En un artículo publicado en 2022, Stephanie Seneff, Ph.D., Peter McCullough, M.D., MPH, y otros analizaron cómo las vacunas de ARNm COVID-19 producen cuadruplexos G y microARN que pueden provocar la enfermedad priónica.
El efecto empeora significativamente tras la segunda dosis de la inyección de Pfizer.
Los priones son agentes patógenos que pueden inducir el plegamiento anormal de proteínas celulares, dando lugar a enfermedades como la encefalopatía espongiforme bovina (enfermedad de las vacas locas), la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) y el Alzheimer.
En su post del 20 de junio en Substack, el investigador Adam Gaertner ofrece un accesible minitutorial sobre la compleja e inspiradora naturaleza de las proteínas celulares. Aborda la estructura y función de los priones, los mecanismos por los que se forman y cómo pueden causar estragos en cualquier órgano, especialmente en el cerebro.
La enfermedad por priones puede provocar una serie de trastornos neurodegenerativos progresivos poco frecuentes, como demencia, ataxia y espasticidad, antes de llegar a ser mortal, normalmente a los pocos años del diagnóstico.
Gaertner desafía la ortodoxia de que no hay cura para la enfermedad priónica al comentar varios descubrimientos recientes que ofrecen “algunas noticias inesperadamente buenas”.

Nuevas investigaciones sobre el ARNm y la ECJ
Gaertner inició sus trabajos de investigación sobre terapias potencialmente útiles para la enfermedad priónica y también ha financiado el desarrollo de un análisis de sangre no invasivo para priones.
Incluso llevó a cabo su propio estudio de personas a las que se les diagnosticaron síntomas similares a los de la ECJ o que murieron a causa de ellos (n=60) después de que se les administrase la inyección de ARNm (principalmente de Pfizer).
No obstante, admite que aún no ha establecido pruebas absolutas de causalidad.
En un documento de la Unión Europea relacionado con la aprobación de la vacuna, Gaertner descubrió lo que podría ser la prueba del delito: Las nanopartículas líquidas utilizadas para recubrir el ARNm procedían principalmente de grasa de vaca. Según Gaertner, el documento en cuestión admitía incluso el potencial del ARNm para provocar la contaminación de la proteína priónica.
Casi un año después de que Gaertner hiciera público su descubrimiento, que convenció a algunos investigadores, pero no a todos, un artículo de Jean-Claude Perez documentaba 26 casos de “una nueva forma de ECJ” observados pocos días después de las vacunaciones de Pfizer, Moderna o AstraZeneca.
De ellos, 20 murieron en los cinco meses siguientes a la inyección. (En el momento de la publicación del artículo, sólo uno de los 26 había sobrevivido).
Las “buenas noticias”
Aunque admite que “normalmente no hay muchas buenas noticias en relación con las enfermedades priónicas”, Gaertner esbozó un mecanismo por el cual “los residuos en la proteína de espiga [protein] se unen a las numerosas y variadas proteínas amiloidógenas“, dando lugar así a los coágulos sanguíneos observados por no pocos embalsamadores desde la introducción de las inyecciones de ARNm.
Explicó cómo este proceso puede “ligar” las proteínas priónicas:
“Así que, lo que esencialmente tenemos aquí es, en lugar de un apocalipsis silencioso en cascada, enterrado en lo más profundo de partes del cerebro a las que nunca llegaremos, es probable que, en su lugar, tengamos estas largas aglomeraciones fibrosas en forma de vena de las diversas proteínas amiloides, uniéndose dondequiera que se encuentren, y aparentemente al menos algo resistentes a ser descompuestas por los procesos naturales que tiene el cuerpo para hacer frente a tales eventualidades.”
La “noticia realmente buena” procede de la forma en que la ivermectina se une directamente a la proteína de espiga o pico, la cual ha sido descrita a su vez como una proteína “parecida a un prión“, bloqueando así la conexión de la espiga con el receptor ACE-2 e “impidiendo que la llave entre jamás por el ojo de la cerradura”.
Según Gaertner, la ivermectina también impide las “agregaciones amiloidogénicas a la proteína de espiga o pico”, deteniendo así la producción y proliferación de las proteínas priónicas. Y añade:
“La ivermectina es, sin sombra de duda en este momento, un verdadero medicamento milagroso: Con tantas aplicaciones, desde antiviral, a tratamiento contra el cáncer, a antiinflamatorio, y por supuesto en su originalmente reconocida aplicación antiparasitaria, no debería extrañar por qué los poderes fácticos han hecho todo lo posible por subestimarlo como ‘pasta para caballos’.”
Gaertner también señala que en una “encuesta muy poco científica” que llevó a cabo en Twitter, el 80% de los encuestados afirmaron que una dosis única y baja de ivermectina mejoraba significativamente la “niebla cerebral”, un síntoma común tras el COVID-19.
Describió una serie de “terapias de investigación relevantes” para su uso contra la proteína de espiga y sus efectos, como la serrapeptasa, la quercetina, el azul de metileno y el resveratrol, algunos de los cuales demuestran una “gama muy amplia de acciones útiles”.
Gaertner cree que la falta de avances en el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas se debe probablemente a “la corrupción habitual de las grandes farmacéuticas, “Pharma”, y de las organizaciones benéficas”, pero encuentra motivos para el optimismo.
“Ha habido muchos avances en muchos frentes, y habrá más a medida que el mundo siga despertando”, afirmó.