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octubre 09, 2020

La Fundación Gates duplica la propaganda sobre agricultura industrial en África

Por Stacy Malkan, U.S. Right to Know

La Fundación Bill y Melinda Gates otorgó otros 10 millones de dólares a finales del mes pasado a la polémica Cornell Alliance for Science, una campaña de comunicación y publicidad ubicada en Cornell que forma a becarios en África y en otros lugares para promover y defender alimentos, cultivos y agroquímicos transgénicos. La nueva subvención eleva las subvenciones de la Fundación Gates a este grupo a $22 millones.

La inversión en relaciones públicas se produce en un momento en que la Fundación Gates está en el punto de mira por gastar miles de millones de dólares en planes de desarrollo agrícola en África que, según dicen los críticos, están reforzando métodos agrícolas que benefician a las corporaciones a costa de las personas.

Los líderes religiosos apelan a la Fundación Gates

El 10 de septiembre, los líderes religiosos en África enviaron una carta abierta a la Fundación Gates pidiéndole que reevaluara sus estrategias de concesión de subvenciones para África.

“Aunque estamos agradecidos a la Fundación Bill y Melinda Gates por su compromiso para superar la inseguridad alimentaria y reconociendo la ayuda humanitaria y de infraestructura brindada a los gobiernos de nuestro continente, escribimos con gran preocupación al ver que el apoyo de la Fundación Gates a la expansión de la agricultura intensiva a escala industrial está haciendo más profunda la crisis humanitaria“, dice la carta de recogida de firmas coordinada por el Instituto de Medio Ambiente de las Comunidades de Fe del África Meridional.

La carta cita a la alianza liderada por Gates para una revolución verde (AGRA por sus siglas en inglés) por su apoyo “altamente problemático” a los sistemas de semillas comerciales controlados por grandes empresas, su apoyo a la reestructuración de las leyes de semillas para proteger las semillas certificadas y criminalizar las semillas no certificadas, y su apoyo a los comerciantes de semillas que ofrecen asesoramiento limitado a productos corporativos en lugar de servicios de extensión del sector público que son muy necesarios.

“Hacemos un llamamiento a la Fundación Gates y a AGRA para que dejen de promover tecnologías fallidas y métodos extensivos obsoletos y que comiencen a escuchar a los agricultores que están desarrollando soluciones apropiadas para sus situaciones particulares”, dijeron los líderes religiosos.

A pesar de los miles de millones de dólares gastados y los 14 años de promesas, AGRA no ha logrado sus objetivos de reducir la pobreza y aumentar los ingresos de los pequeños agricultores, según un informe de julio titulado “Falsas promesas”. La investigación fue realizada por una coalición de grupos africanos y alemanes e incluye datos de un informe técnico reciente publicado por el Instituto Tufts de desarrollo y medioambiente global (Tufts Global Development and Environment Institute).

La Fundación Gates aún no ha respondido a las solicitudes de comentarios para este artículo, pero dijo en un correo electrónico anterior: “Apoyamos a organizaciones como AGRA porque se asocian con países para ayudarlos a afrontar las prioridades y las medidas políticas contenidas en sus estrategias nacionales de desarrollo agrícola”.


El periódico más importante de Uganda informó sobre el proyecto fallido de AGRA.

 

Promesas de la revolución verde que están desapareciendo

Presentado en 2006 por las Fundaciones Gates y Rockefeller, AGRA lleva mucho tiempo prometiendo duplicar los rendimientos e ingresos de 30 millones de hogares agrícolas en África para 2020. Pero el grupo eliminó silenciosamente esos objetivos de su sitio web en algún momento del año pasado. El jefe de personal de AGRA, Andrew Cox, dijo por correo electrónico que el grupo no ha reducido su ambición, sino que está refinando sus enfoques y su pensamiento sobre las mediciones. Dijo que AGRA hará una evaluación completa de sus resultados el próximo año.

AGRA se negó a proporcionar datos o responder a preguntas sustanciales de los investigadores del informe “Falsas promesas”, dijeron sus autores. Representantes de BIBA Kenya, PELUM Zambia y HOMEF Nigeria enviaron una carta a Cox el 7 de septiembre pidiendo una respuesta a los hallazgos de su investigación. Cox respondió el 15 de septiembre con lo que un investigador describió como “básicamente tres páginas de relaciones públicas”.

“Los agricultores africanos merecen una respuesta sustancial de AGRA”, decía la carta a Cox de Anne Maina, Mutketoi Wamunyima y Ngimmo Bassay. “También lo merecen los donantes del sector público de AGRA, que parecen estar obteniendo un rendimiento muy bajo de sus inversiones. Los gobiernos africanos también deben proporcionar una contabilidad clara de los impactos de sus propios desembolsos presupuestarios que apoyan los programas de la Revolución Verde “.

Los gobiernos africanos gastan alrededor de mil millones de dólares al año en subsidios para apoyar semillas comerciales y productos agroquímicos. A pesar de las grandes inversiones en ganancias de productividad agrícola, el hambre ha aumentado un 30% durante los años de AGRA, según el informe “Falsas promesas”.

Las inversiones de la Fundación Gates tienen una influencia significativa en cómo se configuran los sistemas alimentarios en África, según un informe de junio del Panel internacional de expertos en sistemas alimentarios sostenibles. El grupo informó que miles de millones de dólares en subvenciones de la Fundación Gates han incentivado la agricultura industrial en África y han frenado las inversiones en sistemas alimentarios más sostenibles y equitativos.

“[La Fundación Gates] busca rendimientos rápidos y tangibles de la inversión y, por lo tanto, favorece soluciones tecnológicas específicas”, dijo el Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles en su informe.

Productores locales y cadenas de suministro de alimentos cortas

El enfoque de desarrollo agrícola de la Fundación Gates de construir mercados para cultivos de productos básicos a gran escala y de alto insumo lo pone en desacuerdo con el pensamiento emergente sobre cómo lidiar mejor con las condiciones volátiles causadas por las crisis gemelas del cambio climático y la pandemia de COVID-19.

En septiembre, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación dijo que es esencial construir sistemas alimentarios locales más estables, ya que la pandemia “ha puesto los sistemas alimentarios locales en riesgo de interrupciones a lo largo de toda la cadena alimentaria”. El informe documenta los desafíos relacionados con la pandemia y los datos de una encuesta global realizada en abril y mayo que obtuvo 860 respuestas.

“El mensaje claro es que, para hacer frente a imprevistos como el del COVID-19, las ciudades con condiciones socioeconómicas y agroclimáticas adecuadas deben adoptar medidas políticas y programas para empoderar a los productores locales para cultivar alimentos y promover cadenas cortas de suministro de alimentos que permitan a los ciudadanos urbanos acceder a los productos alimenticios”, concluye el informe. “Las ciudades tienen que diversificar sus suministros y fuentes de alimentos, reforzando las fuentes locales siempre que sea posible, pero sin cortar los suministros nacionales y mundiales”.

Mientras la pandemia amenaza a las comunidades agrícolas que ya luchan contra el cambio climático, África se encuentra en una encrucijada, escribieron Million Belay, coordinador de la Alianza Africana por la Soberanía Alimentaria, y Timothy Wise, investigador principal del análisis de Tufts de AGRA, en un artículo de opinión del 23 de septiembre. Continuaron preguntando: “¿Seguirán su pueblo y sus gobiernos intentando replicar los modelos de agricultura industrial promovidos por los países desarrollados? ¿O se moverán con valentía hacia el futuro incierto, adoptando la agricultura ecológica?

Belay y Wise describieron algunas buenas noticias de investigaciones recientes. Escribieron: “Dos de los tres países AGRA que han reducido tanto el número como la proporción de personas desnutridas, Etiopía y Malí, lo han hecho en parte debido a medidas políticas que apoyan la agricultura ecológica”.

La historia de mayor éxito, Malí, vio caer el hambre del 14% al 5% desde 2006. Según un estudio de caso del informe “Falsas promesas”, “el progreso no se debió a AGRA, sino a que el gobierno y las organizaciones de agricultores se resistieron activamente a su implementación.” Belay y Wise explicaron que las leyes de tierras y semillas que garantizan los derechos de los agricultores a elegir sus cultivos y prácticas agrícolas, y los programas gubernamentales que promueven no solo el maíz, sino una amplia variedad de cultivos alimentarios, redujeron la tasa de hambre.

“Es hora de que los gobiernos africanos se alejen de la fracasada Revolución Verde y tracen un nuevo sistema alimentario que respete las culturas y comunidades locales mediante la promoción de la agricultura ecológica de bajo costo y bajos insumos”, escribieron.

Duplicar la campaña de relaciones públicas alojada en Cornell

En este contexto, la Fundación Gates está duplicando su inversión en Cornell Alliance for Science (La Alianza para la Ciencia de Cornell, CAS por sus siglas en inglés), una campaña de relaciones públicas lanzada en 2014 con una subvención de Gates y que promete “despolarizar el debate” sobre los transgénicos, OMG. Con los nuevos $10 millones, CAS planea ampliar su enfoque “para contrarrestar las teorías de la conspiración y las campañas de desinformación que obstaculizan el progreso en el cambio climático, la biología sintética y las innovaciones agrícolas”.

Pero la Alianza para la Ciencia de Cornell (CAS) se ha convertido en una fuerza polarizadora y una fuente de desinformación a medida que prepara a becarios de todo el mundo para promover y presionar en sus países de origen a favor de los cultivos transgénicos, muchos de ellos en África.

Numerosos académicos, grupos de alimentos y expertos en medidas políticas han denunciado los mensajes inexactos y engañosos del grupo. Los grupos comunitarios que trabajan para regular los pesticidas y la bioseguridad han acusado a CAS de utilizar tácticas de intimidación en Hawái y de explotar a los agricultores de África en sus agresivas campañas de promoción y presión.

Un artículo del 30 de julio de Mark Lynas, un miembro honorario visitante de Cornell que trabaja para CAS, saca a la luz la controversia sobre los mensajes del grupo. Citando un metaanálisis reciente sobre agricultura de conservación, Lynas afirmó que “la agroecología corre el riesgo de dañar a los pobres y empeorar la igualdad de género en África”. Su análisis fue ampliamente criticado por expertos en el campo.

Marc Corbeels, el ingeniero agrónomo autor del metaanálisis, dijo que el artículo hacía “amplias generalizaciones“. Otros académicos describieron el artículo de Lynas como “realmente defectuoso“, “profundamente poco serio“, “demagógico y no científico“, una combinación errónea que lleva a “conclusiones descabelladas” y “una vergüenza para alguien que quiere sostener que es científico”.

El artículo debería retirarse de la publicación, dijo Marci Branski, especialista en cambio climático, antiguo trabajador del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y Marcus Taylor, ecologista político de la Queen’s University.

El debate sobre la agroecología se calienta

La polémica resurgió la semana pasada durante un seminario web realizado por CAS el 1 de octubre sobre el tema de la agroecología.  Argumentando la preocupación de que el grupo con sede en Cornell “no es lo suficientemente serio como para participar en un debate abierto e imparcial”, dos expertos en sistemas alimentarios se retiraron del seminario web.

Los dos científicos dijeron que aceptaron participar en el seminario web después de ver cada uno el nombre del otro entre los panelistas; “eso fue suficiente para que ambos confiáramos también en la organización detrás del evento”, escribió Pablo Tittonell, PhD, Investigador Científico Principal en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Argentina y Sieglinde Snapp, PhD, Profesora de Ecología de Suelos y Sistemas de Cultivo en Michigan State University, al moderador del panel Joan Conrow, editor de CAS.

“Pero leyendo algunos de los blogs y artículos de opinión emitidos por la Alianza, las publicaciones de otros panelistas, conociendo las declaraciones sesgadas y desinformadas contra la agroecología, el impulso ideológicamente cargado a favor de ciertas tecnologías, etc. llegamos a la conclusión de que este lugar no era lo suficientemente serio como para participar en un debate científico abierto, imparcial, constructivo y, lo más importante, bien informado”, escribieron Tittonell y Snapp a Conrow.

“Por lo tanto, nos retiramos de este debate”. Conrow no ha respondido a las solicitudes de comentarios.

El seminario web siguió adelante con Nassib Mugwanya, un becario de liderazgo global de CAS de 2015 y estudiante de doctorado en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, quien también ha sido acusado de realizar ataques injustos contra la agroecología. En un artículo de 2019 para el Breakthrough Institute, Mugwanya argumentó que “las prácticas agrícolas tradicionales no pueden transformar la agricultura africana”.

El artículo refleja el mensaje típico de la industria biotecnológica: presenta los cultivos transgénicos como la posición “pro-ciencia” mientras califica “las formas alternativas de desarrollo agrícola como ‘anti-ciencia’, infundadas y perjudiciales”, según un análisis de la Community Alliance for Global Justice con sede en Seattle. 

“Particularmente notable en el artículo”, señaló el grupo, “es el fuertes uso de metáforas (por ejemplo, la agroecología es comparada con unas esposas), generalizaciones, omisiones de información y una serie de inexactitudes en los datos”.

Con Tittonell y Snapp fuera de la lista de los miembros del seminario, a Mugwanya se unieron Pamela Ronald, profesora de patología vegetal en la Universidad de California, Davis, que tiene vínculos con los grupos de fachada de la industria de pesticidas, y Frédéric Baudron, científico principal de International Maize and Wheat Improvement Center, un grupo financiado por la Fundación Gates.

Pidiendo una “pelea justa”

Mariam Mayet, directora ejecutiva del Centro Africano para la Biodiversidad, ve las campañas de relaciones públicas intensificadas como “evidencia de desesperación” porque “simplemente no consiguen que les vaya bien en el continente”.

Su grupo lleva años documentando “los esfuerzos para difundir la Revolución Verde en África y los callejones sin salida a los que conducirá: deterioro de la salud del suelo, pérdida de la biodiversidad agrícola, pérdida de la soberanía de los agricultores y encierro de los agricultores africanos en un sistema que no está diseñado para su beneficio, sino para las ganancias de las corporaciones multinacionales, en su mayoría del Norte ”

La Cornell Alliance for Science debería ser cuestionada, dijo Mayet en un seminario web en agosto, sobre la influencia de la Fundación Gates en África, “debido a la desinformación (y) la forma en que son extremadamente hipócritas y falsos”. Ella preguntó: “¿Por qué no entablan Uds. una pelea justa con nosotros?”

Publicado con permiso de U.S. Right to Know.

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