¿Engañó Pfizer deliberadamente a los organismos reguladores sobre la contaminación de su vacuna COVID-19? Sí, según Kevin McKernan, director científico y fundador de “Medicinal Genomics”.
En su aparición en CHD.TV con la presidenta de “Children’s Health Defense” (CHD), Mary Holland, y el doctor Brian Hooker, director senior de ciencia e investigación de CHD, McKernan explicó cómo la vacuna COVID-19 de Pfizer está contaminada con ADN plasmídico, el cual no debería estar presente en una vacuna de ARNm.
Según él, esto hace temer que el ADN plasmídico pueda provocar cánceres o problemas autoinmunes en algunos receptores de la vacuna.
McKernan señaló que la anotación de la secuencia de la vacuna COVID-19 de Pfizer con una sencilla herramienta en línea -que cualquier persona capacitada puede hacer- revela la presencia de ADN del virus simio 40 (SV40).
Pero en los datos que facilitó a los organismos reguladores, Pfizer suprimió la anotación del ADN SV40 y no reveló su presencia. Esa eliminación, dijo McKernan, demuestra “intención de engañar“.
Esto plantea serias dudas sobre la seguridad de la vacuna que deben ser investigadas, dijo McKernan. También sugiere problemas importantes en el proceso de regulación de las vacunas de ARNm.
Después de que el laboratorio de McKernan hiciera públicos sus hallazgos, y otros investigadores los confirmaran, “Health Canada” también confirmó que la vacuna de Pfizer contiene este ADN. Sin embargo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (“Food and Drug Administration”, FDA por sus siglas en inglés) no ha confirmado ni desmentido la presencia de estos miles de millones de fragmentos de ADN plasmídico en la vacuna COVID-19 de Pfizer.
La FDA dijo a la periodista Maryanne Demasi, Ph.D., que preguntó a la agencia sobre el tema, que sigue “confiando en la calidad, seguridad y eficacia de estas vacunas.”
McKernan y su equipo tropezaron accidentalmente con lo que Holland calificó de “hallazgo increíblemente importante” cuando utilizaron el ARN de la vacuna de Pfizer -que suponían que era un ARN funcional de calidad farmacéutica- como control para probar el sistema de purificación de ARN que estaban utilizando en otros trabajos que el laboratorio estaba llevando a cabo.
En el proceso, probaron vacunas y descubrieron que, en lugar de contener únicamente ARNm, las vacunas de Pfizer también contenían plásmidos de ADN, pequeñas moléculas circulares de ADN de doble cadena distintas del ADN cromosómico de una célula.
¿Cómo llegó el ADN contaminante a las vacunas?
McKernan explicó que para sintetizar el ARN de las vacunas, los laboratorios utilizan un proceso denominado “transcripción in vitro“, mediante el cual una enzima productora de ARN llamada ARN polimerasa utiliza una plantilla de ADN para sintetizar moléculas de ARN.
“Es como la tinta de una fotocopiadora”, afirma McKernan.
Pero primero hay que amplificar el ADN. Para los ensayos clínicos, Pfizer amplificó el ADN mediante PCR (reacción en cadena de la polimerasa), un método que denominó “Proceso 1”. McKernan afirma que este proceso es ideal porque amplifica el ADN un millón de veces. Como resultado, “no hay fondo residual. Obtienes un trozo de ADN realmente limpio del que puedes hacer tu ARN”.
Pero para ampliar el proceso y producir vacunas en masa para el público, dijo McKernan, Pfizer hizo el truco de “ofrecer una cosa y dar otra”, produciendo las vacunas utilizando el “Proceso 2”.
El proceso 2 incluye “cambios en la plantilla de ADN utilizada para transcribir el ARN y en la fase de purificación, así como en el proceso de fabricación de las nanopartículas lipídicas”, escribieron Josh Gueztkow y Retsef Levin en una carta, publicada en el BMJ, en la que planteaban sus dudas sobre el proceso.
Para el Proceso 2, en lugar de amplificar el ADN con PCR para hacer la plantilla, los fabricantes de vacunas amplificaron el ADN introduciéndolo en un vector de plásmido bacteriano, que utiliza E. coli para la amplificación rápida, pero corre el riesgo de introducir secuencias no presentes en el ADN inicial, dijo McKernan.
