con un impacto positivo. Pero su página web revela quién se beneficia realmente de los servicios de la empresa:
“Toda la transformación de Publicis Groupe fue diseñada para poner a los clientes en el centro de todo lo que hacemos. Sus necesidades y objetivos impulsan las soluciones que ofrecemos para ayudarles a ganar y crecer.”
Los beneficios de la industria publicitaria siempre han sido impulsados por la comercialización de productos. La venta lucrativa de ideas en apoyo de campañas de ventas y objetivos políticos ha fusionado la publicidad, la comunicación y las relaciones públicas.
Al evaluar el trabajo que hace Publicis en nombre de los patrocinadores de la élite es difícil encontrar algún fundamento moral, más allá del superficial barniz de jerga pulida. La empresa utiliza la más amplia de las paletas para satisfacer las necesidades de las organizaciones que representa.
El impacto de Publicis llega a través del comercio y el gobierno, promoviendo a los grupos más ricos y dominantes del planeta, con poca discreción sobre a quién representan y lo que la empresa puede hacer por sus clientes.
El sitio web de Publicis resume su enfoque hacia este dominio:
“Publicis Groupe está organizado en 4 centros de soluciones (“Solution Hubs”) para facilitar la conectividad y la integración: “Publicis Communications”, “Publicis Media”, “Publicis Sapient” y “Publicis Health”. En este modelo, todas las marcas de las agencias siguen existiendo y comparten una columna vertebral operativa, que les da el poder y la experiencia de todos los centros de soluciones combinados para ofrecer la escala necesaria para competir y ganar en un mundo liderado por los datos y con prioridad digital.”
“Competir y ganar” abarca mucho terreno, sobre todo si se tienen en cuenta los clientes de la empresa y los resultados que esos clientes exigen.
Publicis tiene contratos con multitud de sectores privados y gubernamentales en todo el mundo. Algunos de los mayores y más destacados clientes de estos “centros de soluciones” y “socios” son:
- El Foro Económico Mundial, partidario del llamado “Gran Reseteo”.
- El gobierno de Estados Unidos, incluyendo la Administración de Servicios Generales, el Departamento de Seguridad Nacional y los Institutos Nacionales de Salud.
- Phillip Morris International, fabricante de los cigarrillos Marlboro.
- Newsguard, una empresa de medios de comunicación que cuenta con el apoyo de la comunidad de inteligencia, la cual asesora a los sitios web de noticias sobre su supuesta objetividad.
- Centro para Contrarrestar el Odio Digital (“Center for Countering Digital Hate”, CCDH por sus siglas en inglés), un servicio impulsado políticamente que ataca sistemáticamente a cualquiera que plantee dudas sobre la eficacia o la seguridad de las vacunas.
- Facebook y Tik-Tok.
- PepsiCo, productora de Pepsi-Cola y de aperitivos Frito-Lay.
- Audi, Mercedes Benz y Toyota, Peugeot, Citroën y el Grupo Stellantis de fabricantes de automóviles, incluyendo Fiat, Chrysler, Opel/Vauxhall, Maserati, Lancia, Alfa Romeo, Jeep Dodge.
- Google.
- Amazon.
- Disney.
- CitiBank, Bank of America, Visa.
- Microsoft Corporation.
- Saudi Aramco, la compañía petrolera propiedad del gobierno y la empresa más rentable del mundo.
- Monsanto, controvertida productora y defensora de los transgénicos y los pesticidas, y filial de Bayer.
- Walmart, Rite Aid y CVS Health(propietarios de las farmacias Target), que son los principales puntos de venta de las vacunas COVID.
- GlaxoSmithKline, Pfizer Consumer Healthcare, Abbott, Allergan, Merck, AstraZeneca, Johnson & Johnson, Sanofi, Bayer y otros gigantes farmacéuticos, como Purdue Pharmaceuticals, fabricante de Oxycontin.
La justificación pragmática de la adjudicación de contratos de publicidad o consultoría a Publicis forma parte de una larga práctica empresarial en la que se ignoran los principios humanos en favor del aumento de los beneficios y la influencia.
Al ignorar las actividades de otras organizaciones que utilizan los servicios de Publicis, cada socio y cliente de la empresa de marketing facilita la degeneración de las libertades básicas y los principios democráticos.
La complicidad y la hipocresía son evidentes al revisar la financiación y las asociaciones de Publicis, así como su historial en materia de medio ambiente, salud y derechos humanos.
Por ejemplo:
- El tercer mayor tenedor de fondos de inversión de Publicis es Vanguard, un gigante de la inversión que proporciona capital a una amplia gama de empresas, incluidas las que producen armamento militar y tienen un mal historial medioambiental. Vanguard es también el mayor inversor en “Big Media” y “Big Pharma”.
- Publicis es la agencia publicitaria de varios fabricantes de automóviles y camiones, la mayoría de los cuales seresisten a acabar con la dependencia de los combustibles fósiles. Además, la publicidad de los coches utiliza a veces técnicas polémicas. Recientemente, Citroën, un cliente de Publicis, tuvo que pedir disculpas y retirar un anuncio de coches de televisión en Egipto, ya que promovía abiertamente el acoso sexual.
- El trabajo de Publicis para Saudi Aramco la vincula directamente a una de las mayores compañías petroleras internacionales. Aramco ha subestimado su huella de carbono en un 50% y sigue siendo una fuente importante de contaminación atmosférica.
- Publicis, al apoyar a Phillip Morris, trabaja para la segunda empresa de cigarrillos del mundo. Los productos del tabaco causan anualmente medio millón de muertes en Estados Unidos y 8 millones en todo el mundo, bastante más que cualquier virus.
- Publicis promovió y protegió a Monsanto en su campaña de defensa del Roundup, el herbicida que contiene glifosato, responsable de una cantidad creciente de enfermedades y muertes en todo el mundo.
- Publicis está involucrada en una demanda contra su cliente Purdue Pharmaceuticals. Un juez dictaminó recientemente que “desempeñaron un papel integral en el desarrollo de estrategias de marketing” para vender el adictivo opioide.
- Publicis, al realizar las campañas publicitarias de PepsiCo, está apoyando una de las mayores fuentes de contaminación por plástico del mundo y contribuyendo a los efectos perjudiciales para la salud de las bebidas azucaradas.
- Publicis, al representar a los Institutos Nacionales de Salud, a las grandes farmacéuticas y a algunas de las mayores cadenas de farmacias de Estados Unidos, está en el centro de la promoción de las vacunas. La pandemia ha supuesto un aumento de dos dígitos en los beneficios del gigante de las relaciones públicas, asegurando su liderazgo en el lavado de cara y la defensa de la campaña de ventas más lucrativa de la historia de la industria farmacéutica.
“La publicidad es un valioso factor económico porque es la forma más barata de vender mercancías, sobre todo si éstas no tienen ningún valor”. – Sinclair Lewis, autor y dramaturgo
En lo que probablemente sea la campaña publicitaria más ridícula, aunque exitosa, de la historia, se ha culpado de los fallos de un producto -las vacunas- a quienes se niegan a utilizarlas.
Publicis está en su modo más eficaz cuando vende y promueve ideas.
La naturaleza siniestra y la depravación ética de Publicis se han revelado en su enfoque despiadado de la comercialización de vacunas, y también en su representación del gobierno de Arabia Saudí.
Las filiales de Publicis satisfacen las necesidades de relaciones públicas del Ministerio de Asuntos Exteriores saudí y del príncipe heredero Mohammed Bin Salman (y de Saudi Aramco). Su tarea central es garantizar que un país con un historial de derechos humanos horrible no sufra ninguna consecuencia legal o económica por ese comportamiento.
Tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi el 2 de octubre de 2018, la mayoría de las demás empresas de relaciones públicas pusieron fin a sus relaciones con el Reino.
Khashoggi, crítico declarado del régimen saudí, fue asesinado en Turquía por agentes del gobierno saudí. Entró en la embajada saudí y nunca salió.
La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos concluyó a partir de múltiples fuentes que el príncipe heredero Mohammed bin Salman había ordenado el asesinato.
Las comunicaciones que Publicis fabrica para el gobierno saudí proporcionan una excelente cobertura y distracción, asegurándose de que la práctica de azotar a las mujeres por adulterio, encarcelar o la decapitar a disidentes -o asesinar a periodistas- no se interponga en las relaciones estratégicas.
Los estrechos vínculos de Publicis con los gobiernos de Estados Unidos y Francia son fundamentales para sus intereses mutuos a la hora de configurar la percepción sobre Arabia Saudí.
No debe sorprender que el asesor principal del presidente francés Emmanuel Macron para toda la comunicación sea Clément Léonarduzzi, que dejó su trabajo como presidente de Publicis para trabajar para Macron.
Macron apoya abiertamente a los clientes de Publicis, lo que incluyepromover la rehabilitación de la imagen saudí y defender la agenda de las grandes farmacéuticas, “Big Pharma”.
“Está en la naturaleza de la tiranía burlarse de la voluntad del pueblo despreciándolo por ser la voz de las masas, y denunciar los gritos pidiendo libertad como el rugido de la anarquía”. – William Safire, autor, columnista y escritor de discursos presidenciales
Al considerar la gama de actividades de Publicis, los puntos están tan cerca que no es necesario conectarlos. La metodología del gigante de las relaciones públicas es transparente.
Ya sea promocionando los opioides o impulsando las vacunas, rebautizando la especulación del statu quo como un Gran Reseteo, apoyando la venta de cigarrillos, disfrazando la verdadera naturaleza de la industria de los combustibles fósiles, aumentando el consumo de refrescos o encubriendo los asesinatos, Publicis tiene todas las habilidades y facilidades para crear cualquier invención que sea necesaria para vender productos e influir en la forma en que sus ricos colaboradores son vistos.
El Grupo Publicis y sus aliados están en el centro de una campaña mundial de desinformación insidiosa y destructiva, que se apoya en las formas engañosas de la publicidad y las relaciones públicas al servicio fiel de los clientes.
Este comportamiento depravado y villano -que da prioridad a las necesidades de los dominadores del planeta- se tolera y se normaliza mientras las crisis económicas, medioambientales y sanitarias mundiales no cesan.
Esta estrategia nunca se ha utilizado con tanta eficacia y desparpajo como durante la pandemia.
Publicis combina sus servicios a las grandes farmacéuticas y los puntos de venta con su apoyo clave a las campañas que generan hostilidad contra quienes plantean cuestiones sobre la eficacia y los riesgos de las vacunas e intentan marginarles.
Los que se llaman verificadores de datos (“fact-checkers”) atacan a cualquiera que cuestione los motivos y las agendas de la clientela farmacéutica de Publicis, con intención de revelar los métodos engañosos y solapados de una operación destructiva.
“La publicidad es la mentira legalizada”. – H.G. Wells, autor y futurista
En una época predigital, H.G. Wells reconoció los peligros de promocionar productos sin preocuparse por la veracidad o el fundamento moral.
En el mundo contemporáneo, el trabajo de Publicis presenta una prueba “prima facie”, clara y evidente, de los riesgos de permitir que los agentes de los poderosos y ricos definan la realidad.
Las empresas y los gobiernos compensan a las dinámicas agencias de relaciones públicas por alimentar y manipular a los medios de comunicación. Encargan a estas agencias la difusión de información que respalde productos y medidas políticas con el objetivo primordial de dominar las mentes y los mercados, sin tener en cuenta la exactitud.
Sin una supervisión honorable, no hay árbitro de lo que es equitativo e imparcial en la difusión de la información.
En este ámbito, los líderes parecen incapaces de orientarse de forma altruista, y a menudo recurren a las mismas técnicas y empresas de relaciones públicas tortuosas para impulsar sus agendas perniciosas.
Los clientes de las entidades de publicidad y relaciones públicas se benefician mientras el planeta sufre al encontrarse dentro de una realidad distorsionada diseñada para maximizar la obediencia y minimizar la disidencia.
La moralidad se eclipsa mientras las organizaciones permanecen en las garras de las agencias que utilizan cualquier enfoque que sea efectivo, sin importar el impacto perjudicial.
“No existe una protección adecuada contra las epidemias psíquicas, que son infinitamente más devastadoras que la peor de las catástrofes naturales”. – Carl Jung, psiquiatra y filósofo
Al evaluar las causas de nuestra actual crisis planetaria, es importante reconocer que los signos y síntomas de la disfunción han estado desarrollándose abiertamente durante décadas, si no más.
Con la llegada de las comunicaciones digitales, el instinto humano de confiar en la autoridad y en los medios de comunicación ha permitido aumentar la desestabilización psíquica de poblaciones enteras.
Los niños son especialmente susceptibles a estas poderosas técnicas y los convierten en sus presas para conseguir una conformidad temprana.
Todavía es posible intervenir para cambiar el curso de la evolución humana. Sin embargo, el reto de disminuir todas las enfermedades, revertir el abuso ambiental y acabar con el comportamiento violento perpetuo comienza con el reconocimiento de los obstáculos.
Las acciones egoístas, la explotación inmoral de las empresas y los decretos ilegales de los gobiernos presentan una sintomatología interconectada con una raíz causal común.
Los culpables de esta trama se centran en maximizar los beneficios económicos y el control. Intentan manipular el futuro en su propio beneficio, y están destruyendo la vida en la Tierra.
Identificar a estos culpables es el primer paso para disminuir su influencia.
Los gigantes de las relaciones públicas, como Publicis, deben ser reconocidos como facilitadores clave que encubren comportamientos ruinosos y permiten la continua degradación planetaria.
Deberían rendir cuentas.