Según un estudio publicado la semana pasada en “Cell Host & Microbe”, la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) puede aumentar la prevalencia y distribución de algunas cepas del VPH que no son el objetivo de la vacuna -incluidas algunas cepas relacionadas con el cáncer-, lo que tendría consecuencias desconocidas y potencialmente preocupantes.
El estudio no se diseñó para demostrar que la vacuna contra el VPH previene el cáncer ni que sea necesario cambiar las pruebas de detección del VPH o del cáncer de cuello de útero, aunque los autores incluyeron una breve mención especulativa de las posibles implicaciones de sus hallazgos para futuras pruebas de detección.
Sin embargo, STATNews, que informaba sobre el estudio, afirmó que los resultados mostraban que la vacuna contra el VPH es tan eficaz para prevenir el cáncer -sobre todo cuando se vacuna tanto a niños como a niñas- que podría ser necesario cambiar los protocolos de detección del cáncer.
Kim Mack Rosenberg, consejera general en funciones de “Children’s Health Defense” (CHD) y coautora de “La vacuna de VPH a juicio: En busca de justicia para una generación” (“The HPV Vaccine On Trial: Seeking Justice For A Generation”), dijo a “The Defender” que el artículo de STATNews era engañoso:
“El titular de STATNews -que sugiere erróneamente un cribado aún menos frecuente- es profundamente preocupante. Las estadísticas en EE.UU. y en otros países sugieren que el cáncer de cuello de útero está aumentando en las cohortes de edad más jóvenes, en las que menos esperamos ver cáncer de cuello de útero, mientras que sigue disminuyendo en las poblaciones de más edad en las que históricamente se diagnostica el cáncer de cuello de útero.
“Sabemos por estudios anteriores que las vacunas contra el VPH ya han provocado una disminución de las pruebas de detección de neoplasia intraepitelial cervical/cáncer de cuello uterino a intervalos adecuados en mujeres jóvenes de todo el mundo.
“También hemos visto varios casos en el programa de compensación por lesiones causadas por vacunas en EE.UU. (y el litigio multidistrito en el tribunal federal) que alegan cáncer de cuello de útero asociado a la vacunación contra el VPH.”
El “riesgo inminente de respuestas virales evolutivas” puede “introducir problemas”
En el estudio participaron aproximadamente 11.000 mujeres jóvenes -no 60.000 como informó STAT- nacidas en 1992, 1993 y 1994 en 33 comunidades finlandesas. Los investigadores las dividieron en tres grupos en función de la estrategia de vacunación de su comunidad: vacunación contra el VPH sin distinción de sexo, vacunación exclusiva para niñas y no vacunación.
Cuatro años después de que se ofreciera por primera vez la vacunación a los grupos (y ocho años después para un subconjunto más pequeño de unos 3.600 sujetos), los investigadores realizaron pruebas para detectar 16 tipos de virus del VPH genital considerados oncogénicos (relacionados con la formación de tumores) por estar asociados con el cáncer de cuello de útero u otros tipos de cáncer. La presencia del VPH oncogénico no es el único factor de riesgo del cáncer de cuello uterino.
Existen más de 200 cepas del virus del VPH, un subconjunto de las cuales se consideran de alto riesgo. Dependiendo de la vacuna, las vacunas contra el VPH atacan sólo dos (Cervavix ataca las cepas 16 y 18), cuatro(Gardasil 4 ataca las cepas 6, 11, 16 y 18) o nueve(Gardasil 9, que añade las cepas 31, 33, 45, 52 y 58) de esas cepas de alto riesgo.
Los investigadores estudiaron cómo las diferentes estrategias de vacunación contra el VPH a nivel comunitario podrían cambiar la prevalencia de las distintas cepas del VPH.
Descubrieron que en ambos grupos de vacunación, cuatro y ocho años después de la vacunación, se produjo una reducción significativa de los tipos de VPH de alto riesgo a los que iba dirigida la vacuna en relación con el grupo no vacunado. La disminución fue mayor en el grupo de género neutro, cuando los niños también habían sido vacunados.
Pero también hallaron una mayor prevalencia de otras cepas de VPH oncogénicas de menor riesgo que las que existían anteriormente, sobre todo en el grupo de género neutro. Según explicaron los autores, a medida que la vacuna suprimía las cepas objetivo, otras cepas se desplazaban al “nicho” que antes ocupaban éstas.
Esto significa que, en lugar de reducir por completo la incidencia del virus del VPH, la vacunación cambió la distribución de las cepas del VPH, escribieron. Las cepas oncogénicas no atacadas por la vacuna que aumentaron su prevalencia también están relacionadas con el cáncer, pero en tasas más bajas.
Otros estudios también han demostrado que los programas de vacunación contra el V PH han provocado la sustitución de los tipos de VPH anteriormente más comunes por tipos de VPH menos frecuentes que también causan cáncer.
Los autores señalaron que “el riesgo inminente de respuestas virales evolutivas” disminuiría el impacto de la vacunación contra el VPH.
“Resulta tentador sugerir que un aumento de [otras cepas oncogénicas] o similares con mayor virulencia podría causar un riesgo de cánceres relacionados con el VPH en el futuro”, señalaron.
En otras palabras, las nuevas cepas que ocupen el nicho dejado vacante por las cepas vacunales podrían volverse más virulentas y potencialmente cancerígenas.
Los autores concluyeron que, para controlar los VPH oncogénicos y los cánceres relacionados, es imprescindible investigar más sobre cómo el uso de vacunas a largo plazo podría cambiar la evolución de la enfermedad. Dijeron que esto podría tener implicaciones para futuros protocolos de cribado, pero no dieron más detalles.
Rosenberg señaló que las implicaciones son que pueden ser necesarios protocolos de detección más rigurosos. Ella explicó:
“En ‘La vacuna contra el VPH a juicio’, mis coautores y yo hablamos de la sustitución de tipos, un fenómeno que se da con las vacunas contra el VPH y otras vacunas.
“En realidad, el estudio comentado en el artículo de STATNews vuelve a plantear el espectro de la sustitución de tipos, que debería respaldar protocolos de cribado más rigurosos, y no una reducción displicente y sin fundamento del cribado que ponga en riesgo la salud de un número incalculable de mujeres jóvenes.”
¿Qué importancia tiene la “sustitución de tipos”?
Los autores del estudio plantearon la hipótesis de que esta sustitución de cepas se produce porque la inmunidad inducida por la vacuna reduce el número de personas susceptibles a las cepas objetivo y conduce a una respuesta inmunitaria sesgada que favorece la infección por otras cepas.
La sustitución de tipos también podría conducir a la selección de variantes de escape inmunitario, es decir, nuevas variantes resultantes de la presión selectiva ejercida sobre el virus por una vacunación imperfecta.
Tras la vacunación se han desarrollado variantes favorecidas por la vacuna; ésto ha ocurrido con vacunas contra diversas enfermedades, como la hepatitis B, la tos ferina, el Streptococcus pneumoniae, la enfermedad de Marek, el paludismo y la difteria.
En algunos casos, como la enfermedad de Marek y la malaria, las investigaciones muestran que la vacunación provocó un aumento de la prevalencia de variantes con mayor virulencia. En otros, como la tos ferina, esta evolución se vinculó a la paradójica reaparición de la enfermedad en poblaciones muy vacunadas.
En otros casos, como el de Haemophilus influenzae tipo b, las pruebas sugerían que la vacunación hacía que una cepa más leve se volviera más virulenta.
Una posible explicación biológica en estos casos podría ser el pecado antigénico original, un fenómeno en el que la memoria inmunitaria molecular a un antígeno anterior dificulta la capacidad del sistema inmunitario para reconocer adecuadamente una diana estructuralmente similar, explicó a “The Defender” J. Jay Couey, científico de plantilla de la CHD.
Otro mecanismo relacionado pero distinto -la potenciación dependiente de anticuerpos- se produce cuando los anticuerpos dirigidos contra antígenos anteriores (de infección o vacunación) tienen el efecto paradójico de aumentar la gravedad de la enfermedad en infecciones posteriores, explicó Couey.
“Ninguna de estas posibilidades biológicas se analiza en los artículos de STAT o ‘Cell Microbe’ en general ni en relación con las cuestiones relativas a la ‘ecología’ del VPH”, añadió Couey.
En el estudio, los autores destacaron que, sobre todo entre los grupos de vacunas de género neutro, se eliminaron las cepas objetivo. Sin embargo, entre cuatro y ocho años después de la vacunación, los niveles de diversidad del VPH eran similares a los del grupo de control no vacunado.
Los investigadores descubrieron que, tras la vacunación, los tipos de VPH no relacionados con el cáncer aumentaban en prevalencia y diversidad. Esto sugiere que, incluso con la vacunación, los distintos tipos de VPH relacionados con el cáncer siguen evolucionando de forma compleja.
Esto plantea interrogantes sobre los efectos a largo plazo de la vacunación contra el VPH en la variación antigénica y los posibles cambios de virulencia de los VPH oncogénicos restantes, señalaron los autores.
¿Erradicar el cáncer de cuello de útero vacunando a los niños?
En el comunicado de prensa de los autores del estudio -del que también se hace eco Medical Xpress- afirmaban definitivamente: “La forma más eficaz de prevenir el cáncer de cuello de útero es administrar vacunas contra el VPH tanto a niños como a niñas.”
Esta afirmación se basaba en su constatación de que en las comunidades en las que se vacunó a niños y niñas, se observó un descenso de cuatro tipos de VPH oncogénicos (16, 18, 31 y 45) y en las comunidades en las que sólo se vacunó a niñas, sólo se observó un descenso de tres tipos de VPH oncogénicos (16, 18 y 31).
“Esto demuestra que se consigue una mayor inmunidad colectiva si se vacuna tanto a niños como a niñas”, afirma el autor principal, el doctor Ville N. Pimenoff. “Según nuestros cálculos, harían falta 20 años de vacunación de las niñas para conseguir el mismo efecto que puede lograrse en ocho años con una tasa de cobertura de vacunación relativamente moderada de vacunación neutra en cuanto al género.”
Sin embargo, admiten que esta inmunidad de rebaño no eliminaría el riesgo de cáncer vinculado al VPH, dado el tipo de sustitución que identificaron.
Couey afirmó que estas afirmaciones sobre la eficacia de la vacunación no sexista se basan en una metodología cuestionable, que utiliza una combinación “dudosamente borrosa” de conjuntos de datos.
Couey explicó a “The Defender”:
“Sus ‘observaciones’ se hacen sin ningún dato de la prevalencia del VPH en estas poblaciones antes de la vacunación y utilizando un modelo lineal general, o GLM (“general linear model”), para interpretar su conjunto de datos. No hay diferencias cuantitativas que los autores puedan extraer de sus datos sin extenderlos matemáticamente a un conjunto de datos generados sintéticamente mediante una técnica de ajuste matemático que los autores denominaron modelo de red de independencia gráfica o GIN (“graphical independence network”).
“La distinción entre las conclusiones extraídas de observaciones del mundo real en experimentos frente a las conclusiones extraídas de la inferencia de modelos matemáticos queda dudosamente difuminada en este artículo y en la cobertura que le sigue.
“Sus conclusiones no se basan en la refutación de una hipótesis nula mediante un experimento. Sus conclusiones son, en el mejor de los casos, inferencias extraídas de la interpretación de modelos matemáticos aplicados a datos limitados del mundo real.”
Este análisis se basa en otros anteriores de estas mismas cohortes que los autores realizaron con colegas de Merck, GSK y la Fundación Bill y Melinda Gates.
En esa investigación también se afirmaba que la vacunación contra el VPH con una cobertura moderada “erradica” el VPH oncogénico si se utiliza una estrategia no sexista. También afirmó en 2018 que no había pruebas de sustitución de tipos, hallazgos que este estudio actual echa por tierra.
Esas grandes empresas farmacéuticas se han dedicado en los últimos años a extender la vacunación contra el VPH en todo el mundo a las niñas, pero también, más recientemente, a los niños y a los adultos jóvenes y de mediana edad.
En 2020, la Asamblea Mundial de la Salud de la OMS ratificó un plan para erradicar el cáncer de cuello de útero como problema de salud pública en todo el mundo, en gran medida mediante la ampliación de la vacunación mundial contra el VPH.
Varias agencias del Departamento de Salud y Servicios Humanos han gastado al menos decenas de millones de dólares en investigación conductual para aumentar la aceptación de las vacunas en Estados Unidos.
Gavi, la Alianza para las Vacunas -financiada principalmente por la Fundación Gates- anunció recientemente planes respaldados por la OMS para vacunar contra el VPH a 86 millones de niñas de países de renta baja y media para 2025, como parte del plan mundial para erradicar el cáncer de cuello de útero.
Al mismo tiempo, el fabricante de la vacuna contra el VPH Gardasil, Merck, que ha invertido mucho en dar forma al mercado desde que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. aprobó el fármaco en 2006, anunció el mes pasado que sus ventas de Gardasil en el tercer trimestre de 2023 crecieron un 13%, hasta 2.600 millones de dólares.
Gardasil, de Merck, se autorizó por primera vez en 2006 para su uso en niñas y mujeres de 9 a 26 años con el fin de prevenir cuatro cepas de alto riesgo del VPH.
En 2009, la FDA amplió la licencia para su uso en varones de 9 a 26 años para la prevención de las verrugas genitales y, en 2011, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades lo recomendó para su uso rutinario en varones.
En 2014, la FDA aprobó Gardasil 9, diseñado para proteger frente a nueve cepas del VPH, para su uso en la prevención de los cánceres de cuello uterino, vagina y vulva relacionados con el VPH en mujeres y de las lesiones anogenitales y los cánceres anales relacionados con el VPH en hombres y mujeres.
La FDA en 2018 también amplió el rango de edad de las posibles vacunas contra el VPH a hombres y mujeres de entre 9 y 45 años.