Esto crea un suministro prácticamente infinito de ADN de forma mucho más barata y sencilla que utilizando la PCR, añadió.
Pero esta plantilla de ADN conlleva un riesgo adicional, ya que el ADN del plásmido utilizado para crear la plantilla debe eliminarse de la vacuna antes de que pueda inyectarse a las personas.
Dijo que está claro que los fabricantes de la vacuna intentaron deshacerse de ese ADN “masticándolo con una enzima” llamada desoxirribonucleasa, o DNasa, que descompone el ADN, pero no consiguieron eliminarlo por completo.
¿Por qué las enzimas destructoras del ADN no lo eliminaron?
McKernan dijo a Holland y Hooker que la DNasa no conseguía eliminar por completo los fragmentos de ADN contaminante de las vacunas comercializadas debido a las modificaciones que hacían en el ARN para que las vacunas de ARNm funcionaran, y a “puntos ciegos” en la forma de medir la cantidad de ADN residual.
Para que las vacunas de ARNm funcionaran como querían, los diseñadores de la vacuna tuvieron que hacer que el ARN fuera ligeramente más duradero de lo habitual, explicó.
Según él, el ADN es como un disco duro: es una forma duradera de almacenar información. La ARN es temporal, como el gestor de tareas de los programas que se abren y cierran en el disco duro.
Esos programas y la propia ARN, se activan y desactivan. Para el ARN, una enzima llamada RNasa funciona como un interruptor de encendido/apagado.
Los creadores de las vacunas de ARNm añadieron un nucleótido, la N1-metilpseudouridina, que impedía que el ARN se apagara de inmediato, de modo que permaneciera presente para garantizar que la proteína de espiga o pico estuviera en producción “el tiempo suficiente como para tener importancia”, explicó McKernan.
Eso hizo que el ARN fuera “extraordinariamente pegajoso”, de modo que cuando la ARN polimerasa copia el ARN de la plantilla de ADN, crea accidentalmente algunos híbridos ARN-ADN, una triple hélice.
En ese contexto, la enzima DNasa que debía deshacerse del ADN molde no puede funcionar correctamente.
McKernan dijo que era probable que los creadores de la vacuna no previeran que eso ocurriría y que, por lo tanto, tendrían que desarrollar enzimas diferentes.
“Creo que con el programa ‘Warp Speed’ no tuvieron tiempo de investigar esto”, dijo.
La segunda razón por la que el ADN sigue ahí, dijo, es por las herramientas que Pfizer utilizó para medir el ADN y el ARN. Pfizer pudo medir ambos con una única herramienta, denominada fluorometría, que puede identificar fragmentos muy diminutos de ADN y ARN.
Pero, dijo, en lugar de ello Pfizer está utilizando fluorometría sólo para el ARN, lo que dará a los desarrolladores de la vacuna cifras infladas, y el fabricante de la vacuna está utilizando una herramienta diferente, llamada qPCR para el ADN, que no puede identificar piezas tan pequeñas de ADN y por lo tanto producirá cifras desinfladas.
“Están jugando” con estas herramientas de medición, dijo McKernan, porque los reguladores quieren obtener cifras altas de ARN y bajas de ADN – y al medir el ARN y el ADN con diferentes herramientas, eso es exactamente lo que obtienen.
Eso, dijo, sugiere “intención de engañar”.
¿Qué hay en el ADN y por qué debe preocuparnos?
Hooker pidió a McKernan que explicara qué “se esconde” en este ADN remanente y por qué debería preocupar a la gente.
McKernan dijo que “ocultar” era un término adecuado, porque Pfizer dio toda la secuencia a los reguladores, pero sólo anotó ciertas partes de ella, lo que le permitió ocultar parte del contenido.
Dijo que cualquiera puede conectar la secuencia a una herramienta de software de anotación estándar como ‘SnapGene’, y que ésta anota automáticamente toda la secuencia – y escribió un post en Substack mostrando a la gente cómo hacerlo.
También mostró a Holland y a Hooker una comparación en paralelo de la anotación del software y la anotación de Pfizer, y les mostró dónde faltaba una anotación clave en la presentación reglamentaria de Pfizer.
McKernan señaló que esa anotación marcaba la ubicación de los fragmentos del virus SV40 -que Pfizer utilizaba como promotor y potenciador necesarios para impulsar la transcripción de genes durante el proceso de fabricación de la vacuna.
Alguien tuvo que borrar esas anotaciones antes de entregarlas a los reguladores, dijo.
El SV40 es polémico porque fue un componente de la vacuna viva contra la polio y algunos expertos dicen que tiene riesgo de provocar cáncer debido a su potencial integración con el genoma humano.
Para comprender realmente los posibles riesgos, dijo McKernan, hay que recopilar más datos.
“Tenemos muchas razones para creer que es una mala idea. No necesitan este ADN. No se lo dijeron a los reguladores”.
Agregó:
“Así que todo eso es un choque de trenes. Si estás poniendo 200 mil millones de estas moléculas por inyección y las estás haciendo cinco veces al año… No sé cuántas veces la gente se las está inyectando, pero si usted piensa en su calendario, usted debe estar más allá de su quinta dosis por ahora. Así que hay un problema de dosificación acumulativa aquí. Hay un gran número de estos fragmentos”.
Aunque la cantidad total de ADN sea pequeña, dijo McKernan, se ha fragmentado en trozos minúsculos que lo hacen “como un perdigón”, es decir, se dispersa como una bala de escopeta, alcanzando una amplia zona, lo que los hace “mucho más potentes como herramientas de integración porque tienes más extremos activos de ADN.”
Más allá del SV40: terapia génica y “marcos de lectura abiertos”
La estructura reguladora estadounidense está completamente obsoleta, dijo McKernan. La normativa actual permite cantidades bastante elevadas de ADN porque se basa en la idea de que el ADN adopta la forma de un virus muerto.
Pero las vacunas de ARNm introducen estas secuencias de ADN en el organismo en nanopartículas lipídicas dirigidas al núcleo celular.
Hooker declaró: “Nos dijeron que este [mRNA] no tendría como objetivo el núcleo. ¿Es la secuencia de orientación nuclear el potenciador del SV40?”.
McKernan dijo que sí. De hecho, dijo, el SV40 se ha investigado con éxito como herramienta de terapia génica.
“Ya no hay debate. Los plásmidos que hay ahí son herramientas de terapia génica, y se inyectan a miles de millones de personas”, afirmó.
Holland preguntó: “Así que no sólo no hubo consentimiento informado para nadie, y se trataba de una Autorización de Uso de Emergencia, por lo que, por ley, no podían dar un verdadero consentimiento informado, sino que parece que se trataba de una terapia génica, y a la gente no se le dijo que se trataba de una terapia génica. ¿Es eso cierto?”
“Así es”, respondió McKernan.
Holland preguntó a McKernan si, ahora que “Health Canada” ha reconocido la presencia del SV40, pensaba que todos los gobiernos deberían retirar la vacuna del mercado hasta que se investigue esta cuestión.
“Creo que sí”, dijo McKernan. “Si no hacen esto, ¿para qué están ahí?”.
McKernan dijo que también identificó otros problemas en la secuencia de la vacuna de ARNm de Pfizer.
Por ejemplo, demostró a Holland y Hooker que la secuencia contiene un ‘marco de lectura abierto’ (“Open Reading Frame”) -una secuencia de ADN sin “codón de parada” o señal de parada- que tiene 1.252 aminoácidos de longitud en la cadena inversa de la proteína de espiga o pico en la secuencia de Pfizer.
A pesar de sus exhaustivas investigaciones, no ha podido identificar de qué se trata. “No sé qué hace esto, pero sé que es un componente de su optimización de codones que no debería estar ahí y supone un riesgo enorme y deberían deshacerse de él”.
Hooker preguntó qué implicaciones podría tener eso. McKernan dijo que se desconocía, pero que los reguladores nunca deberían haberlo dejado pasar porque es un “riesgo sin ganancia y es innecesario”.
Vea aquí el vídeo: